domingo, 28 de agosto de 2022

DE BILL CLINTON A PÉREZ ESQUIVEL: QUIENES PROTEGIERON AL LÍDER DE LA SECTA “ESCUELA DE YOGA”

Las pruebas que van saliendo a la luz muestran hasta dónde llegaban algunas de las ramificaciones de la organización coercitiva denominada “Escuela de Yoga” de Buenos Aires.


“Me gustaría hablarles sobre una pequeña organización no gubernamental con sede en Buenos Aires que tiene que soportar el acoso y la persecución de parte de una justicia corrupta”. La frase pertenece a un discurso pronunciado ante el Capitolio de los Estados Unidos en abril de 1999 por el entonces diputado demócrata Edolphus Towns. En su exposición -y bajo el titulo “La democracia argentina en problemas”- Towns centró su reclamo en la causa que la Justicia argentina llevaba contra Juan Percowicz y su Fundación Escuela de Yoga. El expediente se había iniciado en 1993 y en 1999 todavía seguía dando vueltas por los Tribunales, según informa Virginia Messi en el diario Clarín.

El diputado no estaba solo: el propio Bill Clinton –por esas épocas nada menos que el presidente de Estados Unidos– expresó su preocupación por el expediente y hasta la ONG de ese país “Consejo de Asuntos Hemisféricos” (COHA) financió un viaje de asesores demócratas a la Argentina para entrevistarse con autoridades políticas y judiciales, siempre para abogar en favor de los derechos civiles de los integrantes de la Escuela de Yoga.

En los '90 –bajo el paraguas de la “persecución ideológica”– Juan Percowicz logró armar un escudo con el que no sólo contrarrestó las noticias de su detención y su momentáneo procesamiento por estafa, corrupción de mayores y menores y promoción de la prostitución, dictado por el juez Mariano Bergés en 1995. Alegando que su derecho y el derecho de sus fieles estaba siendo vulnerado, el líder de la Escuela Yoga logró armar una contraofensiva feroz contra sus acusadores. Y en esa misión apiló apoyos de sectores “progresistas”, personalidades y ONGs que hoy desearían que todos los archivos de la época se prendieran fuego.

Juan Percowicz

Una de las víctimas del revisionismo actual sobre la Escuela de Yoga es por estos días el premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, quien en los 90 movió cielo y tierra para mejorar la situación de Percowicz. El papel de Pérez Esquivel fue recordado en los días pasados –documentación en mano– por Pablo Salum, víctima de la secta y su principal denunciante. Y la respuesta del Servicio de Paz y Justicia (SERPAJ) –del que el premio Nobel es presidente honorario– no se hizo esperar.

“Queremos señalar que repudiamos cualquier hecho delictivo vinculado a redes de trata de personas como ha sido histórico en nuestra entidad. A la vez expresamos preocupación y rechazo a los ataques hacia nuestro presidente honorario como así también a otros organismos de Derechos Humanos”, dice el comunicado del SERPAJ. En el comunicado se subraya la buena fe con la que se movieron en el Servicio de Paz y Justicia hace más de 20 años cuando alegaron a favor de “personas a las que la Justicia había sobreseído de varias acusaciones y determinado la falta de mérito en la causa”. También remarcaron la necesidad de que la “Justicia siga su curso”.

Seguramente un buen sector del progresismo argentino haya actuado de buena fe, pensando que efectivamente había un acoso judicial por motivos ideológicos o religiosos. Y tal vez otra parte de esos referentes de los Derechos Humanos haya tenido en cuenta también la preocupación de Estados Unidos sobre la cuestión. La Escuela de Yoga tenía una sede en Chicago y un destacado miembro el oboísta Mariano Krawczyk –hoy detenido– que ayudo a forjar vínculos de peso como el tenor Placido Domingo. Tal vez por eso desde Estados Unidos se organizó una campaña de apoyo que incluyó una carta enviada en el 18 de mayo de 1999 al presidente Carlos Menem y firmada por 28 congresistas norteamericanos.

