sábado, 30 de agosto de 2025

EL POEMA DEL HOMBRE-DIOS (54)

Continuamos con la publicación del libro escrito por la mística Maria Valtorta (1897-1961) en el cual afirmó haber tenido visiones sobre la vida de Jesús.


54. El encuentro con Judas de Keriot y con Tomás.
Simón Zelote curado de la lepra.

26 de octubre de 1944.

1 Jesús está junto a sus seis discípulos. Tanto el otro día como hoy, no he visto a Judas Tadeo, que también había expresado su deseo de ir a Jerusalén con Jesús. Deben ser todavía las fiestas pascuales, porque continúa habiendo mucho gentío por la ciudad. Anochece. Muchos se apresuran hacia las casas.
También Jesús se dirige a la casa en que le hospedan. No es la del Cenáculo –que está más en la ciudad, aunque en las afueras–. Esta es una casa de campo en el pleno sentido de la palabra, entre tupidos olivos. Desde la pequeña y agreste explanada que tiene delante, se ven descender colina abajo, en escalones, los árboles, deteniéndose a la altura de un pequeño torrente escaso de agua, que discurre por el valle situado entre dos colinas poco altas: en la cima de una colina está el Templo; en la otra colina, sólo olivos y más olivos. Jesús está en la parte baja de la ladera de este delicado alcor que sube sin asperezas: serenos árboles, todo manso.
“Juan, hay dos hombres que esperan a tu amigo” dice un hombre anciano, que debe ser el agricultor o el propietario del olivar. Yo diría que Juan le conoce.
“¿Dónde están? ¿Quiénes son?”.
“No lo sé. Uno, sin duda, es judío. El otro... no sabría decirte. No se lo he preguntado”.
“¿Dónde están?”.
“Esperando en la cocina y... y.. sí... bueno... hay también uno lleno de llagas... Le he dicho que se estuviera allí porque... no quisiera que estuviera leproso... Dice que quiere ver al Profeta que ha hablado en el Templo”.
Jesús, que hasta ese momento había estado callado, dice: “Vamos primero adonde éste. Di a los otros que vengan, si quieren. Hablaré aquí, en el olivar, con ellos”. Y se dirige hacia el punto indicado por el hombre.
“¿Y nosotros? ¿Qué hacemos?” pregunta Pedro.
“Venid, si queréis”

2 Un hombre todo cubierto y embozado está apoyado en el pequeño, rústico muro que sostiene un escalón del terreno, el más cercano al límite de la propiedad. Debe haber subido hasta allí por un senderillo que sigue el curso del torrente y conduce a ese lugar.
Cuando ve a Jesús venir hacia él, grita: “¡Atrás, atrás! ¡Pero ten piedad!”. Y descubre su torso dejando caer el vestido. Si el rostro aparece cubierto de costras, el tronco es un recamado de llagas: unas ya convertidas en agujeros profundos, otras simplemente como rojas quemaduras, otras blanquecinas y brillantes como si tuvieran encima un cristalito blanco.
“¡Estás leproso! ¿Qué quieres de mí?”.
“¡No me maldigas! ¡No me apedrees! Me han dicho que anteayer tarde te has manifestado como Voz de Dios y Portador de la Gracia. Me han dicho que has asegurado que alzando tu signo sanas todo mal. Álzalo sobre mí. Vengo de los sepulcros... Allí... Me he arrastrado como una serpiente entre los arbustos del torrente para llegar hasta aquí sin ser visto. He esperado a que anocheciera para hacerlo, porque en la penumbra se me identificaba menos. He osado... he encontrado a éste, de la casa, que es rico en bondad. No me ha matado. Sólo me ha dicho: "Espera apoyado en el muro". Ten Tú también piedad”. 
Y dado que Jesús se acerca –El solo, porque los seis discípulos y el propietario del lugar, con los dos desconocidos, se han quedado lejos y muestran claramente repulsa– insiste: 
“¡No más adelante! ¡No más! ¡Estoy infectado!”. 
Pero Jesús prosigue. Le mira con tanta piedad, que el hombre se echa a llorar y se arrodilla hasta casi tocar con el rostro en el suelo y gime: 
“¡Tu signo! ¡Tu signo!”.
“Será alzado en su hora. Pero a ti te digo: "Levántate. Queda curado. Lo quiero. Y tú séme signo en esta ciudad que debe conocerme. ¡Levántate, digo! ¡Y no peques, en reconocimiento hacia Dios!"”.
El hombre se levanta lentamente. Parece surgir de las hierbas altas y florecidas como de un sudario... y está curado. Se mira con los últimos restos de luz. Está curado. Grita: 
“¡Estoy limpio! ¡Oh!, ¿qué debo hacer ahora por ti?”.
“Obedecer a la Ley. Vete al sacerdote. Sé bueno en el futuro. Ve”.
El hombre hace amago de echarse a los pies de Jesús, pero se acuerda de que todavía es impuro, según la Ley (278), y se contiene. Eso sí, se besa las manos y manda el beso a Jesús, y llora de alegría.

3 Los otros se han quedado de piedra. Jesús vuelve la espalda al hombre que ha sido curado y, sonriendo, los hace volver en sí: 
“Amigos, no era más que una lepra de la carne, veréis caer la lepra de los corazones. ¿Sois vosotros los que me buscáis?” dice a los dos desconocidos. “Aquí estoy. ¿Quiénes sois?”.
“Te hemos oído la otra tarde... en el Templo. Te hemos buscado por la ciudad. Uno que dice ser pariente tuyo nos ha informado de que estabas aquí”.
“¿Por qué me buscáis?”.
“Para seguirte, si nos aceptas, porque Tú tienes palabras de verdad”.
“¿Seguirme? ¿Pero sabéis hacia dónde voy?”.
“No, Maestro, pero ciertamente a la gloria”.
“Sí. Pero a una gloria no de la tierra. A una gloria que tiene su sede en el Cielo y que se conquista con virtud y sacrificio. ¿Por qué queréis seguirme?” vuelve a preguntar.
“Para tener parte en tu gloria”.
“¿Según el Cielo?”.
“Sí, según el Cielo”.
“No todos pueden llegar. Porque Satanás insidia, más que a los demás, a los que desean el Cielo, y sólo quien sabe fuertemente querer resiste. ¿Por qué seguirme, si seguirme a mí quiere decir lucha continua con el enemigo que está en nosotros, con el mundo enemigo, y con el Enemigo, que es Satanás?”.
“Porque así lo quiere nuestro espíritu, que ha quedado conquistado por ti. Eres santo y poderoso. Queremos ser tus amigos”.
“!!!Amigos!!!”.... Jesús se calla y suspira. Después mira fijamente a quien ha estado hablando, que ahora ha echado hacia atrás el manto que cubría su cabeza. Es Judas de Keriot. “¿Quién eres, tú que hablas mejor que un hombre del pueblo?”.
“Judas soy, de Simón. De Keriot soy. Pero soy del Templo… o... estoy en el Templo. Espero al Rey de los judíos y sueño con El. Te he sentido Rey en la palabra. Rey te he visto en el gesto. Tómame contigo”.
“¿Tomarte? ¿Ahora? ¿En seguida? No”. 
“¿Por qué, Maestro?”
“Porque es mejor sopesarse a sí mismo antes de tomar caminos muy escarpados”.
“¿No crees en mi sinceridad?”.
“Lo has dicho. Creo en tu impulso. Pero no creo en tu constancia. Piénsalo, Judas. Yo ahora me iré y volveré para Pentecostés. Si estás en el Templo, me verás. Sopésate a ti mismo”. 

4 “¿Y tú quién eres?” le pregunta al segundo desconocido.
“Otro que te vio. Querría estar contigo. Pero ahora me da miedo”.
“No. La presunción es perdición. El temor puede ser obstáculo, pero si viene de la humildad es una ayuda. No temas. También tú piensa, y cuando vuelva...”.
“¡Maestro, eres muy santo! Tengo miedo de no ser digno. No de otra cosa. Porque respecto a mi amor no temo...”.
“¿Cómo te llamas?”.
“Tomás, llamado Dídimo”.
“Recordaré tu nombre. Vete en paz”.
Jesús se despide de ellos y se retira a la acogedora casa para cenar.

