sábado, 17 de octubre de 2020

VIDEOMENSAJE DE FRANCISCO A LOS PARTICIPANTES DEL "PACTO MUNDIAL SOBRE EDUCACIÓN" (15 DE OCTUBRE DE 2020)


En la Pontificia Universidad Lateranense, durante un evento en vivo en streaming promovido por la Congregación para la Educación Católica, se transmitió un video mensaje del papa Francisco a los participantes del “Pacto Mundial por la Educación”.


Publicamos a continuación el texto del video mensaje:

Queridos hermanos y hermanas:

Cuando los invité a iniciar este camino de preparación, participación y planificación de un pacto educativo global, nunca imaginamos la situación en la que se desarrollaría; el Covid ha acelerado y amplificado muchas de las urgencias y emergencias que encontramos y ha revelado muchas otras. Las dificultades de salud fueron seguidas por las económicas y sociales. Los sistemas educativos de todo el mundo han sufrido la pandemia tanto a nivel escolar como académico.

En todas partes se ha intentado activar una respuesta rápida a través de plataformas informáticas educativas, que han mostrado no sólo una marcada disparidad en las oportunidades educativas y tecnológicas, sino también que, debido al confinamiento y muchas otras deficiencias existentes, muchos niños y adolescentes se han quedado atrás en el proceso natural de desarrollo pedagógico. Según algunos datos recientes de organismos internacionales, se habla de una "catástrofe educativa" -es un poco fuerte, pero se habla de una "catástrofe educativa" -, ante los aproximadamente diez millones de niños que podrían verse obligados a abandonar la escuela por de la crisis económica generada por el coronavirus, aumentando una brecha educativa ya alarmante (con más de 250 millones de niños en edad escolar excluidos de cualquier actividad educativa).

Ante esta dramática realidad, sabemos que las medidas sanitarias necesarias serán insuficientes si no van acompañadas de un nuevo modelo cultural. Esta situación ha despertado la conciencia de que se debe realizar un cambio en el modelo de desarrollo. Para que respete y proteja la dignidad de la persona humana, se debe partir de las oportunidades que la interdependencia planetaria ofrece a la comunidad y a los pueblos, cuidando nuestra casa común y protegiendo la paz. La crisis que atravesamos es una crisis global, que no se puede reducir ni limitar a un solo ámbito o sector. Es completa. El Covid ha hecho posible reconocer de forma global que lo que está en crisis es nuestra forma de entender la realidad y relacionarnos.

En este contexto, vemos que las recetas simplistas o los vanos optimismos no son suficientes. Conocemos el poder transformador de la educación: educar es apostar y dar la esperanza presente que rompe los determinismos y fatalismos con los que el egoísmo de los fuertes, el conformismo de los débiles y la ideología de los utópicos quieren imponerse muchas veces como única vía posible. 1

Educar es siempre un acto de esperanza que invita a la coparticipación ya la transformación de la lógica estéril y paralizante de la indiferencia en otra lógica distinta, capaz de acoger nuestra pertenencia común. Si los espacios educativos hoy se ajustan a la lógica de la sustitución y de la repetición; y son incapaces de generar y mostrar nuevos horizontes, en los que la hospitalidad, la solidaridad intergeneracional y el valor de la transcendencia construyan una nueva cultura, ¿no estaremos faltando a la cita con este momento histórico ?

También somos conscientes de que un camino de vida necesita una esperanza basada en la solidaridad, y que cualquier cambio requiere un itinerario educativo, para construir nuevos paradigmas capaces de responder a los desafíos y emergencias del mundo contemporáneo, para comprender y encontrar soluciones a las exigencias de cada generación y hacer florecer la humanidad de hoy y de mañana.

Creemos que la educación es una de las formas más efectivas de humanizar el mundo y la historia. La educación es ante todo una cuestión de amor y responsabilidad que se transmite en el tiempo de generación en generación.

La educación, por lo tanto, se propone como el antídoto natural de la cultura individualista, que en ocasiones degenera en un verdadero culto al yo y en la primacía de la indiferencia. Nuestro futuro no puede ser la división, el empobrecimiento de las facultades de pensamiento e imaginación, de escucha, de diálogo y de comprensión mutua. Nuestro futuro no puede ser ese.

Hoy es necesaria una nueva temporada de compromiso educativo, que involucre a todos los componentes de la sociedad. Escuchemos el grito de las nuevas generaciones, que resalta la necesidad y, al mismo tiempo, la estimulante oportunidad de un renovado itinerario educativo, que no vuelva la mirada hacia el otro lado, favoreciendo graves injusticias sociales, violaciones de derechos, formas terribles de pobreza profunda y el desperdicio de vidas humanas.

Lo que se pide es un proceso integral que responda a aquellas situaciones de soledad e incertidumbre sobre el futuro que afectan a los jóvenes y generan depresión, adicción, agresividad, odio verbal y bullying. Esto conlleva un viaje compartido que no es indiferente al flagelo de la violencia, el abuso de menores, el fenómeno del matrimonio infantil y los niños soldados, la tragedia de los niños vendidos como esclavos. Por no hablar de los “sufrimientos” que padece nuestro planeta como consecuencia de una explotación insensata y despiadada que ha desembocado en una grave crisis medioambiental y climática.

