Por el padre Jorge González Guadalix
Penitentes que, como materia, apenas aportan que si tienen un carácter mejorable, alguna falta de genio, que si la paciencia. Todo lo demás -TODO LO DEMÁS- como si hubiese desaparecido.
En la conciencia de pecado, salvo en personas muy bien formadas, el sexto mandamiento, ese que decían que agobiaba y angustiaba tanto, directamente no existe. Incluso en el caso de personas, digamos “de Iglesia”.
Será cosa social, será cosa de esta nueva cultura que nos impregna, pero difícilmente la gente se acusa de temas de impureza. Aquí seguimos comulgando sin mayor dificultad. Por comodidad, desconocimiento, pero así seguimos. ¿Ah, pero es que eso es pecado? Huy, yo no sabía que no podía comulgar.
También ha desaparecido de la conciencia colectiva el mandamiento BAJO PECADO GRAVE de oír misa entera todos los domingos y fiestas de guardar. Ahora la cosa es que voy a misa cuando puedo. Pues qué bien.
Hace años, en confesión, había dos cosas de las que nadie olvidaba acusarse: faltar a misa y pecados de impureza.
También ha desaparecido de la conciencia colectiva el mandamiento BAJO PECADO GRAVE de oír misa entera todos los domingos y fiestas de guardar. Ahora la cosa es que voy a misa cuando puedo. Pues qué bien.
Hace años, en confesión, había dos cosas de las que nadie olvidaba acusarse: faltar a misa y pecados de impureza.
Hoy esa sensibilidad está completamente perdida. Por eso digo que se me han perdido tres o cuatro mandamientos. El tercero, ese de santificar las fiestas que luego concreta la Iglesia en su primer mandamiento, parece que ha ido desapareciendo desde la comodidad, la ignorancia y el cansancio tal vez de sacerdotes y catequistas que no queremos pasar por “rígidos” y “tradicionalistas”. Al final, “voy si puedo”, con lo flexible que puede ser esa afirmación.
Los otros dos, claramente sexto y noveno. La castidad, siempre reconocida y valorada por la Iglesia, ha perdido tantos enteros que hoy ha pasado de virtud a cosa de memos, enfermos y estrechos de mente. Cosa de los nuevos formadores que se explican en medios de comunicación y tertulias tan falsas como superficiales. ¿Castidad? Yo no soy ni mojigato ni meapilas.
No sigo. Hoy hablar de honradez en lo económico ni merece la pena. La sinceridad pues según. Y otras cosas… tampoco serán tan importantes.
Pero sí. Me faltan algunos mandamientos.
Los otros dos, claramente sexto y noveno. La castidad, siempre reconocida y valorada por la Iglesia, ha perdido tantos enteros que hoy ha pasado de virtud a cosa de memos, enfermos y estrechos de mente. Cosa de los nuevos formadores que se explican en medios de comunicación y tertulias tan falsas como superficiales. ¿Castidad? Yo no soy ni mojigato ni meapilas.
No sigo. Hoy hablar de honradez en lo económico ni merece la pena. La sinceridad pues según. Y otras cosas… tampoco serán tan importantes.
Pero sí. Me faltan algunos mandamientos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Usted puede opinar pero siempre haciéndolo con respeto, de lo contrario el comentario será eliminado.