5 Los seis que están con El quieren saber muchas cosas. 
“¿Por qué, Maestro, has hecho diferencia entre los dos?... Porque una diferencia ha habido. Los dos tenían el mismo impulso...” pregunta Juan.
“Amigo, un impulso, aun siendo el mismo, puede tener distinto contenido y causar distinto efecto. Es cierto que los dos tienen el mismo impulso. Pero uno no es igual que el otro en el fin. Y el que parece el menos perfecto es el más perfecto, porque no lleva el acicate de la gloria humana. Me ama porque… me ama”.
“¡También yo!”.
“Y yo también”.
“Y yo”.
“Y yo”.
“Y yo”.
“Y yo”.
“Lo sé. Os conozco por lo que sois”.
“¿Entonces somos perfectos?”
“¡Oh, no! Pero, como Tomás, lo seréis si permanecéis en vuestra voluntad de amor. ¡¿Perfectos?! ¡Oh, amigos!, ¿y quién es perfecto sino Dios?”.
“¡Tú lo eres!”.
“En verdad os digo que no por mí soy perfecto, si creéis que Yo soy un profeta. Ningún hombre es perfecto. Pero Yo soy perfecto porque el que os habla es el Verbo del Padre. Parte de Dios, su Pensamiento que se hace Palabra (279), Yo tengo la Perfección en mí. Y tal me debéis creer, si creéis que Yo soy el Verbo del Padre. Y, no obstante, ¿lo veis, amigos?, Yo quiero ser llamado el Hijo del hombre, porque me anonado cargándome todas las miserias del hombre, para llevarlas –mi primer patíbulo– y anularlas después ("llevarlas", no "tenerlas"). ¡Qué peso, amigos! Pero lo porto con alegría. Mi alegría es portarlo, porque, siendo el Hijo de la humanidad, haré a la humanidad hija de Dios. Como el primer día”.
Jesús habla dulcemente, sentado ante la sobria mesa, gesticulando serenamente con las manos sobre la mesa, el rostro un poco inclinado, iluminado de abajo a arriba por la lamparita de aceite que está colocada encima de la mesa. Sonríe levemente. Es Maestro ya sólo por su aspecto grandioso, y muy amigo en el trato. Los discípulos le escuchan atentos.

6 “¿Maestro... por qué tu primo, aun sabiendo dónde habitas, no ha venido?”.
“¡Pedro mío!... Tú serás una de mis piedras, la primera. Pero no todas las piedras son fáciles de usar. ¿Has visto los mármoles del palacio pretorio?: arrancados fatigosamente del seno montano, ahora son parte del Pretorio. Mira por el contrario esos cantos que resplandecen allí, bajo el rayo de luna, entre las aguas del Cedrón. Procedentes de aquéllos, ahora están en el lecho del torrente, y si uno los quiere, ¿ves?, en seguida se dejan coger. Mi primo es como las primeras piedras de que hablo... El seno del monte, que es la familia, me lo disputa”.
“Yo quiero ser en todo como los cantos del torrente. Por ti estoy dispuesto a dejarlo todo: casa, esposa, pesca, hermanos. Todo, Rabí, por ti”.
“Lo sé, Pedro. Por esto te amo. Pero también Judas vendrá”.
“¿Quién? ¿Judas de Keriot? Por mí que no venga. Es un señorito, pero... prefiero... me prefiero incluso a mí mismo...”. Todos se echan a reír de la salida de Pedro. 
“¿A qué viene esa risa? Quiero decir que prefiero un galileo genuino, tosco, pescador, pero sin fraude, a... a los de ciudad que... no sé... Bueno, el Maestro entiende lo que quiero decir”.
“Sí, entiendo, pero no juzgues. Tenemos necesidad los unos de los otros en la tierra, y los buenos están mezclados con los malvados como las flores en el campo. La cicuta está al lado de la salutífera malva”.

7 “Yo quisiera preguntar una cosa...”.
“¿Qué, Andrés?”.
“Juan me ha hablado del milagro hecho en Caná... Teníamos gran esperanza de que hicieras uno en Cafarnaúm... y has dicho que no hacías un milagro sin haber cumplido antes la Ley. ¿Por qué, entonces, en Caná? Y, ¿por qué aquí y no en tu tierra?”.
“Toda obediencia a la Ley es unión con Dios y por lo tanto aumento de nuestra capacidad. El milagro es la prueba de la unión con Dios, de la presencia benévola y complaciente de Dios. Por ello he querido cumplir con mi deber de israelita antes de comenzar la serie de prodigios”.
“Pero la Ley no te obligaba a ti”.
“¿Por qué? Como Hijo de Dios, no; como hijo de la Ley, sí. Israel, por ahora, sólo me conoce como esto segundo... Incluso más adelante casi todo Israel me conocerá sólo así, más aún, como menos todavía. Pero no quiero escandalizar a Israel y obedezco a la Ley”.
“Eres santo”.
“La santidad no dispensa de la obediencia. Más aún, la perfecciona. Además de todo, hay que dar ejemplo. ¿Qué dirías de un padre, de un hermano mayor, de un maestro, de un sacerdote que no dieran buen ejemplo?”.
“¿Y Caná entonces?”.
“Caná era el gozo de mi Madre que había que llevar a cabo. Caná es el anticipo que se debe a mi Madre. Ella es la Anticipadora de la Gracia. Aquí honro a la Ciudad Santa, haciendo de ella, públicamente, la iniciadora de mi poder de Mesías. Allí, en Caná, sin embargo, honraba a la Santa de Dios, a la Toda Santa. Por Ella el mundo me tiene. Es justo que para Ella sea mi primer prodigio en el mundo”.

8 Llaman a la puerta. Es Tomás nuevamente. Entra y se echa a los pies de Jesús. 
“Maestro... no puedo esperar a tu retorno. Permíteme quedarme contigo. Estoy lleno de defectos, pero tengo este amor, solo, grande, verdadero, mi tesoro. Es tuyo, es para ti. Déjame, Maestro...”.
Jesús le pone la mano sobre la cabeza. 
“Quédate, Dídimo. Sígueme. Bienaventurados los que tienen voluntad sincera y tenaz. Benditos vosotros. Me sois más que parientes, porque me sois hijos y hermanos, no según la sangre, que muere, sino según la voluntad de Dios y vuestra voluntad espiritual. Y Yo digo que no tengo pariente más cercano que quien hace la voluntad del Padre mío, y vosotros la hacéis, porque queréis el bien”.

La visión termina así. Son las 4 de la tarde y ya descienden sobre mí las sombras de un sopor que siento que será violento, lógica consecuencia de la penosa hora de ayer...

Continúa...

Notas:

278) Cfr. Lev. 13 y 14 en todo lo que se refiere al leproso y su curación.

279) Dado que Dios no es cuerpo sino espíritu la expresión “Sale de Dios su Pensamiento que se hace Palabra” no puede tener sentido material sino espiritual, si bien se expresa de una manera popular y no con el rigor científico. “Sale de Dios” en el contexto significa, por lo tanto, que sale del Padre, y se dice que el verbo sale del Padre, porque la Palabra es engendrada, por quien la piensa y sale y procede de quien la piensa y la profiere. Por eso forma parte de quien la piensa y la profiere; es un modo sensible y adaptado al común de la gente expresar una realidad espiritual y divina: la consustancialidad del Hijo con el Padre es el orígen del Hijo al salir del Padre, como Palabra del Pensamiento, como Verbo de quien la pronuncia. Tales modos de pensar, aunque científicamente no exactos, sí lo son para la gente común y hasta se encuentran en la Liturgia; el llamado Símbolo Atanasiano dice que, así como el alma y el cuerpo constituyen al hombre, así Dios y el Hombre constituyen al Cristo.