Es más. Ese mismo mes y año un grupo de asesores del Capitolio llegó a la Argentina para interiorizarse del caso. Tenían una ambiciosa agenda, que no pudieron cumplir en su totalidad. Esta incluía reuniones con miembros de la Corte Suprema de Justicia, con el ministro del Interior Carlos Corach, el de Justicia Raúl Granillo Ocampo, y referentes de organismos como el de Pérez Esquivel o autoridades del Centro de Estudios Legales y Sociales.

Adolfo Pérez Esquivel

El paraguas protector que había conseguido Juan Percowicz (siempre instalándose en el papel de perseguido) comenzó con el mismo inicio de la causa en 1993 y siguió durante una década hasta que la investigación quedó definitivamente desactivada. La nueva investigación iniciada en la Justicia Federal en 2021, a cargo del juez Ariel Lijo y la fiscal Maria Alejandra Mangano, reactivó las acusaciones en un marco legal más propicio que el que había en los 90. Actualmente ya están instaladas figuras como la trata de personas o el lavado de activos, por ejemplo. Hoy, a diferencia de los 90, Percowicz no parece contar con los apoyos nacionales e internacionales que sí tuvo, y muchos, hace casi tres décadas.

Entrevistado por Clarín a principios de esta semana el primer juez de la causa “Escuela de Yoga”, recordó la “banca” que tenía Percowicz: “Y... era gente con muchos vínculos políticos. Yo recuerdo una discusión fuerte que tuve con Carlos Fayt, que era presidente de la Corte. Había una eximición de prisión que habían planteado por el hijo de Percowicz que estaba prófugo. Me llamó Fayt porque lo habían apretado... bueno lo habían llamado. Él, Fayt, tenía muchos vínculos con organizaciones internacionales. A mí me mandaban faxes permanentemente, me aparecían a la mañana cuando llegaba al despacho”.


Una manifestación y un documento

“Apoyando al Dr. Percowicz estamos apoyando a la joven y saludable democracia de nuestro país”. Con este fuerte slogan la Fundación Escuela de Yoga convocó “a toda la población” a manifestarse frente al Palacio de Tribunales en febrero de 1995 momento en el que el número uno de la organización, el contador Juan Percowicz, sería indagado por el juez de Instrucción Mariano Bergés. La convocatoria y sus detalles llegaron por fax a todos los medios periodísticos del país con la leyenda “urgente” escrita con un grueso marcador negro a un costado de la hoja.

Ese fue sólo un capítulo de la intensa campaña que los miembros de FEIYBA (Fundación Escuela Yoga de Buenos Aires) encararon para salvar a su líder, cosa que finalmente consiguieron algunos años más tarde gracias a la intervención de la Corte Suprema de Justicia. Las presiones de figuras nacionales e internacionales a favor de Percowicz fueron muchas. Ante las acusaciones desde la Escuela de Yoga se orquestó una campaña de contraataque muy bien diseñada. Y parte de esta campaña fue un “paper” de 8 páginas preparado a mediados de 1994 en el que se explicaban los orígenes de la Fundación, se acusaba de antisemita a Bergés y se brindaba nombres de supuestos adeptos famosos.

El documento titulado “El caso Fundación EYBA. Historia de una persecución ideológica” sobrevivió en algunos archivos, entre ellos el de Clarín. Su relectura cobró nuevamente valor a partir de la causa que ahora tiene detenido a Percowicz por los delitos de “trata de personas con fines de reducción a la servidumbre, agravada por coerción, hurto agravado, lavado de activos, ejercicio ilegal de la medicina, expendio irregular de medicamentos, tráfico de influencias y asociación ilícita”.

La estrategia de Percowicz a lo largo de esas 8 páginas es sencilla: desacreditar la investigación de Bergés, acusar a sus acusadores y, sobre todo, mencionar a cuanta persona influyente hubiera pasado por la sede de la Fundación Escuela de Yoga para dar alguna conferencia. Desde el entonces número uno de Massalin Particulares, hasta un ex titular del Regimiento de Granaderos a Caballo, del jefe de la Superintendencia de Delitos Contra las Personas de la Policía Federal hasta Carlos Ruckauf, en esa época presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores y Culto de la Cámara de Diputados.