En determinados momentos de la historia, es necesario tomar decisiones radicales que puedan moldear no sólo nuestro modo de vida sino sobre todo nuestra postura ante posibles escenarios futuros. En medio de la actual crisis de salud - y la pobreza y confusión que ha causado - creemos que es hora de suscribir un pacto global sobre educación para y con las generaciones futuras. Esto exige un compromiso por parte de las familias, comunidades, escuelas, universidades, instituciones, religiones, gobiernos y toda la familia humana con la formación de hombres y mujeres maduros.

Hoy estamos llamados a tener la parresia necesaria y dejar atrás los enfoques superficiales de la educación y los muchos atajos asociados con la utilidad, los resultados de las pruebas (estandarizadas), la funcionalidad y la burocracia, que confunden educación con instrucción y terminan atomizando nuestras culturas. En cambio, debemos apuntar a impartir una cultura integral, participativa y poliédrica. Necesitamos el coraje para generar procesos que trabajen conscientemente para superar la fragmentación existente y los conflictos que todos traemos con nosotros. Necesitamos el coraje de renovar el tejido de las relaciones en aras de una humanidad capaz de hablar el lenguaje de la fraternidad. El valor de nuestras prácticas educativas se medirá no simplemente por los resultados de las pruebas estandarizadas, sino por la capacidad de afectar el corazón de la sociedad y ayudar a dar a luz a una nueva cultura. Un mundo diferente es posible y estamos llamados a aprender a construirlo. Esto involucrará todos los aspectos de nuestra humanidad, tanto como individuos como en nuestras comunidades.

Hacemos un llamamiento de manera particular a los hombres y las mujeres de cultura, de ciencia y de deporte, a los artistas, a los operadores de los medios de comunicación, en todas partes del mundo, para que ellos también firmen este pacto y, con su testimonio y su trabajo, se hagan promotores de los valores del cuidado, la paz, la justicia, la bondad, la belleza, la acogida del otro y la fraternidad. “No debemos esperar todo de quienes nos gobiernan, porque eso sería pueril. Tenemos el espacio que necesitamos para la corresponsabilidad en la creación y puesta en marcha de nuevos procesos y cambios. Participemos activamente en la renovación y el apoyo a nuestras sociedades atribuladas. Hoy tenemos una gran oportunidad de expresar nuestro sentido innato de fraternidad, de ser buenos samaritanos que soportan el dolor de los problemas ajenos en lugar de fomentar un mayor odio y resentimiento” (Fratelli tutti, 77). Un proceso plural y multifacético capaz de involucrarnos a todos en respuestas significativas, de donde la diversidad y los enfoques se pueden armonizar en la búsqueda del bien común. La capacidad de crear armonía: eso es lo que se necesita hoy.

Por estos motivos nos comprometemos personalmente y conjuntamente a:

Primero: hacer de las personas humanas, en su valor y dignidad, el centro de todo programa educativo, tanto formal como informal, con el fin de fomentar su distinción, belleza y singularidad, y su capacidad de relación con los demás y con el mundo que los rodea, mientras al mismo tiempo, enseñándoles a rechazar estilos de vida que fomenten la difusión de la cultura del descarte.

Segundo: Escuchar la voz de los niños, adolescentes y jóvenes a quienes transmitimos valores y conocimientos, para construir juntos un futuro de justicia y de paz, a vida digna para cada persona.

Tercero: Promover la plena participación de las niñas y los jóvenes en la educación.

Cuarto: Tener a la familia como primera e indispensable educadora.

Quinto: Educar y educarnos para acoger, abriéndonos a los más vulnerables y marginados.

Sexto: Comprometernos a encontrar nuevas formas de entender la economía, la política, el crecimiento y el progreso que realmente puedan estar al servicio de la persona humana y de toda la familia humana, en el contexto de una ecología integral.

Séptimo: Salvaguardar y cultivar nuestra casa común, protegiéndola de la explotación de sus recursos, adoptando estilos de vida más sobrios y buscando el aprovechamiento integral de las energías renovables y respetuosas del entorno humano y natural, siguiendo los principios de subsidiariedad, solidaridad y economía circular.

Finalmente, queridos hermanos y hermanas, queremos comprometernos con valentía a desarrollar un plan educativo dentro de nuestros respectivos países, invirtiendo nuestras mejores energías e introduciendo procesos creativos y transformadores en cooperación con la sociedad civil. En esto, nuestro punto de referencia debe ser la doctrina social que, inspirada en la palabra revelada de Dios y el humanismo cristiano, proporciona una base sólida y un recurso vital para discernir los caminos a seguir en la presente emergencia.

El objetivo de esta inversión educativa, basada en una red de relaciones humanas y abiertas, es asegurar que todos tengan acceso a una educación de calidad en consonancia con la dignidad de la persona humana y nuestra vocación común a la fraternidad. Es hora de mirar al futuro con valentía y esperanza. Que nos sostenga la convicción de que la educación lleva en sí una semilla de esperanza: la esperanza de la paz y la justicia; la esperanza de la belleza y la bondad; la esperanza de la armonía social.

Recordemos, hermanos y hermanas, que las grandes transformaciones no se construyen en un escritorio. Hay una “arquitectura” de la paz en la que intervienen las diversas instituciones y personas de una sociedad, según su propia competencia, pero sin excluir a nadie (cf. Fratelli Tutti 231). Así tenemos que seguir: todos juntos, cada uno como es, pero siempre mirando juntos hacia adelante, hacia esta construcción de una civilización de la armonía, de la unidad, donde no haya lugar para esta virulenta pandemia de la cultura del descarte. Gracias.


1 Cfr. M. De Certeau, El extraño o unión en la diferencia, Vida y Pensamiento, Milán 2010, 30.



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