 





 

El Poema del Hombre-Dios (40)

El Poema del Hombre-Dios (41)


El Poema del Hombre-Dios (43)

El Poema del Hombre-Dios (44)

El Poema del Hombre-Dios (45)




El Poema del Hombre-Dios (49)

 

 


30 DE AGOSTO: SANTA ROSA DE LIMA, VIRGEN


30 de Agosto: Santa Rosa de Lima, virgen

(✞ 1617)

La primera flor de heroica santidad que produjo América fue la admirable virgen Santa Rosa, a quien llamaron con este nombre, por haber aparecido una vez estando en la cuna con el rostro admirablemente encendido como una rosa.

Nació de virtuosos padres en la ciudad de Lima, capital del antiguo reino y actualmente República del Perú.

No pasaba de los cinco años la tierna niña, cuando por inspiración del Cielo consagró su virginal pureza al Esposo de las vírgenes Cristo Jesús, haciendo de ella voto perpetuo, y observándolo con tanta perfección, que entendiendo que sus padres trataban de darla en matrimonio a un joven, que se había prendado de su rara belleza y otras excelentes dotes que en ella resplandecían, se cortó su hermosa cabellera y afeó su rostro angelical.

Liberada con esto del peligro de perder aquella preciosa joya que con tan gran voluntad había consagrado al Señor, echó mano de todos los medios posibles para asegurarla de todo peligro.

El primer medio fue el ayuno, pasando Cuaresmas enteras sin probar bocado de pan.

Acogióse también como refugio más seguro, a la Tercera Orden del glorioso padre Santo Domingo, y acrecentó sus primeras austeridades, ciñendo su cuerpo inocente con largo y muy áspero cilicio entretejido de alambres erizados de puntas, llevando día y noche debajo del velo una corona de espinas, y rodeándose la cintura con una cadena de hierro, que le daba tres vueltas.

Servíanle de cama unos troncos nudosos, sobre los cuales ponía pedazos de tejas, y para juntar mejor la mortificación con la oración, se construyó en un lugar muy retirado del jardín de su casa una celda o capilla, y en ella se recogía para entregarse con quietud y sin testigos a largas horas de contemplación, la cual interrumpía a menudo con sangrientas disciplinas.

Procuraba el maligno espíritu estorbarla y amedrentarla apareciéndosele debajo de figuras horrendas y atizando el fuego con gravísimas tentaciones; pero nunca pudo vencer la paciencia y constancia de la santa doncella.

A las persecuciones del infernal enemigo se añadieron los dolores de agudísimas enfermedades, los insultos de sus domésticos, las calumnias de los maledicentes, y ninguno de estos padecimientos consiguió sacar de los labios de la santa una palabra de queja; sino que con gran humildad, se tenía por merecedora de mayores y más acerbos tormentos.

Y como si todo esto no fuese bastante, por espacio de quince  años apenas pasó día alguno en que no estuviera varias horas sumergida en un mar de desconsuelo y aridez espiritual; lucha más amarga y penosa que la misma muerte, y que ella soportó con gran fortaleza de ánimo y constancia sobrehumana.

A estas desolaciones sucedieron los consuelos y delicias celestiales, con que el Señor regalaba a su fidelísima esposa y le anticipaba los gustos del cielo.

Finalmente, derretida la santa en seráficos ardores y enferma de puro amor divino, a los treinta años de edad voló con su celestial Esposo.

Reflexión:

Verdaderamente admirable es el Señor en sus santos: Él los previene con su gracia, Él les inspira la práctica de las más heroicas virtudes y les hace inventar extrañas maneras de deshacerse de sí mismos para no vivir más que para Dios.

Oración:

Oh Dios omnipotente, dador de todo bien, que hiciste florecer en América por la gloria de la virginidad y paciencia a la bienaventurada Rosa, prevenida con el rocío de tu gracia; haz que nosotros, atraídos por el olor de su suavidad, merezcamos ser buen olor de Cristo. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.

viernes, 29 de agosto de 2025

¿PORQUÉ SE VAN LOS SACERDOTES?

Las verdaderas razones por las que algunos sacerdotes, diáconos y seminaristas se van, voluntaria o involuntariamente, a menudo se ocultan a los miembros del laicado.

Por Gene Thomas Gomulka


Hace más de cincuenta años, cuando la mayoría de los obispos y sacerdotes eran heterosexuales, la principal razón por la que los sacerdotes dejaban el sacerdocio era para casarse. La enseñanza de que el Espíritu Santo descendería sobre el ordenado y que, gracias al poder del Espíritu Santo, este podría entonces vivir felizmente sin afecto ni amor humanos, no resultó cierta para muchos sacerdotes heterosexuales. Desafortunadamente, nunca se les informó en el seminario sobre estudios que demostraban que no más de la mitad de los sacerdotes practicaban el celibato en un momento dado, y que no más del 2% de los sacerdotes admitió haberlo observado a lo largo de toda su vida. Si los seminaristas hubieran conocido estos estudios, ¿podrían haber optado por otra carrera, al igual que una mujer podría decidir no casarse con un hombre si supiera que sufrió una lesión que lo dejó estéril?

Después de mi ordenación, cuando asistí a mi primer retiro sacerdotal, di un paseo después de comer con el “canciller” de nuestra diócesis, quien me dijo: “Ahora que ya no eres seminarista, sino sacerdote, solo tengo un consejo para ti. Cuando tengas relaciones sexuales, no lo hagas con nadie de tu parroquia. Antes de ese encuentro, tenía la impresión de que la mayoría de los sacerdotes eran heterosexuales y vivían en celibato. Nunca supe que los dos jóvenes “sacerdotes” con los que serví durante mi primer destino parroquial abusaban de nuestros monaguillos como si los hubieran preparado para ello cuando estaban en los seminarios del instituto. Solo décadas después, cuando las víctimas de varias parroquias se presentaron, fueron apartados del ministerio.

A diferencia de muchos católicos laicos y de un pequeño número de seminaristas y sacerdotes jóvenes, la mayoría del clero católico ordenado sabe que la gran mayoría de obispos, sacerdotes y seminaristas nacidos en Estados Unidos son homosexuales. Ahora que incluso los seminarios en África se están llenando de homosexuales, la mayoría sexualmente activos, se ordenan menos sacerdotes heterosexuales. Un “sacerdote” que me siguió a mí y a los dos “sacerdotes” depredadores en mi primera asignación parroquial era homosexual e ingresó al seminario a principios de sus treinta, tras llevar una vida homosexual encubierta. Este “sacerdote” homosexual nunca representó una amenaza para los jóvenes, ya que todos sus encuentros sexuales previos fueron consensuados con otros hombres homosexuales adultos. Al igual que el “arzobispo” de San Francisco, John Quinn, quien “ordenó” a Robert McElroy y lo nombró secretario interno antes de nombrarlo “vicario general”, este “sacerdote” gay también fue nombrado secretario interno del “obispo” y posteriormente “canciller” de la diócesis. Unos años después de ser nombrado “párroco” de una de las parroquias más grandes de la diócesis, dejando de lado a muchos sacerdotes heterosexuales mayores y más cualificados, el “sacerdote” gay se marchó para casarse con un amigo ministro protestante. Con los “matrimonios” homosexuales que se celebran hoy en día, ya no se puede asumir que un sacerdote se marche voluntariamente para casarse con una mujer.

Aunque los sacerdotes se van y luego se casan, la incapacidad de llevar una vida célibe no siempre es la razón principal de su partida. “Allen” fue asignado como asociado a una parroquia cuyo “párroco” era homosexual y “entretenía” a otros hombres homosexuales en la rectoría. Cuando Allen solicitó al “obispo” su traslado, lo enviaron a otra parroquia donde el “párroco” también era homosexual. Un feligrés adolescente le contó a Allen que el “párroco” le había dicho en confesión que no era pecado tener relaciones sexuales siempre que usara condón. Escandalizado y sufriendo de “desestabilización” —una sensación de alienación, desconexión o distanciamiento de los demás miembros del grupo—, Allen dejó el sacerdocio, se casó unos años después y hoy tiene una esposa amorosa y dos hijas.

