lunes, 20 de mayo de 2019

ALABAMA, AÑO CERO

Sería absurdo, un día como hoy, que intentara informar o comentar primero de cualquier otro asunto: Alabama ha prohibido, en la práctica, el aborto provocado, en una iniciativa extraordinaria que podría señalar el principio del fin de la Cultura de la Muerte.

Por Carlos Esteban

Vamos por partes. El problema del aborto en Estados Unidos no es meramente que se permita, sino que una sentencia del Tribunal Supremo en 1973, en el caso Roe vs Wade, que sentó jurisprudencia, determinó que el aborto provocado estaba protegido por la Constitución en un nebuloso ‘derecho a la privacidad’. La sentencia fue muy criticada desde el punto de vista técnico, jurídico, porque hacía decir a la carta magna americana lo que de ninguna manera decía, y de ahí derivó toda una escuela de interpretación que veía en ella un “texto vivo” lleno de “penumbras” que solo los jueces del Supremo podían dilucidar.

La consecuencia, naturalmente, fue convertir a los nueve jueces en una ‘junta’ no electa que puede revertir el resultado de cualquier decisión presidencial, parlamentaria o popular, como se demostró cuando hizo el mismo ‘truco’ con el matrimonio homosexual, que fue rechazado en referéndum por 31 Estados. El caso es que el aborto se convertía en intocable para cualquier poder, amparado por su condición de ‘derecho constitucional’, que solo el propio Supremo podía revertir. De ahí que se considere que el legado más importante que puede dejar un presidente en su paso por la Casa Blanca, cuando hay una vacante, es nombrar jueces para el augusto tribunal.

Del ‘derecho’ surgió una industria, un poderoso valedor, Planned Parenthood, que es la organización privada más favorecida por la ONU, un negocio con muchos derivados e incontables intereses. Y siendo Estados Unidos el país más poderoso y culturalmente influyente de la tierra, la maquinaria abortista funcionando en todo el mundo a toda potencia parecía asegurada en un horizonte de futuro predecible.

Pero los provida no se rindieron jamás, y a pesar de ser ninguneados y ridiculizados por los medios, acosados por los abortistas, detenidos por la policía y atacados desde todos los ángulos, no cejaron y lograron que, poco a poco, milímetro a milímetro, la opinión pública -a años luz de la publicada- empezara a entender que el aborto estaba destrozando el alma de nuestras sociedades, anestesiándonos a nuevas aberraciones, y que en el futuro se verá probablemente como hoy contemplamos la esclavitud legal.

Así, y desde hace ya más de una década, los candidatos provida, en igualdad de condiciones, tienen más probabilidades de resultar elegidos que los partidarios del aborto. Pero nada de eso servía para cambiar nada esencial en el estado jurídico de la cuestión. Ni siquiera la llegada a la Casa Blanca del presidente más favorable a las tesis abolicionistas que ha tenido Estados Unidos en décadas, Donald Trump, que llegó a dirigirse a los participantes en la última y multitudinaria Marcha por la Vida en Washington, parecía capaz de alterar este estado de cosas.



La batalla parecía estar donde corresponde, en el Supremo, en el que Trump ha logrado meter a dos jueces y en el que los conservadores -probables provida, aunque nunca se sabe- serían mayoría tras el esperable retiro de la juez Ginsburg si Trump sigue en la Casa Blanca para proponer sustituto.

Y entonces llega la Ley de Protección de la Vida Humana (Human Life Protection Act), aprobada por el congreso estatal por 74 votos contra tres, y todo se da la vuelta. La ley tipifica como delito realizar abortos, penado con diez años de cárcel, aunque la madre no sería castigada.

Lo que se espera, naturalmente, es que la ley se recurra al Supremo, ya que supuestamente vulnera un derecho constitucional, dando al alto tribunal una oportunidad de revertir el precedente judicial de Roe vs Wade.

Y ahora empieza la verdadera batalla, porque todos los grandes poderes de este mundo van a usar su potencia de tiro contra esta tendencia. Porque el aborto no es una medida más de la Cultura de la Muerte: es su eje, su núcleo, su tesoro más preciado; como decían las Femen que asaltaron el Congreso español, es su “sacramento”. Temen, no sin razón, que si acaba el régimen de terror y muerte que supone el aborto legal, toda su funesta obra estará en peligro. Temen que la gente abra los ojos y se horrorice en nombre de todos esos inocentes masacrados legalmente, con el beneplácito de las autoridades legítimas, con la intervención de una profesión que existe para salvar vidas y convertido en un formidable negocio de muerte.


InfoVaticana



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