Pepito Cibrián
, Deolindo Bittel, Enrique Pavón Pereyra, Jaime Barylko... hasta Adolfo Bioy Casares, aparece mencionado en el documento. Un nombre abajo del otro, todos bajo el rotulo “expositores”. Los nombres de los conferencistas ocupan casi una carilla del documento en el que también se mencionan instituciones y distintas áreas del Gobierno encabezado por Carlos Menem. Igual que ocurrió con algunos organismos de Derechos Humanos, –a los que convenció de que se estaba frente a un avasallamiento de los derechos civiles de los miembros de la Escuela de Yoga– los personajes “vip” ya sea de la cultura o de la política o la economía fueron listados para mostrar poderío.

Todo eso consta en el “Anexo A” del paper. El “Anexo B” comienza con los premios supuestamente recibidos por Percowicz. Un ejemplo: la Orden al Mérito Cristóbal Colón, otorgada por el Consejo Mundial de Educación por “su destacada labor como figura relevante de Hispanoamérica contribuyendo a la paz mundial, a la comprensión de los pueblos y la elevación cultural y educativa de las Naciones” (sic). Este anexo sigue con los auspicios que tuvo una conferencia realizada por Percowicz el 5 de junio de 1992 poco antes de que comenzara la causa judicial en el juzgado de Mariano Bergés.

La lista impresiona y arranca con un decreto (el Nro. 873) por el que se la declaró de Interés Nacional. Según el documento, el evento fue apoyado por la Organización de Estados Americanos (OEA), el Ministerio del Interior, el de Cultura y Educacion, la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, el Obispado de Morón, la Policía Federal Argentina, la Secretaría de Turismo de la Nacion, la Sedronar, el Comité Nacional de la UCR y el rector de la UCA. Si a eso se suma un batallón de abogados motivados y el interés del Capitolio de los Estados Unidos, que encaró el tema como “una violación a los derechos humanos” en Argentina, es fácil deducir las presiones que se vivieron en la investigación penal contra la Escuela de Yoga.

Bill Clinton

Hoy parece cosa de no creer, pero en los 90 el propio presidente de los Estados Unidos, el demócrata Bill Clinton, se ocupó del tema. Incluso 28 legisladores demócratas firmaron una carta dirigida al presidente Carlos Menem mostrando su preocupación por la causa judicial abierta contra Juan Percowicz. El dossier de mediados de 1994 muestra lo conectado que estaba el líder de la Escuela de Yoga y tal vez también explique por qué la Justicia tardó casi 30 años en animarse a encarar otro megaoperativo en su contra.


El fantasma del antisemitismo

“Se ha resuelto, que es el deseo de la Cámara de Representantes que el Gobierno de la Argentina debe proporcionar una resolución al caso de la Escuela de Yoga Buenos Aires”, se expresó en un documento rubricado en octubre de 2000 por un grupo de legisladores de los Estados Unidos, encabezados por el diputado demócrata Ed Towns. Este fue el pronunciamiento de la Cámara de Representantes norteamericana sobre una denuncia presentada por organizaciones de los Derechos Humanos de la Argentina en la que expuso que la Escuela de Yoga Buenos Aires era perseguida debido a que el líder, Juan Percowicz, integraba la comunidad judía.

Uno de los gestores de la denuncia presentada ante el Congreso de Estados Unidos había sido el oboísta Mariano Krawczyk, con fluida llegada a un grupo de legisladores de ese país; vínculos que forjó a partir de su actividad como músico. Actualmente, Krawczyk figura en el listado de 19 de detenidos. Según Pablo Salum, fundador de la ONG Ley Antisectas, la Escuela de Yoga tenía vínculos políticos con varios ministros y funcionarios de la administración de Menem. Tanto Salum como Mariano Bergés, el primer juez que investigó la secta, en septiembre de 1993, coincidieron en que el jefe de la organización recurría al método de las fotos con personajes del poder de esa época para asegurarse impunidad o para conseguir beneficios, según escribe Gustavo Carabajal en La Nación.