Si bien los medios católicos informaron sobre la ordenación de cinco sacerdotes en una pequeña diócesis en 2024 (en inglés aquí), lo que llevó a los lectores a creer que hoy en día se ordenan más hombres en Estados Unidos, no informaron sobre la solicitud de tres sacerdotes recientemente ordenados de esa diócesis de incardinarse en otra diócesis considerada más tradicional y favorable a los sacerdotes heterosexuales. Por lo tanto, en lugar de abandonar el sacerdocio, algunos sacerdotes heterosexuales han solicitado servir en otro lugar. El único problema es que, incluso si un “obispo” autoriza a un sacerdote a incardinarse en otro lugar, ese “otro lugar” puede no siempre resultar tan favorable a los sacerdotes heterosexuales como algunos sacerdotes podrían desear.

Las verdaderas razones por las que algunos sacerdotes, diáconos y seminaristas se van, voluntaria o involuntariamente, a menudo se ocultan a los miembros del laicado. Cuando el difunto “cardenal” de Baltimore, William Keeler, obligó al diácono heterosexual Wieslaw Walawender a abandonar la iglesia de San Juan Evangelista en Severna Park, Maryland, el homosexual y alcohólico, “monseñor” Edward Staub, dijo a los feligreses que Walawender se fue porque cuestionaba su capacidad para llevar una vida célibe. Sin embargo, la verdad fue que Keeler se deshizo de Walawender porque temía ser procesado penalmente por no informar que Staub lo había drogado y sodomizado. La realidad es que Walawender fue, como muchos otros seminaristas extranjeros, objeto de tráfico sexual como “carne fresca” para “obispos” y “sacerdotes” homosexuales sexualmente insaciables.

La Coalición para Sacerdotes Cancelados, dedicada a ayudar a sacerdotes injustamente retirados del ministerio activo, pronto podría tener un nuevo miembro. El padre Michael Briese es un sacerdote de sesenta y nueve años de la Arquidiócesis de Washington (AOW) que es venerado por su trabajo con los pobres y las personas sin hogar del sur de Maryland. Briese se vio profundamente afectado por los suicidios de dos jóvenes que se quitaron la vida después de ser abusados ​​por dos sacerdotes de la AOW. Cuando se enteró de que el “cardenal” Gregory no investigó ni disciplinó a los “sacerdotes” acusados ​​de abusar de seminaristas, escribió sobre las acusaciones en su cuenta de Substack (en inglés aquí) solo después de que Gregory se negara a reunirse con él para discutir las acusaciones.

Gregory y su sucesor, el “cardenal” Robert McElroy, solicitaron al Dicasterio para el Clero que condene al padre Briese al estado laicista por negarse a eliminar sus escritos en línea que abordan la depredación sexual y la mala conducta clerical en la Iglesia Católica. Si McElroy se sale con la suya, Briese, quien se encuentra en mal estado de salud, quedará en la calle sin ingresos, seguro médico ni ninguna de las prestaciones que reciben los “presuntos” depredadores sexuales.

Los defensores de las víctimas de abuso sexual cuestionan que se haga justicia en el caso de Briese, ya que León XIV aún no ha disciplinado al “padre” Marko Rupnik, acusado de violar a más de 20 monjas, ni ha laicizado a más de 150 obispos con acusaciones creíbles de abuso de menores y adultos vulnerables.

Mientras la Mafia Lavanda siga en el poder, promoviendo abiertamente la agenda lgbtq+, no debería sorprendernos que sacerdotes, diáconos y seminaristas heterosexuales abandonen sus cargos o sean despedidos. Mientras tanto, sacerdotes y obispos homosexuales, muchos de los cuales no llevan una vida célibe, siguen disfrutando de la buena vida a costa del “pagar, rezar y obedecer” de los católicos.

 

FRANCIA: ARZOBISPO ANULA NOMBRAMIENTO DE CURA EX CONVICTO

El “arzobispo” Guy de Kerimel de Toulouse (Francia) revirtió su decisión de nombrar a un “sacerdote” condenado por violación como “canciller” de la archidiócesis y pidió perdón a las víctimas de abuso.

Por Cris Yozía


El “padre” Dominique Spina, condenado por violación de un menor, había sido rehabilitado para ejercer funciones eclesiásticas por Guy de Kerimel, “arzobispo” de Toulouse (Francia), quien tras hacer el anuncio dijo: “He optado por la misericordia”.

Es de destacar que el misericordiado “padre” Dominique Spina, fue condenado en 2006 a cinco años de prisión por violar a un chico de 16 años en 1993.

Dominique Spina

Ante el desatinado nombramiento de Kerimel, la Conferencia Episcopal Francesa emitió un comunicado dirigido al “arzobispo” Guy de Kerimel, pidiéndole que cancele el ascenso de un “sacerdote” que cumplió condena en prisión por la violación de un menor.

En el comunicado de prensa del 10 de agosto (en francés aquí), los obispos revelaron que habían “entablado un diálogo constructivo” con Kerimel, “invitándolo a reconsiderar la decisión que tomó con respecto al nombramiento del canciller de su diócesis”.

El descargo de Kerimel

El 16 de agosto Kerimel publicó un comunicado en el cual justificó su designación del depravado Spina, pidió perdón a las víctimas y anunció la reversión del vergonzoso “nombramiento”:

Para no provocar división entre los obispos y no quedar en un punto muerto entre los "a favor" y los "en contra", decidí revertir mi decisión; esto ya se ha hecho, con el nombramiento de un nuevo canciller.

Mi decisión fue interpretada por muchos como un desaire a las víctimas de abuso sexual; les pido perdón. Obviamente, no era mi intención. Otros, finalmente, la vieron como una señal de esperanza para los abusadores que cumplieron su condena y están experimentando una muerte social muy dura. En este sentido, debo pedir perdón a quien mencioné y en quien confío, por no haber podido encontrar el lugar que le corresponde.

Increíble. Kerimel pidiendo perdón a un ex convicto por no haber podido encontrar el lugar que le corresponde” y no sólo eso, confesando que “confía en él”. ¿Sabrá el “arzobispo” que la pederastia es un trastorno que no se va con el con el tiempo, que no tiene cura? Los informes que se han hecho a lo largo de la historia así lo prueban, pero aún así, dice que “confía en él”.

¿Cómo podemos encontrar la actitud correcta que no nos obligue a tomar partido en detrimento del otro? ¿Cómo podemos tener presentes a las víctimas sin rechazar eternamente a los culpables?

Hoy hablamos de “justicia restaurativa”: se busca establecer un encuentro, siempre libre, entre el autor del daño y la víctima, para un reconocimiento del daño cometido y en la voluntad de no quedar atrapado en el daño.

Es extraño y muy “conveniente” para un abusador “establecer un encuentro entre el autor del daño y la víctima”... ¿Pero qué víctima real de abuso quiere volver a mirar a la cara a su abusador? ¿De qué “voluntad de no quedar atrapado en el daño” habla el “arzobispo”? ¿Podrá imaginar la gravedad de lo que significa un abuso, de lo devastador que puede llegar a ser para un ser humano (y más si estamos hablando de un niño o un adolescente inocente) que deshonren su pureza de la manera mas vil?

El autor debe reparar el daño causado o, al menos, mediante el castigo que la justicia le impone, participar en la reparación del daño causado. En un delito, el daño siempre tiene una dimensión irreparable. ¿Qué hacer en este caso? ¿Ejercer venganza? Eso sería encerrarse en una lógica destructiva y, en última instancia, en la victoria definitiva del mal.

No se trata de “ejercer venganza”. Se está hablando de justicia y de lógica. ¿Qué mensaje se está enviando a la sociedad al nombrar canciller de su diócesis a un depravado? La “victoria definitiva del mal” es buscar dónde reubicar dentro de la iglesia francesa a un personaje indigno y condenado por hechos aberrantes.

Francia ha renunciado a la pena de muerte; la justicia cree en la posibilidad de cambio para los criminales y trabaja por su rehabilitación. No puede dar rienda suelta a la venganza; esto iría en detrimento del perpetrador, por supuesto, pero también de la víctima y de la sociedad en su conjunto. En nombre de dicha justicia, caeríamos en las peores injusticias. La justicia no devuelve al perpetrador el daño que ha causado a la víctima: “ojo por ojo, diente por diente”. Limita la exclusión del culpable, salvo en casos extremos que involucren a individuos peligrosos.

