Por Catholic Apologetics Insight
Hoy dedicaremos un tiempo a examinar los problemas filosóficos del budismo a la luz del realismo tomista.
A partir de las obras de Santo Tomás de Aquino, podemos analizar en profundidad los diversos problemas de las enseñanzas budistas y ofrecer una refutación clara.
El budismo, en su esencia, se basa en una comprensión errónea de la realidad y la creación. Solo mediante la revelación divina y la gracia de la fe se nos concede una comprensión adecuada de la realidad de la creación, el alma humana y el fin último del hombre.
Es cierto que no podemos saber mucho sobre la existencia de un creador, la realidad de la naturaleza —la inmoralidad humana, etc.— a partir de la naturaleza misma. Sin embargo, solo mediante la revelación se nos da claridad sobre el fin propio del hombre, el propósito de la creación y una comprensión adecuada de nuestra propia naturaleza caída.
Santo Tomás de Aquino nos ofrece una comprensión adecuada utilizando la sabiduría de la Iglesia y la filosofía antigua (que no es más que sentido común) para ayudarnos a examinar correctamente algunas ideas erróneas del pensamiento budista y llegar a conclusiones acertadas.
Comencemos.
1. El problema de la nada: ¿Es toda existencia sufrimiento?
El budismo enseña comúnmente que la existencia condicionada está marcada por el dukkha —sufrimiento o insatisfacción— y que la liberación requiere superar el apego y la ignorancia.
Un análisis tomista distinguiría entre:
• El ser en sí mismo, que es bueno en la medida en que existe.
• El mal, que Santo Tomás explica como una privación o defecto de un bien que debería estar presente.
• El sufrimiento, que es un mal o defecto real en ciertas circunstancias, no establece que la existencia misma sea mala.
Santo Tomás escribe:
“Todo ser, en cuanto ser, es bueno”.
— Santo Tomás de Aquino, Summa Theologiae, I, q. 5, a. 3.
El argumento católico sería que la existencia, considerada precisamente como tal, es buena. El sufrimiento no prueba que el ser mismo sea defectuoso; más bien, surge en seres finitos y cambiantes, susceptibles a la privación.
La pregunta central es: ¿La liberación requiere la extinción del deseo y el apego, o requiere la correcta ordenación de nuestros deseos hacia el verdadero bien?
El tomismo aboga por lo segundo. La respuesta al amor desordenado no es el rechazo de la bondad, sino un amor ordenado correctamente.
2. El problema del yo: Anattā y la persona humana
Muchas tradiciones budistas enseñan anattā o anātman, que consiste en la negación de un yo permanente e independiente, del tipo que podría confundirse con un alma eterna.
El tomismo, por el contrario, enseña que la persona humana posee un alma racional, que es la forma sustancial del cuerpo humano.
Santo Tomás sostiene que el alma racional subsiste y no perece cuando muere el cuerpo (Summa Theologiae, I, q. 75, aa. 2–6).
Esto plantea una seria cuestión filosófica para las concepciones budistas del renacimiento:
Si no existe un sujeto personal perdurable, ¿qué es precisamente lo que renace, hereda consecuencias kármicas y alcanza la liberación?
Los filósofos budistas han desarrollado respuestas sofisticadas que implican la continuidad causal sin un yo inmutable. Una crítica tomista justa debe abordar directamente esas respuestas en lugar de asumir que el budismo simplemente enseña que nada existe.
El argumento examinaría si la continuidad causal por sí sola explica adecuadamente la identidad personal, la responsabilidad moral y la liberación final del sujeto.
3. El problema de la realidad última: origen dependiente y vacuidad
Muchas escuelas budistas explican los fenómenos a través del origen dependiente: las cosas surgen en dependencia de causas, condiciones y otros fenómenos. El budismo Mahāyāna, en particular el Madhyamaka, desarrolla la doctrina de śūnyatā, o vacuidad, que a menudo se entiende como la ausencia de existencia intrínseca e independiente.
El tomismo ofrece una explicación diferente de la dependencia.
Los seres creados existen genuinamente, pero no poseen existencia por sí mismos. Reciben y dependen del acto de ser.
Santo Tomás sostiene que todo lo que existe a través de otro depende en última instancia de aquello que existe a través de sí mismo: Dios, el acto subsistente del ser (Summa Theologiae, I, q. 2, a. 3; I, q. 3, a. 4).
La distinción crucial es la siguiente:
Muchas escuelas budistas explican los fenómenos a través del origen dependiente: las cosas surgen en dependencia de causas, condiciones y otros fenómenos. El budismo Mahāyāna, en particular el Madhyamaka, desarrolla la doctrina de śūnyatā, o vacuidad, que a menudo se entiende como la ausencia de existencia intrínseca e independiente.
El tomismo ofrece una explicación diferente de la dependencia.
Los seres creados existen genuinamente, pero no poseen existencia por sí mismos. Reciben y dependen del acto de ser.
Santo Tomás sostiene que todo lo que existe a través de otro depende en última instancia de aquello que existe a través de sí mismo: Dios, el acto subsistente del ser (Summa Theologiae, I, q. 2, a. 3; I, q. 3, a. 4).
La distinción crucial es la siguiente:
• Origen dependiente budista: los fenómenos surgen de forma dependiente, sin requerir un creador eterno en el sentido teísta tradicional.
• Metafísica tomista: la dependencia de los seres finitos apunta a una primera causa que no es simplemente un elemento más dentro de la cadena de causas, sino la fuente última de su existencia.
