domingo, 17 de mayo de 2026

LA MAQUINARIA SINODAL DE LEÓN

El informe disfraza la sumisión doctrinal con jerga sinodal, trata la doctrina católica establecida como un mal primer borrador y trae el “matrimonio” homosexual a Roma bajo el pretexto de la “escucha”.

Por Chris Jackson


Los viejos enemigos de la doctrina católica asaltaron los muros. Los nuevos 
enemigos de la doctrina católica programan consultas, elogian la escucha activa, rebautizan las controversias como “cuestiones emergentes” y luego nos informan discretamente que la Iglesia debe dejar de hablar como si la verdad fuera inmutable y rígida. En resumen, el informe del Grupo de Estudio 9 (GE-9) se resume así: el lavado burocrático del modernismo bajo las piadosas etiquetas de sinodalidad, pastoralidad, discernimiento y acompañamiento (El texto completo en inglés está en un documento PDF en inglés aquí).

De qué trata este informe

El Grupo de Estudio 9 es uno de los grupos de estudio del Vaticano adscritos al sínodo sobre la sinodalidad. Su informe final se titula 
Criterios teológicos y metodologías sinodales para el discernimiento compartido de cuestiones doctrinales, pastorales y éticas emergentes. En pocas palabras, se le pidió al grupo que propusiera un método sobre cómo la Iglesia debería abordar las cuestiones doctrinales, morales y pastorales controvertidas dentro del nuevo marco sinodal.

El informe no se presenta como una resolución doctrinal formal. Su importancia radica en el método que propone. Sostiene que las cuestiones controvertidas deben tratarse como cuestiones 
“emergentes, abordadas mediante la escucha, la experiencia vivida, el discernimiento local, la conversación en el Espíritu y lo que el documento denomina repetidamente un cambio de paradigma.

Este método se aplica luego a dos ejemplos: la experiencia de los católicos con atracción por personas del mismo sexo y la cuestión de la no violencia activa. El primer ejemplo es el más revelador, ya que muestra cómo se puede utilizar el lenguaje sinodal para reabrir cuestiones morales ya resueltas sin afirmar abiertamente que se está modificando la doctrina.

Con estos antecedentes, el verdadero problema se hace evidente. Este informe trata sobre la nueva maquinaria que se está desarrollando para procesar la doctrina a través de la experiencia, el testimonio y el discernimiento local.

El método es el mensaje

El primer engaño es léxico
El Grupo de Trabajo-9 afirma haber pasado de cuestiones controvertidas a cuestiones emergentes. Esto suena a un cambio de tono; en realidad, se trata de un desarme estratégico de la doctrina. El término “controvertido” aún sugiere que alguien podría estar equivocado. “Emergente” solo indica que la Iglesia aún no ha aprendido a narrar una nueva realidad. El informe afirma que nuestras categorías y paradigmas operativos heredados son inadecuados, y lo presenta como una humilde aclaración metodológica. Pero cuando un documento teológico comienza declarando inadecuadas las categorías del juicio católico, ya ha revelado sus intenciones.

Por eso, la propia cláusula de exención de responsabilidad del informe resulta tan reveladora. Afirma carecer de la competencia y, sobre todo, de la autoridad eclesiástica para resolver definitivamente cuestiones individuales. Sin embargo, tras confesar su falta de competencia, comienza inmediatamente a redefinir los términos en los que se debatirán posteriormente dichas cuestiones. Es una vieja artimaña. No se elimina la doctrina negándola rotundamente; se la silencia, se llena la sala de 
procedimientos y luego se pregunta por qué las antiguas certezas ya no tienen cabida.

Cambio de paradigma o renuncia doctrinal

El punto central del informe se encuentra en sus páginas dedicadas al “cambio de paradigma”. Allí se afirma, en términos sencillos, que la misión de la Iglesia no consiste en “proclamar abstractamente ni aplicar deductivamente principios establecidos de manera inmutable y rígida”. Esta frase debería zanjar la discusión. La Iglesia, en efecto, proclama la verdad revelada como objetiva y vinculante, y cualquier desarrollo auténtico conserva la misma doctrina con el mismo significado. El Papa Pío X criticó precisamente la idea de que las fórmulas dogmáticas deban adaptarse a las fases cambiantes del creyente y condenó la afirmación de que el dogma evoluciona con el sentimiento religioso. Posteriormente, el Papa Pío XII advirtió contra el historicismo y contra la eliminación de la terminología tradicional del dogma para lograr la asimilación mutua con quienes no pertenecen a la Iglesia católica.