Es cierto que “la justicia cree en la posibilidad de cambio para los criminales”, pero también es cierto que en todos los países civilizados se han tomado medidas contra este tipo de depredadores para proteger a futuras posibles víctimas. Inclusive en algunos países existe el registro de condenados por este tipo de delitos para que el resto de los ciudadanos tengan conocimiento, puedan protegerse y alejarse de tales individuos. “En nombre de dicha justicia, caeríamos en las peores injusticias”... Resulta asombroso que Kerimel, siendo un “arzobispo”, considere que tomar medidas para prevenir posibles crímenes, defina esta acción como “injusticia”.

En el Evangelio, Jesús se esforzó mucho por rehabilitar a personas pecadoras y culpables. Llamó a puestos de responsabilidad a hombres como Mateo, el recaudador de impuestos; Pedro, el renegado; Pablo, el criminal; María Magdalena, la prostituta; y tantos otros. Pablo había hecho víctimas, quizá también san Mateo en otro orden. Sin embargo, Jesús perdonó sus pecados, transformaron sus vidas y ejercieron, en nombre de Cristo, una autoridad que perdura hasta nuestros días. Esta lógica evangélica va incluso más allá de la rehabilitación, que solo afecta el lugar que uno ocupa en la sociedad: se llama conversión, porque transforma el corazón humano.

¿Conversión? ¿Y cómo Kerimel puede afirmar que Spina realmente se ha convertido? ¿Es todopoderoso y puede ver el arrepentimiento en el corazón de su ex designado canciller? Nos permitimos dudarlo, sobre todo conociendo las “debilidades” de gran parte del clero postconciliar. Considerando las palabras del “arzobispo” solo faltó que proponga al “padre” Dominique Spina como candidato a la canonización...

Nosotros, que tenemos la misión de dar testimonio del Evangelio, no podemos ignorar la misericordia que Jesús siempre mostró, incluso en la cruz, perdonando al malhechor que acudió a Él. Creemos que la justicia no se opone a la misericordia, la misericordia no se opone a la justicia.

¡Pobre Jesús! En nombre de su misericordia, ¡cuántos desaguisados se están cometiendo! Por poner un ejemplo, estos usurpadores de Nuestra Santa Iglesia ¡están bendiciendo el pecado contra natura!

Creemos en el perdón y la redención, sin condonar jamás la injusticia, aunque, lamentablemente, a veces la practiquemos, porque no somos mejores que los primeros discípulos de Jesús. El camino de la conversión nunca está completo en esta tierra.

¿Cómo podemos mantener la justicia y la misericordia unidas? Quisiera que sigamos reflexionando sobre este importante tema, para no quedarnos estancados en las emociones, que rara vez conducen a la verdadera justicia, sino para que, como cristianos, tengamos la actitud más justa posible, conforme al Evangelio.

Por favor, tengan la seguridad de mi devoción.

+ Guy de Kerimel
Arzobispo de Toulouse
16 de agosto de 2025

¿Creer en su devoción? Permítanos dudarlo, “monseñor”
 
 

29 DE AGOSTO: LA DEGOLLACIÓN DE SAN JUAN BAUTISTA


29 de Agosto: La degollación de San Juan Bautista

(✞ 32)

La degollación del precursor de Cristo San Juan Bautista a quien mandó matar el impío y sacrílego tetrarca Herodes Antipas, hijo de aquel Herodes llamado Ascalonita que mató a los inocentes, refiere al Sagrado Evangelio de esta manera:


“Envió Herodes a prender a Juan, y le arrojó en la cárcel por amor a Herodías, la mujer de su hermano Filipo, con la cual se había casado. Porque Juan decía a Herodes: No te es lícito tener por mujer a la que es mujer de tu hermano. Por eso Herodías le armaba acechanzas a Juan y deseaba quitarle la vida; pero no podía conseguirlo, porque Herodes, sabiendo que Juan era un varón justo y santo, le temía y miraba con respeto, y hacía muchas cosas por su consejo, y le oía con gusto. Más, en fin, llegó un día favorable al designio de Herodías, en que por la fiesta del nacimiento de Herodes, convidó a este a cenar a los grandes de su corte, y a los primeros capitanes de sus tropas, y a la gente principal de Galilea. Entró la hija de Herodías, bailó y agradó tanto a Herodes y a los convidados, que dijo el rey a la muchacha: Pídeme cuánto quisieres, que te lo daré; y añadió con juramento: Si, te daré todo lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino. Y habiendo ella salido, dijo a su madre:¿Qué pediré? Le respondió: La cabeza de Juan el Bautista. Y volviendo al instante a toda prisa a donde estaba el rey, le hizo la demanda: Quiero que me des luego en una fuente la cabeza de Juan Bautista. El rey se puso triste; más en atención al impío juramento, y a los que estaban con él a la mesa, no quiso disgustarla, sino que, enviando a un alabardero, mandó traer la cabeza de Juan en una fuente. El alabardero, pues, le cortó la cabeza en la cárcel, y se la trajo en una fuente, y se la entregó a la muchacha, que se la dio a su madre. Lo cual sabido, vinieron sus discípulos y tomaron su cuerpo, y le dieron sepultura (San Marcos cap. 5, 17-30).

Reflexión:

Exclama aquí San Ambrosio diciendo: “¡Cuántas maldades en un solo crimen! ¿Quién no pensará que el ir de convite a la cárcel era para poner en libertad al profeta? ¿Qué tienen que ver las delicias del festín con las sangrientas crueldades, y el alborozo de la orgía con el luto de la muerte? Y con todo, en aquella hora fue degollado el santo profeta y fue presentada en un plato su sagrada cabeza. Tal plato faltaba a aquella crueldad feroz que no había podido hartarse con los otros manjares de la mesa. Mira, oh rey sin entrañas, ese espectáculo digno de su convite. Extiende la mano, toma esa cabeza y baña tus dedos con los arroyos de esa sangre bendita; y ya que tu hambre y tu sed de fiera sangrienta no han podido saciarse con otros manjares y con otras bebidas, bebe esa sangre que derraman aún las venas de esa cabeza cortada. Mira esos ojos sin lumbre que aún son testigos de tu crimen y se apartan para no ver las liviandades de tu orgía; que no tanto los cierra la muerte como el horror de tu lujuria. Esa boca de oro, cuyo lenguaje no podías sufrir, muda está y desangrada. Pero es aún para ti harto temible”. Hasta aquí son las palabras de San Ambrosio, las cuales se han puesto aquí para que se vea la horrenda maldad que puede cometer un hombre víctima de la lujuria y del respeto humano.

Oración:

Te rogamos, Señor, que en la venerable festividad de San Juan Bautista, tu precursor y mártir, alcancemos los saludables efectos de tu divina gracia. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.


jueves, 28 de agosto de 2025

FRANCIA: LA GUERRA ENTRE LOS FIELES Y SU PARROCO CONTINÚA EN VALENCE

¿Necesita también Jesús el permiso escrito del “padre” Teissier para estar entre los fieles que rezan en la catedral de Valence?


Cada historia absurda en la Iglesia, como el nombramiento por el “obispo” de Kerimel de un “sacerdote” que violó un adolescente como “canciller” de la diócesis de Toulouse, significa que se ha tocado fondo, pero siempre hay alguien, un clérigo sin escrúpulos, que va más allá y (por supuesto) se niega a asumir sus actos. Así, en la diócesis de Valence, a quince metros en línea recta de la casa donde reside el “obispo”, el guardián de la catedral impidió a los fieles rezar el rosario. Y no una vez, sino dos, con el argumento de que no tenían la autorización expresa del “párroco” para rezar en la catedral.
  
El 22 de agosto, alrededor de las 15:00, los fieles rezaban el rosario en la capilla del Santísimo Sacramento, situada a un lado de la nave de la catedral, cuando el guardián laico, visiblemente alterado, irrumpió durante la meditación del primer misterio para ordenarles que dejaran de rezar, alegando que “hacían ruido”. Según un fiel católico presente, “regañó a los gritos a una mujer, y cuando un joven se levantó para pedirle que se calmara y dejara de interrumpir la oración, lo invitó a salir a la plaza a pelear. Mientras los fieles continuaban rezando, finalmente se marchó.