Una refutación rigurosa tendría que establecer por qué los seres dependientes requieren una causa sustentadora de la existencia, en lugar de simplemente afirmar que toda cadena de causas debe tener un comienzo temporal.
4. El problema de Dios: ¿Puede explicarse el universo sin un creador?
El budismo no es uniformemente ateo en el sentido moderno: diversas tradiciones budistas reconocen a los devas y otros seres sobrenaturales. Sin embargo, en general, el budismo no basa su concepción de la liberación en un dios creador.
Un argumento tomista no comenzaría con una laguna en el conocimiento científico, sino con la metafísica:
El budismo no es uniformemente ateo en el sentido moderno: diversas tradiciones budistas reconocen a los devas y otros seres sobrenaturales. Sin embargo, en general, el budismo no basa su concepción de la liberación en un dios creador.
Un argumento tomista no comenzaría con una laguna en el conocimiento científico, sino con la metafísica:
1. Las cosas en el mundo cambian.
2. Las cosas que son potenciales deben ser actualizadas por algo real.
3. Una serie jerárquica de causas que dependen aquí y ahora de causas previas no puede explicar su propia existencia simplemente remitiéndose a otras causas dependientes.
4. Por lo tanto, debemos llegar en última instancia a una primera fuente de realidad que no dependa de otras fuentes.
Esta es la dirección general de los Primeros y Segundos Caminos de Santo Tomás (Summa Theologiae, I, q. 2, a. 3).
El argumento se refiere a la explicación última de la existencia, no simplemente a lo que sucedió al principio del universo.
5. El problema del fin último: ¿Nirvāṇa o la visión beatífica?
Quizás el desacuerdo más profundo concierne al destino final de la humanidad.
En términos generales, el budismo busca la liberación del sufrimiento y del ciclo de renacimiento. El significado preciso de nirvāṇa varía según las tradiciones budistas y no debe equipararse simplemente con la aniquilación.
El tomismo enseña que el intelecto humano busca naturalmente la verdad y que la voluntad humana busca el bien. Ningún bien finito puede satisfacer plenamente el deseo del intelecto de conocer la verdad última ni el anhelo de la voluntad por la bondad perfecta.
En consecuencia, Santo Tomás identifica el fin sobrenatural último de la humanidad como la Visión Beatífica: la visión directa de Dios, hecha posible por la gracia divina (Summa Theologiae, I–II, q. 3, aa. 8; q. 5, a. 5).
La cuestión central es si la máxima realización humana consiste en la liberación del ciclo de la existencia condicionada o en la realización de la criatura racional a través del conocimiento y el amor a Dios.
Desde la perspectiva tomista, la persona humana no se perfecciona dejando de buscar el bien supremo, sino alcanzando el bien supremo en sí misma.
Quizás el desacuerdo más profundo concierne al destino final de la humanidad.
En términos generales, el budismo busca la liberación del sufrimiento y del ciclo de renacimiento. El significado preciso de nirvāṇa varía según las tradiciones budistas y no debe equipararse simplemente con la aniquilación.
El tomismo enseña que el intelecto humano busca naturalmente la verdad y que la voluntad humana busca el bien. Ningún bien finito puede satisfacer plenamente el deseo del intelecto de conocer la verdad última ni el anhelo de la voluntad por la bondad perfecta.
En consecuencia, Santo Tomás identifica el fin sobrenatural último de la humanidad como la Visión Beatífica: la visión directa de Dios, hecha posible por la gracia divina (Summa Theologiae, I–II, q. 3, aa. 8; q. 5, a. 5).
La cuestión central es si la máxima realización humana consiste en la liberación del ciclo de la existencia condicionada o en la realización de la criatura racional a través del conocimiento y el amor a Dios.
Desde la perspectiva tomista, la persona humana no se perfecciona dejando de buscar el bien supremo, sino alcanzando el bien supremo en sí misma.
6. La comparación moral: el desapego, la caridad y la vida virtuosa.
Una crítica católica seria también debería reconocer las auténticas enseñanzas morales del budismo: la compasión, la autodisciplina, la oposición a la codicia y el reconocimiento de que el apego desordenado puede producir sufrimiento.
La discrepancia no radica en que todas las enseñanzas morales budistas sean falsas.
Más bien, el tomismo se pregunta qué es lo que en última instancia fundamenta la moralidad y la orienta hacia su fin último.
Para Santo Tomás:
Una crítica católica seria también debería reconocer las auténticas enseñanzas morales del budismo: la compasión, la autodisciplina, la oposición a la codicia y el reconocimiento de que el apego desordenado puede producir sufrimiento.
La discrepancia no radica en que todas las enseñanzas morales budistas sean falsas.
Más bien, el tomismo se pregunta qué es lo que en última instancia fundamenta la moralidad y la orienta hacia su fin último.
Para Santo Tomás:
• La virtud perfecciona la naturaleza humana en lugar de abolirla.
• Las pasiones deben ser gobernadas por la razón, no destruidas indiscriminadamente.
• El amor se perfecciona mediante la caridad, la virtud sobrenatural por la cual amamos a Dios por encima de todas las cosas y a nuestro prójimo por amor a Dios.
• El sufrimiento se puede soportar y ofrecer con amor; no es simplemente algo de lo que hay que escapar.
Esto proporciona una base para distinguir el desapego budista de la pobreza de espíritu cristiana, y la compasión budista de la caridad cristiana, sin pasar por alto las similitudes entre prácticas morales particulares.
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