Por Monseñor Carlo Maria Viganò
Los adeptos de la iglesia sinodal —a imagen y semejanza de lo que ocurre en la esfera civil en todos los estados sujetos a la élite globalista— tienen la orden de normalizar la sodomía.
Para ello no se contentan con legitimar o despenalizar los comportamientos de los individuos, sino que incluso buscan “canonizarlos”.
Por eso autorizan “misas” sacrílegas y peregrinaciones igualmente sacrílegas. No solo quieren que el Sacerdocio sea accesible a sodomitas y transexuales, sino que también se preparan para canonizar a algún homosexual pedófilo.
En este marco se comprende cómo la figura controvertida de don Milani (elogiado tanto por Bergoglio como por Prevost) es “perfecta” —por decirlo así— como “símbolo de redención” del modernismo y de la sodomía.
Se apoyarán en las “leyes antidiscriminación” para obtener no solo el acceso de las mujeres al Sacerdocio, sino también la imposición de sacerdotes transexuales y homosexuales.
Es difícil imaginar una disolución más desastrosa, conducida con mayor eficacia.

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