Los fieles escribieron al “párroco” de la catedral, el ex “vicario general” Guillaume Teissier, quien asumió el cargo en otoño de 2023 para sustituir al padre Michel Fourel como “párroco” de la parroquia central de Valence, Saint-Emilien. Teissier se abstuvo de responder, pero ahora está al tanto de los hechos.

La razón le dictaba que razonara con su guardián y le recordara que la catedral es la casa de Dios, por lo que es imposible e inoportuno impedir a los fieles rezar allí, y que desde el punto de vista del derecho civil es un edificio dedicado al culto y son las actividades profanas las que en principio están prohibidas allí, no las actividades religiosas como las misas o los rezos, pero optó por legitimar el intento de prohibir el rezo.

Y si un guionista hubiera presentado un pretexto así, habría sido rechazado en la peor de las películas. Pero en la diócesis de Valence, la realidad es peor que la ficción.

El 27 de agosto, los fieles se reunieron para rezar el rosario en la capilla del Santísimo Sacramento de la catedral, esta vez a las 14:30. El guardia, de nuevo con vehemencia, irrumpió en el primer misterio, habló en voz alta e intentó interrumpir la oración para indicar a los fieles que no tenían derecho a rezar en la catedral sin autorización expresa del “sacerdote”, el “padre” Teissier.

Este último no justificó el “clericalismo” que el guardia intentó imponer alegando que los fieles que rezan forman un grupo, y que los grupos deben solicitar permiso expreso para rezar en la catedral. Esto no inquietó a los fieles, quienes, como pudieron, y a pesar de los gritos durante el tercer misterio, terminaron su rosario. Esta vez, las interrupciones fueron filmadas.

El “padre” Teissier y su guardián laico se beneficiarían de releer, además de la ley de 1905, el Evangelio de San Mateo. Sí, el que inspira las oraciones universales en la catedral, del tipo “Soy forastero y me habéis acogido”, una virtud que el “padre” Teissier no practica realmente. También está, en el capítulo 18, “cuando dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”.

¿Necesita también Jesús el permiso escrito del “padre” Teissier para estar entre los fieles que rezan en la catedral de Valence?

También ocurre en la diócesis de Valence que se acusa a los fieles tridentinos de “no estar en comunión”, pero se rechaza cualquier diálogo con ellos.

Puede que al “padre” Teyssier no le guste este pasaje del Evangelio, ya que también incluye estas palabras: “A cualquiera que cause escándalo o tropiezo a uno de estos pequeños que creen en mí, más le vale que le cuelguen una piedra de molino al cuello y que lo ahoguen en lo profundo del mar […] ¡Ay de aquel por quien viene el escándalo!”. O también: “Cuidado con despreciar incluso a uno de estos pequeños”.

En cuanto a escándalos, el “padre” Teissier se lleva las palmas. El ex “Vicario General”, se ha sentado sobre todos los trapos sucios de la diócesis, todas las veces que la diócesis ha negado justicia y verdad a las víctimas y se ha quedado sentado, fumando, sobre el polvorín de los Hogares de Caridad y otros asuntos, en Valence y otros lugares.

En cuanto a desprecios, tenemos un “campeón”. Vivió dos años en la rectoría de la iglesia de Notre Dame, junto a los fieles tridentinos: las habitaciones de la planta baja, el jardín y los anexos son compartidos. Pero se cuidó muy bien todo ese tiempo de no dirigirles la palabra, y cuando se encontró confrontado con esta realidad, declaró sin pestañear: “Fue una decisión. Tomé la precaución de no reunirme con ustedes”, como si se estuviera protegiendo de una peste.

Su única interacción con los fieles de la misa tridentina que han ocupado su iglesia desde principios del verano fue dirigirse a ellos y decirles que se vayan. Apenas pudo, dejó ese apartamento para irse a vivir a otro lugar.

Fieles, pero muy respetuosos, estos católicos se encargan de “mantener una presencia espiritual en Notre-Dame”, organizan una paella los domingos, abren la iglesia para las misas novus ordo de la parroquia central que siguen celebrándose allí (!), rezan el rosario todas las noches y organizan actividades.

Evidentemente, para el “padre” Guillaume Teyssier no hay ningún problema en predicar sobre la “acogida de los migrantes” en la oración universal, pero hablar con los católicos, es impensable para él. Tampoco tiene problema en desear “la paz mundial” y “el fin de las guerras”, un objetivo loable, pero ni hablar de garantizar la paz litúrgica en su propia parroquia.

Situación caótica en el Obispado de Valence: El sentido común y el pueblo de Dios secuestrados

La casa diocesana de Valence ya no es de libre acceso desde el pasado mes de mayo. Aunque este edificio se construyó y se mantiene con dinero de los fieles de la diócesis, es necesario identificarse ante la secretaria. “Y el día de la entrevista con el “obispo”, desactivaron la puerta automática y exigieron a los fieles que acudieran que presentaran su identificación. Detrás de la secretaria, el “padre” Éric Lorinet, “vicario general”, iba controlando los nombres uno por uno, y si alguien que llegaba no se encontraba en esa lista porque no se había registrado, no le era permitido entrar”.

El “padre” Éric Lorinet

Este control puntilloso y meticuloso contrasta con la realidad de una diócesis en caída libre, sin identidad, sin unidad, y donde el “vicario general” —este o el anterior, aunque es su trabajo, sin embargo— apenas logra controlar a los capellanes de la educación católica. Como el “padre” G.D., incardinado en la diócesis de París, nombrado “capellán” del colegio Notre-Dame de la Plaine en Châteauneuf de Galaure y finalmente suspendido de forma precipitada, tras una docena de abusos y agresiones sexuales, cuando los hechos estaban a punto de hacerse públicos en los medios de comunicación.

Una cosa muy distinta es manejar un mando de puerta automática, lo que parece ser el límite máximo de las habilidades del “padre” Lorinet, muerto de miedo ante la posibilidad de que los visitantes de la casa diocesana crucen la puerta automática sin que él les haya dado permiso para hacerlo.

Siempre se puede pedir que se utilicen los fondos religiosos de la diócesis para construir un puesto de control, comprar ametralladoras y desplegar alambres de púas -quizás incluso pase desapercibido, ya que la diócesis de Valence, de forma completamente ilegal, no publica sus cuentas -lo cual es obligatorio para cualquier asociación que reciba más de 153.000 euros en donaciones o subvenciones-, la presentación de cuentas es gratuita, y es el informe del auditor lo que debe publicarse, y no una vaga hoja con membrete de la diócesis con las cifras menos malas y “gráficos circulares”.

En cuanto a su “obispo”, recién “ascendido” de una diócesis de 76.000 habitantes a la de Valence, ya parece estar en otro lugar, soñando con las múltiples sedes que quedarán disponibles a partir de 2027: estuvo ausente todo el verano, haciendo de “diva” mitrada en viajes a Roma, Lourdes y otros lugares, mientras en la recepción de la diócesis mentían descaradamente a los fieles diciendo que “desconocían su agenda”, cuando todos sabían donde se encontraba.

El “obispo” viajero François Durand

En resumen, en la diócesis de Valence, nos encontramos con “valientes” que practican el autismo, la falta de escucha, la inercia, la mentira y el clericalismo, y acusan a los fieles de que “se niegan a escuchar y de no estar en comunión”, y, como en muchos otros lugares, muchos han mentido durante décadas a las víctimas de abusos y a los fieles, acusándolos de “no saber perdonar” y de “ser resentidos”.

El resultado es el mismo: son fuente de escándalo, representan la crisis de la Iglesia y rompen permanentemente la confianza entre los fieles y su diócesis, dividiendo y perturbando al rebaño. “¡Ay de aquellos por quienes viene el escándalo!”.


 

¿NUESTRO SEÑOR FUE UN REY O UN VAGABUNDO?