“Es sabido sobre la existencia de tendencias antisemitas dentro de algunos sectores del Poder Judicial argentino con respecto a la persecución de miembros de la Escuela de Yoga Buenos Aires. Aproximadamente el 50 por ciento de los miembros de la Escuela de Yoga Buenos Aires son judíos. Esa persecución queda expuesta considerando el caso de la Escuela de Yoga Buenos Aires y los antecedentes de los bombardeos en la Argentina contra la Asociación Mutual Israelita y la Embajada de Israel que siguen sin resolver después de más de seis años”, se indicó en el documento suscripto por el Congreso de los Estados Unidos en octubre de 2000.

“Hubo encubrimientos durante los últimos años. A través del tiempo se aplicaron una serie de acciones tendientes a continuar con la protección y otorgarles impunidad”, agregó Salum, quien logró escapar de la secta y, actualmente, lucha por recuperar a sus familiares que todavía siguen cautivos de la organización. Los líderes de la secta se valieron de la sensibilidad existente en la Argentina por la defensa de los Derechos Humanos y denunciaron que eran perseguidos. Esta denuncia, falsa, cruzó las fronteras de nuestro país y llegó a la Cámara de Representantes de los Estados Unidos.

“Personal del Congreso viajó a la Argentina para investigar las acusaciones de persecución ideológica y antisemita en el Caso Escuela de Yoga Buenos Aires. El ganador del Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, pidió el juicio político al juez interino del caso por el fallo en el que declaró la insania de miembros de la Escuela de Yoga Buenos Aires. Teniendo en cuenta que el Presidente Bill Clinton ha instado reiteradamente al Gobierno de la Argentina a asegurar que el caso de la Escuela de Yoga Buenos Aires se resuelva lo más rápidamente posible; y considerando que numerosos congresistas han escrito cartas a autoridades de la Argentina sobre el caso de la Escuela de Yoga Buenos Aires y nunca han recibido una respuesta satisfactoria”, concluyó el documento rubricado en octubre de 2002.


Detalles sobre Pérez Esquivel

“Hace más de veinte años Pérez Esquivel defendió a la organización y movió influencias para sacar de la cárcel a Percowicz”, dijo Salum a La Nación. Por otro lado, en el medio digital Noticias y Protagonistas leemos que el fundador de la Red Librementes habló sobre las denuncias que realizó durante años contra la denominada “Secta del Horror” y dio detalles sobre la reunión que tuvo con Pérez Esquivel.

Pablo Salum afirmó: “es un tema que vengo exponiendo hace más de una década y todos los medios nacionales y provinciales, nunca quisieron difundir. Hay una red de encubrimiento y salió a la luz con una denuncia nueva que realicé y donde se está comprobando todo. Hay documentos y constancia en la causa judicial”.

Incluso apuntó a un apoyo internacional para el desarrollo de este tipo de sectas que cooptan personas “en situación de vulnerabilidad”, según las definió Salum: “el juez Mariano Garcés que fue parte de la causa, hizo públicas las presiones que recibió de estos organismos y del ex juez Fayt de la Corte Suprema para que cierren la causa. Incluso que vinieron congresistas norteamericanos para presionar y que cierren la causa. Nos han robado la posibilidad de tener justicia porque este grupo coercitivo siguió haciendo lo mismo”.

Pablo Salum

Desde chico, Pablo pudo escapar de ese lugar, pero su familia quedó dentro de la secta y nunca más supo de ella: “no sé dónde está mi familia, están vivos por lo que puedo averiguar en los padrones, pero no puedo saber dónde están físicamente. Durante tres décadas traté de buscar información no sólo para encontrar a mi familia, sino también para desbaratar a esta organización”.

En medio tuvo una reunión con Pérez Esquivel a quien señaló como cómplice y encubridor de este tipo de actividades y se lo señaló en persona: “cuando me reuní con Pérez Esquivel lo miré a los ojos y me di cuenta que era culpable. En el video se puede ver cómo cambia su cara sin saber dónde meterse cuando le saco el tema. El no sabía quien era yo. Por eso me recibió. Cuando saqué del maletín los papeles firmados por él y le comenté que fui víctima, el tipo no sabía dónde meterse”, remarcó.


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