lunes, 15 de junio de 2026

ENCANTADORA BELLEZA E INEFABLE DULZURA DE LA SABIDURIA ENCARNADA (Cap. 10)

Continuamos con la publicación del capítulo 10 del libro “El Amor de la Sabiduría Eterna” escrito por San Luis María Grignion de Montfort.


CAPITULO DECIMO

ENCANTADORA BELLEZA E INEFABLE DULZURA DE LA SABIDURIA ENCARNADA (1)

La Sabiduría se encarnó con la única finalidad de atraer a su amor e imitación los corazones humanos. Por ello se ha complacido en adornarse con todas las amabilidades y dulzuras humanas más atrayentes y delicadas, sin defecto ni fealdad alguna.

1 - LA SABIDURIA ES DULCE EN SU ORIGEN

Considerada en su origen, la Sabiduría es toda bondad y dulzura. Es el don del amor del Padre eterno y fruto del amor del Espíritu Santo. El amor nos la da y el amor la forma: Tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo único (2). De suerte que es toda amor, o mejor, el amor mismo del Padre y del Espíritu Santo.

Nació de la más dulce, tierna y hermosa de todas las madres, la divina María (3). ¿Quieres conocer la dulzura de Jesús? Trata de conocer antes la dulzura de María, su Madre, a quien se asemeja en la dulzura del temperamento. Jesús es el Hijo de María, y por ello no puede haber en El arrogancia, ni severidad, ni fealdad. Infinitamente menos aún que en su Madre, por cuanto es la Sabiduría eterna, la dulzura y la belleza personificadas.

2 - LA SABIDURIA ES DULCE, SEGUN LOS PROFETAS

Los profetas, a quienes fue revelada de antemano la Sabiduría encarnada, la llaman oveja y cordero manso (4). Predicen que, gracias a su dulzura, la caña cascada no la quebrará, el pabilo vacilante no lo apagará (5); es decir, que su bondad será tal que, aun cuando un desdichado pecador se halle medio destrozado, enceguecido y extraviado por sus pecados y ya con un pie en el infierno, Ella no consumará su perdición, a no ser que le obliguen a ello.

San Juan Bautista, que vivió cerca de treinta años en el desierto para merecer con sus austeridades el conocimiento y el amor a la Sabiduría encarnada, tan pronto la vio, exclamó -mostrándola con el dedo a sus discípulos-: Este es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo (6). No dice, en efecto, como hubiera debido: "Este es el Altísimo, éste es el Rey de la gloria, éste es el Omnipotente…", sino que, conociéndola mejor que nadie la ha conocido ni conocerá jamás, exclama: "Este es el Cordero de Dios. Ahí viene la Sabiduría eterna, que para conquistar nuestros corazones y borrar nuestros pecados ha compendiado en sí todas las dulzuras divinas y humanas, celestes y terrenas".

3 - LA SABIDURIA ES DULCE EN SU NOMBRE

Y ¿qué nos indica el nombre de Jesús -que es el nombre propio de la Sabiduría encarnada- sino una caridad ardiente, un amor infinito y una dulzura encantadora? ¡Jesús, Salvador, es decir, el que salva al hombre, aquel cuya característica es amar y salvar al hombre!

Nada se canta más suave,

nada se oye con más gozo,

nada se piensa más dulce

que Jesús, Hijo de Dios (7).

¡Oh! ¡Cuán dulce es al oído y al corazón de los predestinados el nombre de Jesús!

Dulce miel en la boca,

melodía en el oído,

júbilo en el corazón (8).

4 - LA SABIDURIA ES DULCE EN SU SEMBLANTE

"Jesús es dulce en el semblante, dulce en las palabras, dulce en las acciones" (9). El amabilísimo Salvador tenía un rostro tan dulce y bondadoso, que cautivaba los ojos y los corazones de cuantos le veían. Los pastores que fueron a visitarlo en el pesebre quedaron tan encantados de la dulzura y hermosura de su semblante, que hubieran permanecido días enteros contemplándolo, como fuera de sí mismos. Los reyes -aun los más arrogantes-, tan pronto como vieron los rasgos maravillosos de tan hermoso Niño, depusieron su altivez y se postraron sin dificultad a los pies de su cuna. ¡Cuántas veces se dijeron uno a otro: "Amigos, ¡qué agradable es estar aquí! ¡No existen en nuestros palacios delicias semejantes a las que se experimentan en este establo al contemplar al querido Niño Dios!"

Siendo Jesús muy joven, las personas afligidas y los niños del contorno iban a verle para alegrarse con él y se decían uno a otro: "¡Vamos a ver al Niño Jesús, al Hijo maravilloso de María!" La belleza y majestad de su semblante -decía San Juan Crisóstomo- (10) eran tan dulces e imponentes a la vez, que cuantos lo veían no podían menos de amarlo. Reyes hubo de países muy remotos que quisieron poseer su efigie. Dicen que el Señor mismo, por especial favor, la hizo enviar al rey Abogaro. Y aseguran algunos autores que los soldados romanos y los judíos le velaron el rostro a Jesús para abofetearlo y maltratarlo con mayor libertad, porque sus ojos y su semblante despedían tan suave y encantadora luz, que desarmaba aun a los más crueles.

5 - LA SABIDURIA ES DULCE EN SUS PALABRAS

Jesús es dulce en las palabras. Mientras vivía en la tierra, conquistaba a todo el mundo con la dulzura de sus palabras. Jamás se le oyó gritar ni disputar acaloradamente. Precisamente así lo habían anunciado los profetas: No gritará, no clamará, no voceará por las calles (11). Quienes lo escuchaban desapasionadamente, se sentían tan penetrados por las palabras que salían de su boca, que exclamaban: ¡Nadie ha hablado nunca como ese hombre! (12) Y sus propios enemigos, sorprendidos de su elocuencia y sabiduría, se preguntaban: ¿De dónde saca éste ese saber? (13). Nadie ha hablado nunca con tanta dulzura y gracia. ¿De dónde saca tanta sabiduría en sus palabras?

Las personas humildes dejaban a millares sus hogares y familias para ir a escucharlo hasta en los desiertos y pasaban días y días sin comer ni beber, saciándose únicamente con la dulzura de sus palabras. Dulzura con la cual atrajo en seguimiento suyo a los apóstoles como con un imán, curó a los enfermos más incurables, consoló a los afligidos. Bastó que dijera a la atribulada Magdalena la sola palabra: ¡María!, para que ella quedara colmada de dicha y de dulzura (14).

Continúa...

Notas:

1) La dulzura de la Sabiduría es uno de los temas predilectos de Montfort.

2) Jn 3,16.

3) La expresión María divina puede parecer sorprendente. Quiere subrayar la cercanía de la Madre de la Sabiduría a la divinidad: es morada de Dios, templo de Dios, ciudad de Dios, paraíso de Dios… (Ver VD 2ss; 264.)

4) Jn 11,19.

5) Is 42,3.

6) Jn 1,29.

7) Del himno "Iesu dulcis memoria", atribuido, sin razón, a San Bernardo (ver PL 184,1307).

8) San Bernardo, Sermo 15 in Cantica: PL 183,847.

9) Ver san Agustín, Enarratio in Ps. 44,3: "Iesus dulcis in facie, dulcis in ore, dulcis in opere."

10) Homilia 27 in Matthaeum, n 2: PG 57,346.

11) Is 42,2.

12) Jn 7,46.

13) Mt 13,54.

14) Jn 20,16.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Usted puede opinar pero siempre haciéndolo con respeto, de lo contrario el comentario será eliminado.