martes, 9 de febrero de 2021

PÍO XII: LAS VIRTUDES ARCANAS DEL SANTO SACRIFICIO DE LA MISA POR EL BIEN DE LA SOCIEDAD HUMANA

Publicamos un extracto del discurso del Santo Padre Pío XII durante el consistorio semipúblico del 20 de febrero de 1946 para la imposición de la birreta a los nuevos cardenales. Palabras y significados para profundizar y meditar.

Sólo la Iglesia puede llevar al hombre de la oscuridad a la luz; solo ella puede hacerle consciente de un pasado vigoroso, el dominio del presente, la seguridad del futuro. Pero su supernacionalidad no opera bajo la apariencia de un Imperio, que extiende sus tentáculos en todas direcciones con el objetivo de dominar el mundo: como una madre de familia, reúne todos los días en la intimidad a todos sus hijos esparcidos por el mundo; los reúne en la unidad de su principio divino vital. ¿No nos vemos todos los días en nuestros innumerables altares, como Cristo Víctima divina, con sus brazos extendidos de un extremo al otro del mundo, envolviendo y conteniendo al mismo tiempo en su pasado, en su presente, en su futuro, toda la sociedad humana?

Es la Santa Misa, ese sacrificio incruento instituido por el Redentor en la Última Cena, "quo cruentum illud semel in cruce peragendum repraesentaretur eiusque memoria in finem usque saeculi permaneret, atque illius salutaris virtus in remissionem eorum, quae a nobis daily committuntur, peccatorum aplicador". Con estas palabras lapidarias del Concilio de Trento, grabadas en la memoria perpetua en una de las horas más serias de la historia, la Iglesia defiende y proclama sus mejores y más altos valores, que son también los mejores y más altos valores para el bien de la sociedad, que unen indisolublemente su pasado, su presente, su futuro y arrojan una luz viva sobre los inquietantes enigmas de nuestro tiempo. 

En la Santa Misa los hombres se vuelven cada vez más conscientes de su pasado de pecados y al mismo tiempo de los inmensos beneficios divinos en la memoria del Gólgota, el acontecimiento más grande de la historia de la humanidad, reciben la fuerza para liberarse de la más profunda miseria del presente, la miseria de los pecados cotidianos, mientras hasta los más abandonados sienten un soplo del amor personal del Dios misericordioso.

Venerables hermanos, en la Santa Misa la Iglesia, por tanto, presta su mayor apoyo a la fundación de la sociedad humana. Todos los días, desde donde sale el sol hasta donde se pone, sin distinción de pueblos y naciones, se ofrece una ofrenda pura, [Cfr. Malach . 1, 11] 1 en el que todos los hijos de la Iglesia esparcidos por el universo participan en íntima fraternidad, y todos encuentran allí refugio en sus necesidades y seguridad en sus peligros. 


1. “Pero de oriente a occidente mi nombre es grande entre las naciones; en todo lugar se quema incienso a mi nombre y también se hacen ofrendas; porque grande es mi nombre entre las naciones” dice el Señor de los ejércitos. (El "Señor de los ejércitos" es el Dominus Deus Sabaoth que en la nueva traducción (arbitrariamente exegética en el sentido modernista) del Sanctus se ha convertido en Dios del universo...

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