No debemos callar ante estas “representaciones” de Jesús. Si permanecemos en silencio, somos cómplices de este destronamiento de Nuestro Señor.

Por Remington Huffaker


Durante algunos viajes recientes, algo inesperado me llamó la atención. Al pasar por delante de una iglesia en Milwaukee, vi lo que parecía una gran losa de bronce sobre un banco del parque. Me acerqué para ver qué podía ser.

Un pequeño cartel identificaba la obra como “Jesús sin techo”, una escultura que representaba a Nuestro Señor como un vagabundo durmiendo en un banco del parque. El “artista”, Timothy Schmalz, decidió crearla después de ver a un vagabundo durmiendo en un banco de un parque en Toronto. El rostro y las manos de la figura estaban ocultos bajo una manta, y solo las heridas de la crucifixión en los pies insinuaban la identidad que se pretendía dar a la escultura.

Mientras estaba allí reflexionando sobre la estatua, se acercó un hombre y se sentó casualmente al lado de ella, aparentemente sin saber lo que se suponía que era.

Este encuentro se me quedó grabado. No pude evitar comparar esta escultura de Jesús con las figuras de Cristo que se ven durante las procesiones de Semana Santa en Sevilla, España. Ambas estatuas representan el sufrimiento de Nuestro Señor. Sin embargo, solo las representaciones en España despiertan en mí compasión, devoción y amor.

Sevilla es famosa por sus grandiosas carrozas que desfilan por las calles durante la Semana Santa. Las estatuas de Cristo de tamaño real, vestidas con terciopelo escarlata o violeta oscuro y adornadas con bordados dorados y piedras preciosas, se transportan en enormes carrozas doradas que pueden pesar hasta cuatro toneladas. Estas carrozas son transportadas por equipos de hombres vestidos con túnicas penitenciales, que se abren paso lentamente por las estrechas calles entre el sonido de tambores, trompetas y cánticos solemnes.


Incluso en su sufrimiento, estas estatuas proclaman la nobleza y la realeza de Cristo. No rehúyen mostrar su agonía, sino que la elevan. Muestran que su sufrimiento no fue una derrota, sino una ofrenda victoriosa para la redención del hombre. Cristo es visto como el Rey de reyes, incluso cuando lleva una corona de espinas.

Ahora, comparemos esta representación con la estatua del “Jesús sin techo”. Hecha de bronce frío y oscuro, presenta una imagen desprovista de nobleza y gloria. No inspira adoración ni devoción, sino mediocridad e insignificancia. Sugiere que Nuestro Señor era un vagabundo. Su divinidad no brillaba a través de su apariencia, llamando a los hombres a elevar sus almas. Esta escultura es una invitación a hacer exactamente lo contrario.

Su gloria está completamente oculta, literalmente bajo una manta.

¿Los pobres le darían a Jesús un banco en el parque o un trono?

Algunos afirman que la estatua pretende representar su humildad o provocar la “conciencia social”. Se trata más bien de una declaración política destinada a poner de relieve las desigualdades sociales que la pobreza evangélica. No percibí nada sobrenatural en esta representación “humilde”.

La humildad no es lo mismo que la humillación. A lo largo de la historia, los Santos han ayudado a los pobres elevándolos, no idealizando su difícil situación. Incluso al representar a Nuestro Señor en los peores momentos de su Pasión, los artistas sevillanos se aseguraron de que mantuviera su dignidad y grandeza. Despiertan nuestra compasión y admiración.

Para reforzar este punto, me gustaría recordar una hermosa historia de Las glorias de María, escrita por San Alfonso María de Ligorio.

Describe a una pobre pastora que visitaba regularmente una humilde capilla en la montaña para rendir homenaje a Nuestra Señora. Con sus limitados medios, recogía flores y las entrelazaba para formar una corona, que colocaba con amor sobre la cabeza de la Virgen, diciendo:

“Oh, Madre mía, ojalá pudiera colocar sobre tu cabeza una corona de oro y gemas, pero como soy pobre, recibe esta pobre corona de flores y acéptala como muestra del amor que te profeso”.

Su acto de devoción fue recompensado más tarde con una visión de Nuestra Señora, que vino a coronar a la joven en su lecho de muerte y la acompañó al Paraíso.

La pastora dio lo poco que tenía y, a pesar de su pobreza, trató de honrar a Nuestra Señora con pequeñas manifestaciones de belleza, sin destacar la miseria.

Esto me hizo preguntarme: ¿qué habría hecho esta misma pastora por Nuestro Señor si hubiera tenido los mismos recursos que Timothy Schmalz?

¿Habría cubierto a Nuestro Señor con una manta de bronce raída o le habría dado túnicas de seda? ¿Le habría dado un banco de parque o un trono noble? ¿Le habría envuelto la cabeza en una manta raída o le habría dado una corona de oro?

¿Quién dio permiso para presentar a Nuestro Señor de esta manera?

Me sorprendió saber que desde 2013 se han instalado más de 100 estatuas de tamaño natural de “Jesús sin techo” en todo el mundo.

¿Quién fue elegido “papa” en 2013?

Muchos las han elogiado por ser “empoderadoras” o que “invitan a la reflexión”, pero nunca devocionales.

Este tipo de representaciones no deberían quedar sin respuesta. La gente debe cuestionarse el impacto que estas estatuas tienen en sus almas.

Por desgracia, creo que esto ocurre porque la gente tiene demasiado miedo de cuestionar la narrativa oficial, que tiende a ver a Jesús como un hombre común y corriente y no como nuestro Divino Redentor y Rey. En lugar de preguntarse por qué es objetable representar a Nuestro Señor en tal estado, la mayoría de la gente lo acepta ciegamente.

Lo hacen porque afrontar el tema obliga a mantener una conversación incómoda. Significa llegar a conclusiones que ofenderán a algunos y enfadarán a otros. Peor aún, exige actuar, una acción que va en contra del “respeto humano” y que se arriesga a la censura social. Por lo tanto, se nos dice que guardemos silencio para no parecer “poco caritativos”.

Se supone que estas esculturas están hechas para atraer a jóvenes como yo. Sin embargo, no encuentro ningún atractivo en esta representación y siento la necesidad de decir la verdad, aunque provoque cierta conmoción. Si permanecemos en silencio, somos cómplices de este destronamiento de Nuestro Señor.

Si a iglesia “sinodal” puede elevar esta imagen de bronce como “su versión” de Cristo, entonces sin duda nosotros podemos alzar nuestras voces para proclamar: ¡Este no es Cristo Rey!

Recordemos siempre las gloriosas estatuas de Sevilla y la devoción de la pobre pastorcita: ellas hablan más profundamente de la majestad de Nuestro Señor, algo que el “artista” Timothy Schmalz jamás lo hará.

Timothy Schmalz (autor del polémico monumento “Ángeles sin saberlo” instalado en el Vaticano en 2019) estrecha la mano del Sumo Hereje
 

EL “SAGRADO MISTERIO” DEL CATOLICISMO MODERNO

Desde las monaguillas en Roma hasta los escándalos jesuitas y los obispos bendiciendo el pecado, la Revolución del Vaticano II continúa bajo la sonrisa de León XIV.

Por Chris Jackson


Niñas en el altar: los “monaguillos” de León

León XIV se presentó ante 360 jóvenes monaguillos de Francia y elogió su dignidad, silencio y “gestos majestuosos” al guiar a los fieles hacia la “sagrada grandeza del Misterio”. Todo esto suena como algo que podría haber dicho Pío X, hasta que se ven las fotos. Filas de niñas con capas blancas y sotanas, sonriendo como los “monaguillos” de Francia.

Los artículos mostraban fotos de “monaguillos”. Las páginas web integrantes de Trad Inc. elogiaban las palabras de León. Pero la realidad es clara: Roma ahora trata a las monaguillas como si fueran monaguillos, derribando siglos de prohibición magisterial en los escombros del concilio Vaticano II.


