La Tradición cuenta que Roberto era un niño cristiano de 10 años que fue capturado y asesinado el Viernes Santo de 1181 (25 de marzo de 1181) y la única documentación sobre ese hecho deriva de registros monásticos de la época. Según las crónicas de la Abadía de St Edmund, su cuerpo presentaba evidencias de que había sido sometido a un asesinato ritual a imitación de la crucifixión de Cristo con heridas en manos y pies y que su sangre había sido drenada. Hacia la década de 1190, muchos comenzaron a venerarlo como mártir.
El monje benedictino inglés Jocelyn de Brakelond (siglo XII), de la ciudad Bury St. Edmunds, mencionó este hecho en su libro Chronicle of the Abbey of St. Edmunds (Crónica de la abadía de St. Edmunds).
Joselyn narró que mientras Roberto se encontraba lejos de su madre, fue atraído por judíos que le ofrecían manzanas y así fue llevado a su barrio, donde fue atado, torturado con heridas en la cabeza, las manos y los pies imitando la Pasión de Cristo, y que fue crucificado el Viernes Santo. Su cuerpo fue arrojado a una zanja y descubierto al día siguiente en medio de un bosque, cerca de la Abadía.
También registró que tras la acusación de asesinato ritual, el cuerpo de Robert fue enterrado en la iglesia de la Abadía de Bury St Edmunds, donde afirmó que ocurrían muchos prodigios y milagros. Jocelyn de Brakelond también fue autor de una historia sobre la vida y martirio del niño Roberto, que lo enmarcaba como un niño santo cuyo sufrimiento reflejaba a los Santos Inocentes. Este escrito también “desapareció” de las crónicas históricas.
El monje y poeta poeta John Lydgate (1370-1451) escribió un poema titulado “Oración por San Roberto”. Este poema sugiere que la historia de Roberto fue muy similar a la de Guillermo de Norwich. Esa historia afirmaba que los judíos secuestraron a un niño con la ayuda de un cristiano, posteriormente lo torturaron y luego lo crucificaron durante la Pascua, burlándose de la muerte de Jesús. El poema de Lydgate dice que Roberto fue “azotado y clavado a un árbol”.
En aquellos tiempos, la veneración de Roberto fue integrada en las tradiciones litúrgicas y artísticas que persistieron durante todo el período medieval.
El culto se intensificó bajo el Abad Samson, elegido en 1182, quien encargó pinturas murales y versos que representaban “temas antijudíos” y estableció un santuario o capilla que albergaba las reliquias de Robert dentro de la iglesia de la Abadía, donde las prácticas devocionales continuaron al menos hasta 1520.
El culto a Roberto de Bury abarcaba a Bury St Edmunds y East Anglia, pero comenzó a expandirse en gran parte de la nación. Cuando parecía que se estaba diluyendo, entre los siglos XIV y XV se produjo un resurgimiento y fue integrado en los devocionarios de la Sagrada Familia y en los medios literarios.
La única ilustración medieval que se conserva representando el martirio del niño Roberto de Bury es la que ilustra este artículo.
La antiquísima imagen representa, arriba a la derecha: al niño Roberto tendido muerto en una zanja junto a un árbol, a su lado, un arquero dispara una flecha hacia un sol gigante.
La imagen arriba a la izquierda muestra a una mujer sosteniendo al niño sobre un pozo. Las palabras en esta imagen dicen: “La anciana deseó, pero no pudo, ocultar la luz de Dios”. Esta mujer podría ser una una cristiana acusada de entregar al niño para su martirio; o bien, podría ser una mujer judía intentando ocultar el cuerpo tras el asesinato.
Debajo, el Abad orando por el alma del niño asesinado.
Suprimiendo los hechos
Entre los especialistas en borrar la verdadera historia e imponer el relato que ya sabemos a quienes beneficia, se encuentra el historiador judío Anthony Bale, quien dijo: “el culto a Roberto surgió debido a la influencia del cercano culto a Guillermo de Norwich. Aunque Bury St Edmunds ya albergaba la tumba de San Edmundo el Mártir, que da nombre a la ciudad, ‘el culto a Guillermo era rival’, por lo que ‘un niño mártir local era conveniente’ para que la abadía conservara a sus peregrinos”.
Según el historiador judío Joe Hillaby, “la muerte de un niño llamado Harold en Gloucester en 1168 ya había establecido que la muerte de Guillermo de Norwich podía usarse como modelo para posteriores muertes inexplicables de niños varones ocurridas alrededor de la Pascua”. Y efectivamente, el mismo patrón se repitió posteriormente en otros lugares, por esa razón “tres años después se presentó la primera acusación de asesinato ritual en Francia”.
Bale, refiriéndose a la investigación de Hillaby, sugirió que “el culto se promovió en un momento en que la abadía de Norwich intentaba imponer su autoridad sobre Bury”. Argumentó que Samson de Tottington, Abad de Bury St Edmunds entre 1182 y 1211, “decidió que la ciudad necesitaba el culto para preservar su independencia”. La febril imaginación del “historiador” judío Bale, sugiere también que el Abad “pudo haber estado vinculado con rivalidades políticas locales, ya que Samson intentaba debilitar a su rival William el Sacristán, quien mantenía relaciones comerciales con los judíos de la ciudad”.
Según el relato oficial, el “pueblo elegido” hoy nos dice que “el ‘consenso académico’ considera que la narrativa del asesinato ritual es inventada, arraigada en prejuicios medievales predominantes más que en evidencia empírica”. En definitiva, ellos siempre son las víctimas de los malvados católicos que inventan historias para difamarlos y jamás habrían cometieron hechos aberrantes contra la humanidad.
Qué ocurrió tras la muerte de Roberto
La muerte del niño Roberto derivó en un violento ataque contra los judíos residentes en Bury St Edmunds. Este ataque tuvo lugar el Domingo de Ramos de 1190. Según la versión oficial, cincuenta y siete judíos fueron asesinados, pero este dato se contrapone con otro registro que indica que la población total de judíos en Bury en ese momento era de cincuenta (¿un mini holocuento?). Tras este suceso, la comunidad judía restante (¿?), por orden del Abad Samson, el líder de la abadía, fue expulsada de la ciudad.
Roberto de Bury se unió al grupo de pequeños santos ingleses del siglo XII con características sorprendentemente similares: todos niños, todos hallados muertos en circunstancias sospechosas y todos aclamados como mártires de las prácticas anticristianas de los judíos.
El primero de los niños asesinados fue Guillermo de Norwich (fallecido en 1144), cuya muerte y culto, dadas las similitudes entre ambos crímenes, reforzaron la tesis sobre las circunstancias de la muerte de Roberto.
La Iglesia Católica había establecido su Festividad el día 25 de marzo.
Su culto fue suprimido en 1536, luego de la Reforma Inglesa (1529), cuando Inglaterra se separó de la Iglesia Católica y estableció la herética iglesia de Inglaterra.
La tumba de este niño mártir hoy no existe, ya que la Abadía de Bury St. Edmunds fue destruida durante la disolución de los monasterios en el siglo XVI, y la tumba desapareció con ella.



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