La ironía es casi cómica. El informe denuncia la doctrina 
prefabricada como si la Iglesia hubiera estado repartiendo verdades morales como si fueran raciones de fábrica. Pero la tradición antimodernista nunca trató la doctrina como un paquete inerte; la consideró un don divino. Precisamente por eso se negó a someterla a los caprichos de la época. Una vez que se afirma que los principios se vuelven sospechosos cuando parecen estables, se convierte la teología en algo líquido. Y la teología líquida siempre tiende a sucumbir al espíritu de la época.

Pastoralismo contra doctrina

La segunda gran maniobra del Grupo de Estudio-9 consiste en instrumentalizar la 
pastoralidad. El informe la define como un principio interpretativo y generativo, aboga por un proceso de teorización e implementación continuas e insta a superar la cristalización doctrinal o incluso fundamentalista. El villano, por lo tanto, no es el error, sino la solidez doctrinal y la cristalización. Esta es la teología de quienes se avergüenzan de que la Iglesia alguna vez hablara con firmeza.

Frente a esto, el Papa León XIII insistió en Aeterni Patris en que la Iglesia tenía buenas razones para honrar la filosofía escolástica, y especialmente a Santo Tomás, porque la precisión de las definiciones y distinciones protege la verdad contra las sutiles mentiras de la novedad. El Papa Pío XII expresó la misma idea en Humani Generis: desechar el trabajo conceptual ancestral mediante el cual el dogma se ha formulado con mayor precisión es una imprudencia. Y el Papa León XIII, en Testem Benevolentiae, rechazó explícitamente la propuesta de que los católicos suavizaran u omitieran la doctrina heredada para atraer a quienes difieren. El Grupo de Trabajo-9 repite una vieja tentación condenada con un lenguaje más amigable.

El tratamiento que el informe da a la autoridad confirma este punto. Sitúa el sensus fidei fidelium al frente del proceso y luego reformula la autoridad como aquello que escucha, acompaña y ayuda a que surja un consenso. Esto no es eclesiología católica. En Satis Cognitum, el Papa León XIII afirma que la Iglesia debe tener una sola fe y un mismo juicio. En Mystici Corporis, el Papa Pío XII insiste en que la Iglesia es un cuerpo visible con poder sagrado en sus miembros principales. El modelo del Grupo de Trabajo-9 es centrífugo: nos ofrece una Iglesia de procesos controlados, conocimientos especializados estratificados y consenso diferenciado. El magisterio anterior nos legó una Iglesia de autoridad visible, doctrina objetiva y unidad jurídica. La diferencia no es superficial, sino constitucional.

Donna Haraway llega a Roma

Y entonces llega el toque verdaderamente cómico-serio. El informe dice que la “lógica de la emergencia” enseña al Pueblo de Dios a “quedarse con el problema”. Esa frase aparece en una nota al pie de página de Staying with the Trouble: Making Kin in the Chthulucene (Permanecer con el problema: Creando parentesco en el Chthuluceno), de Donna Haraway.


Para los lectores que, por fortuna, nunca la hayan conocido, Haraway no es una teóloga católica, ni una escolástica, ni siquiera una autoridad moral seria. Es una teórica feminista de la modernidad tardía, vinculada a los estudios de ciencia y tecnología, el poshumanismo, la teoría de las “multiespecies” y el tipo de vocabulario académico que genera expresiones como “prácticas tentaculares”, “simpoiesis”, “creación de parentesco” y “fabulación especulativa”. Su libro es una obra de teoría ecológica feminista sobre los seres humanos, los animales, la Tierra y las intrincadas relaciones de la vida en lo que ella denomina el “Chthuluceno”.

Eso es lo que hace que la cita sea tan reveladora. Un informe del Vaticano sobre discernimiento doctrinal y moral recurre a Haraway para explicar cómo la Iglesia debería abordar las cuestiones 
emergentes. El antiguo método católico citaba las Sagradas Escrituras, los Padres de la Iglesia, los Concilios, el Catecismo Romano, Santo Tomás, Trento, el Concilio Vaticano I y los Papas antimodernistas. El método sinodal cita a una teórica del compost, los cíborgs y la creación de mundos multiespecie.

No hace falta caricaturizarlo. El documento ya lo dice todo. Cuando un informe del Vaticano que intenta orientar el discernimiento católico recurre a la teoría ecofeminista poshumanista, nuestra sospecha deja de parecer paranoia y empieza a parecer reconocimiento de patrones.

La sección para personas con inclinaciones homosexuales dice en voz alta lo que se mantiene en silencio.

En ningún otro lugar se evidencia con tanta claridad la deriva doctrinal del documento como en su tratamiento de la atracción entre personas del mismo sexo. Un testimonio que resume con aprobación llega al 
descubrimiento de que el pecado no consiste en la relación de pareja (entre personas del mismo sexo). El informe plantea entonces la verdadera dificultad eclesial como la tensión entre la firmeza doctrinal y la acogida pastoral, y afirma que el estancamiento solo puede superarse escuchando las experiencias y abandonando el modelo que deriva la praxis de una doctrina prefabricada. Esto es una puesta en escena teológica. La conclusión se introduce subrepticiamente a través del método.
 