Los registros históricos no podrían ser más claros. El Papa Gelasio I condenó el servicio de las mujeres en el altar como una “práctica maligna”. Inocencio IV declaró: “Las mujeres no deben atreverse a servir en el altar; se les debe negar por completo este ministerio”. Benedicto XIV renovó la misma prohibición en Allatae sunt, citando textualmente a sus predecesores. La Tradición no es ambigua en este punto: el servicio en el altar está intrínsecamente relacionado con el estado clerical, es un trampolín hacia el sacerdocio, no un papel secundario abierto a cualquiera que lleve una túnica blanca.

Sin embargo, León XIV elogia a las niñas que sirven en el altar como modelos de “belleza litúrgica”, y los llamados “defensores de la tradición” aplauden sin objeciones. Si el servicio en el altar es intercambiable, ¿por qué no la ordenación? Si se pueden descartar siglos de enseñanza papal sobre el altar, ¿por qué no siglos de enseñanza sobre el sacerdocio mismo? La foto de las niñas sonrientes en Roma no es inofensiva, es el fruto lógico de la revolución iniciada en 1965.

La causa de Arrupe tropieza con los abusos de los jesuitas

Pedro Arrupe en una “oración” budista

El esfuerzo del Vaticano por “canonizar” a Pedro Arrupe, el superior general jesuita que dirigió la Compañía a través de los escombros del concilio, se ha estrellado contra un iceberg moral. Los documentos revelan que Arrupe conocía las graves acusaciones de abuso contra un seminarista jesuita, Donald Dickerson, pero permitió que fuera ordenado de todos modos.

Los detalles se leen como un caso de corrupción clerical. Un provincial escribió a Arrupe en 1977 advirtiéndole de que Dickerson había realizado insinuaciones sexuales a un niño de 14 años, una de al menos tres acusaciones. En lugar de expulsarlo, los jesuitas pospusieron la ordenación, lo enviaron a “terapia” y lo ordenaron en 1980. En menos de un año, fue expulsado de una escuela jesuita de Dallas por nuevos abusos. Fue trasladado, acusado de nuevo y finalmente despedido en 1986 tras al menos siete denuncias. Los jesuitas le pagaron 10.000 dólares y lo enviaron a un centro de tratamiento para abusadores.

Este es el hombre que Roma quiere “beatificar”, el artífice del aggiornamento jesuita, el defensor de la teología de la liberación y ahora un facilitador demostrado de los abusos. El escándalo no es una excepción, sino una revelación: los “héroes” del concilio Vaticano II no fueron “santos de la renovación”, sino gestores del declive, cómplices de la misma crisis que pretendían sanar. El impulso para 
canonizar” a Arrupe pone al descubierto toda la estrategia posconciliar: canonizar la revolución canonizando a sus cabecillas.

La FSSPX borrada del Jubileo

Una de las peregrinaciones más grandes del Jubileo hasta ahora, 8000 fieles de la Fraternidad San Pío X, fue eliminada del sitio web oficial del Jubileo del Vaticano. La Fraternidad San Pío X había aparecido brevemente en la lista, pero luego fue eliminada sin explicación alguna, mientras que los grupos pro-lgbt siguen apareciendo.


La hipocresía es asombrosa. Rino Fisichella, supervisor del Jubileo, declaró: “Incluimos a todos los que nos piden experimentar la fe”. A todos, excepto a los que están apegados a la Misa Tradicional. La doble moral no podría ser más evidente: Roma incluye a Jonathan's Tenda, un movimiento pro-lgbt, mientras excluye a miles de católicos que acudieron a Roma para rezar en las basílicas, cumplir las condiciones del Jubileo e, irónicamente, incluso para rezar por el “papa”.

La FSSPX representa la continuidad con la tradición católica, que debe ocultarse para no avergonzar al aggiornamento. Sin embargo, la ironía es ineludible: la misma Roma que proclama la “sinodalidad” y el “caminar juntos” excluye a los peregrinos más fieles a la tradición. En el Jubileo de la supuesta 
misericordia”, no hay misericordia para la Tradición.

La USCCB y las fronteras abiertas

En Estados Unidos, los “obispos” continúan su bien financiada cruzada para bautizar el globalismo. En su última carta al Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) exigían que se garantizara a los inmigrantes ilegales el acceso a la sanidad pública pagada por los contribuyentes estadounidenses. ¿Su justificación? La “igual dignidad” de todas las personas.


Por supuesto, la doctrina católica siempre ha reconocido la dignidad humana, pero también el deber de los gobernantes de hacer cumplir la ley y proteger el bien común. Agustín advirtió que un Estado sin justicia no es más que una banda de ladrones. Tomás de Aquino enseñó que las leyes existen para preservar la paz y el orden, y que los extranjeros tienen deberes hacia la nación que los acoge. Nada de esto le importa a la USCCB, que habitualmente reduce la doctrina social católica a tópicos sentimentales sobre la “acogida” y el “cuidado”, ignorando el equilibrio entre la justicia y el bien común.

¿Por qué? Por dinero. Los “obispos” se han beneficiado durante mucho tiempo de miles de millones en contratos gubernamentales vinculados a programas de inmigración. Su “preocupación pastoral” se alinea perfectamente con sus incentivos financieros. Invocan la “dignidad”, pero cobran cheques. Predican la “misericordia” pero solo con el dinero de otras personas. Su “teología” se aleja de Agustín y Tomás de Aquino, y se acerca más a Judas contando las monedas de plata.

Retiro sobre herejía de la AUSCP

El escándalo más grave de la semana provino del propio “sacerdocio”. Una grabación de audio filtrada de la Asociación de Sacerdotes Católicos de Estados Unidos reveló que el padre Ronald Rolheiser, líder de retiros y “profesor de teología”, enseñaba a los sacerdotes que la masturbación no es pecaminosa, que la fornicación rara vez es pecado mortal y que la comunión en pecado mortal es permisible si se “desea sinceramente”.

El “profesor de teología” Ronald Rolheiser

Esto es una herejía manifiesta. Un “sacerdote” incluso describió la masturbación como una “oración”. Rolheiser se mostró de acuerdo. Sugirió que la represión del deseo sexual puede conducir a tiroteos masivos, por lo que “a veces la masturbación es la mejor opción. Desestimó la fornicación como “básicamente irresponsabilidad”, afirmando que los jóvenes son “invenciblemente ignorantes”. Y aseguró a los sacerdotes que recibir la comunión en pecado grave no es un problema si la persona “lo desea”.

Estaban presentes dos “obispos”: John Wester, de Santa Fe, y John Stowe, de Lexington. Ninguno de los dos le corrigió. Ambos llevan mucho tiempo alineados con la AUSCP. Otros partidarios de estas herejías son Cupich, McElroy y Gregory, los mismos “obispos” que dan forma al catolicismo estadounidense.

Lo que esto significa es escalofriante: los sacerdotes están siendo formados en la herejía con la aprobación episcopal. La AUSCP no es marginal; es el futuro de la iglesia institucional en Estados Unidos. Como dijo acertadamente Michael Hichborn, del Instituto Lepanto, estas “enseñanzas” condenarán almas. Pero en la iglesia del Vaticano II, la condenación es solo otro “enfoque pastoral”.

Conclusión: el verdadero misterio

León XIV ensalza la “sagrada grandeza del Misterio”. Pero el misterio desvelado esta semana no es la Cruz, sino la corrupción interna de la iglesia postconciliar.

Niñas en el altar contra siglos de prohibiciones papales. Un superior general jesuita que ignoró los abusos y ahora está en espera para la “beatificación”. 8.000 fieles peregrinos borrados de los registros del Jubileo mientras se promueve a los grupos lgbt. “Obispos” que presionan a favor de las fronteras abiertas mientras se llenan los bolsillos con fondos federales. Sacerdotes que aprueban abiertamente pecados graves bajo el aplauso “episcopal”.

El verdadero misterio es cómo esta iglesia puede afirmar su continuidad con la tradición católica mientras la contradice en todo momento. Pero para aquellos que tienen ojos para ver, no es ningún misterio. Es la revolución del Vaticano II, que sigue avanzando bajo la bandera de la “esperanza”, sigue siendo alabada por Trad Inc. y sigue alejando a las almas de la fe.