viernes, 1 de julio de 2022

UN LOGO QUE ME PARECE MUY DESAFORTUNADO

Que el logo sea circular y en multicolor como el de la agenda 2030 no deja de ser una mera coincidencia que entiendo no pasará de esa categoría...

Por el padre Jorge Gonzalez Guadalix


Quizá es que un servidor es demasiado susceptible, pero es que ya veo una banderita multicolor y me pongo nervioso, porque al final no sé si va de la cosa del orgullo gay o la agenda 2030, o es que tal vez somos los mismos o si no lo somos nos parecemos, o somos coleguis o nos apoyamos sin apoyarnos o tal vez no queremos confundirnos pero tal vez sí.

Pudiera ser que uno esté demasiado obsesionado con según que cosas, o que no tenga el mejor día, o que a lo mejor justo hoy sea el mejor, que vaya usted a saber, y entiende que sería bueno marcar distancias con según qué realidades, o a lo mejor sería preferible intentar mantenernos en nuestro sitio a la vez que hacemos un guiño a las nuevas realidades tal vez con la pretensión de un sí, pero no aunque tal vez pudiera pero sin ser del todo. Cosas que a uno se le escapan.

A lo mejor todo son casualidades. Que el logo sea circular y en multicolor como el de la agenda 2030 no deja de ser una mera coincidencia que entiendo no pasará de esa categoría. Que el orgullo gay enarbole como signo una banderita pseudo arco iris y en el logo aparezcan colorines, tampoco tiene que significar nada. En definitiva, el arco iris es bíblico y por tanto nos pertenece. La banderita gay es apropiarse de lo nuestro.

Posiblemente fuera una buena idea, que eso las empresas lo bordan, asumir como Iglesia católica universal unas características básicas de coloridos y estructura que sean la base de nuestras comunicaciones. Otra cosa es que las diócesis o diversas instituciones católicas luego hagan, también en esto, lo que les dé la gana, que libres nos hizo Dios y obedecer es cosa de intransigentes mentales. Pero bueno, como Iglesia universal habría que tener algunos criterios claros en colores, estructuras, símbolos indispensables, y a partir de ahí ir elaborando una imagen de marca, de forma que sea el logo como sea, baste ver colores y estructura básica para saber que estamos ante algo de la Iglesia católica.

Eso sí, si asumimos los colorines de quien no debemos y círculos de quien entiendo propone cosas que van abiertamente en contra de la antropología y la teología católicas, serán casualidades, o no, pero lo mismo nos confunden, o piensan que queremos confundir, o que estamos confundidos o que por si acaso hacemos un guiño no sea qué. Cosas que la gente entiende, porque cuatro muñequitos de colores uno tras otro lo mismo sirve para una Iglesia en camino que para bailar la conga de Jalisco.

Poco claro el logo. O demasiado claro. O sí pero no, o no aunque en el fondo sí. Como la vida misma. O como la Iglesia misma. O no. O el equivocado soy yo, que veo más de lo que se debe ver, o sí, porque veo lo que se pretende que se vea aunque lo que se pudiera ver no es lo que se quiere que se vea. O si.

Un lío. Mejor me voy a dar un paseo con Socio y me despejo.


De profesión, cura


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