El punto culminante llega cuando el informe pregunta, con una evidente 
parresía, si se puede hablar de matrimonio en relación con personas con atracción por el mismo sexo, aun reconociendo la imposibilidad evidente de la procreación en sí misma y la diferencia sustancial entre tales uniones y la conyugalidad heterosexual. Ahí se cae la máscara. Ya no se trata simplemente de un acompañamiento compasivo a las personas; se trata de la presión para reordenar la naturaleza del matrimonio mismo.

La enseñanza preconciliar queda aquí demoledoramente clara. En Casti Connubii, el Papa Pío XI enseña que el matrimonio es la unión conyugal de un hombre y una mujer, que su naturaleza es independiente del capricho humano y que su fin primordial es la procreación y la educación de los hijos. También afirma que la autoridad humana no puede redefinir sus propiedades esenciales. Una vez aceptados estos principios, la pregunta planteada por 
el Grupo de Trabajo-9 queda al descubierto: una invitación a llamar matrimonio a una unión que no lo es, fingiendo que la sensibilidad pastoral ha realizado el trabajo metafísico. No lo ha hecho. Solo ha realizado un trabajo retórico.

Nada de esto implica crueldad hacia las personas. La Iglesia primitiva no tenía la obligación de elegir entre la verdad y la misericordia. Esa falsa dicotomía es una de las premisas más perniciosas del informe. La caridad hacia las almas requiere paciencia, compasión y una atención pastoral sincera. No exige la inversión de los valores morales ni la canonización sentimental de situaciones desordenadas. La tragedia del informe radica en que trata la claridad doctrinal como una herida y la ambigüedad como una cura.

De la guerra justa a la política amable

La sección sobre la “no violencia activa” sigue el mismo patrón. El informe afirma que los marcos que antes se utilizaban para la defensa legítima, “y aún más para la ‘guerra justa’”, parecen cada vez más inadecuados. A continuación, utiliza un estudio de caso político actual para invitar a las comunidades eclesiales a una reconsideración sinodal de la violencia, la coerción y el conflicto. De nuevo, la cuestión no es si los cristianos pueden honrar los actos heroicos de testimonio no violento. Por supuesto que pueden. La cuestión es si las distinciones morales heredadas de la Iglesia se están tratando como normas autorizadas o como herramientas antiguas que esperan ser reemplazadas por otras más satisfactorias emocionalmente.


La respuesta preconciliar no fue el absolutismo pacifista. La tradición catequética asociada al Papa Pío X afirma que puede ser lícito matar en una guerra justa o en defensa propia. Esto no es sed de sangre, sino realismo moral. Una comunidad católica existe en un mundo caído, no en un seminario paliativo. Una vez que la categoría de defensa legítima se disuelve en sospecha generalizada, la teología moral se sentimentaliza y la Iglesia comienza a hablar como si la inocencia política consistiera en desear que el mundo no estuviera caído.

Esto es una mutación, no una “reforma”.

¿Cuáles son, entonces, las consecuencias canónicas y pastorales? Primero, la autoridad se debilita. Si no se pueden prever los resultados con fórmulas preestablecidas, el discernimiento local se convierte en una invitación constante a la divergencia práctica

Segundo, la doctrina pasa de ser una norma a un mero interlocutor

Tercero, la vida pastoral se vuelve inestable, porque los sacerdotes y obispos se ven presionados a practicar la inclusión expresándose con menos claridad que la que la Iglesia solía hacerlo. 

Cuarto, se adoctrina a los laicos en la idea de que la fe es un proceso de surgimiento negociado, en lugar de un depósito revelado. Así es como se llega a una Iglesia con muchos puestos de escucha y muy pocas notas de trompeta.

Aquí se puede apreciar el mecanismo en funcionamiento.
El Grupo de Trabajo-9 guarda un inconfundible parecido con los errores denunciados por el magisterio antimodernista: la experiencia ensalzada, la doctrina suavizada, la autoridad procedimentalizada y la novedad justificada como fidelidad.

Conclusión

Obispos, sacerdotes, religiosos y laicos que aún recuerdan lo que la Iglesia quiso decir al custodiar el depósito del Evangelio, dejen de dejarse impresionar por eufemismos. Denuncien la metodología que emplean y recuperen el antiguo instinto católico de que la doctrina no es materia prima y que la misericordia no es el arte de la ambigüedad estratégica. Relean los textos antimodernistas y enseñen la fe con el mismo significado y la misma esencia. Si los pastores no custodian las palabras de la Iglesia, los lobos las manipularán con gusto.
  

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Usted puede opinar pero siempre haciéndolo con respeto, de lo contrario el comentario será eliminado.