jueves, 15 de octubre de 2026

15 DE OCTUBRE: SANTA TERESA DE JESÚS

15 de Octubre: Santa Teresa de Jesús

(✞ 1582)


La seráfica madre Teresa de Jesús, nació en Ávila, ciudad de las principales de España, y fueron sus padres Alonso de Cepeda y doña Beatriz de Ahumada, personas nobles y muy cristianas. Siendo de siete años, sintió tan vivamente la eternidad de la gloria y las penas del infierno, que repetía a menudo y con gran ponderación: “Para siempre, para siempre, para siempre”. Con la lectura de la vida de los mártires, se encendió en tal deseo del martirio, que saliendo de casa con su hermano Rodrigo, quiso irse a África para ser martirizada por Cristo, por los moros: más un tío suyo los halló y los regresó a su casa, y viendo a los niños frustrados sus deseos, hicieron en la huerta de su casa dos celdillas para llevar allí vida de ermitaños. 

Apenas contaba Teresa doce años de edad, cuando su madre pasó a mejor vida, y ella comenzó a tomar gusto por leer novelas, con cuyas lecturas se le despertó grande afición por las galas y vanidades del mundo; y teniendo catorce años, trabó amistad con un pariente suyo que puso su inocencia en gravísimos peligros. Su padre la sacó de ellos poniéndola en un convento de religiosas de San Agustín. 

Entonces volvieron a despertarse en ella los primeros fervores, y creciendo más con la experiencia, a la edad de veinte años determinó entrar como monja en el Monasterio de la Encarnación de Ávila, de Religiosas Carmelitas. 

El día de la Asunción le dio un paroxismo tan largo que estuvo cuatro días como muerta, y hasta le dieron la unción; más, volviendo en sí, dijo que había estado en el Cielo, y que había visto lo que el Señor quería hacer de su sagrada Orden del Carmen. 

Padeció grandes sequedades en la oración por espacio de dieciocho años, más, con lo que San Francisco de Borja la animó, concibió gran odio contra sí misma, quebrantando en todo su voluntad, y se vistió con un silicio de hoja de lata agujereado a modo de rallador, que dejaba toda su carne llagada. 

Por más de tres años vio a su lado a Cristo, Señor Nuestro, y mereció que un ángel hermosísimo y tan encendido que parecía un serafín, con un dardo de oro le traspasase el corazón y la dejase abrasada en grande amor de Dios. 

Muchas veces fue vista levantada de la tierra y con el rostro lleno de resplandores; los que comulgaban solían verla con el rostro todo resplandeciente; y con los mismos resplandores la vieron muchos cuando escribía sus admirables libros. 

Con la protección de San José, de quien era devotísima, llevó a cabo la reforma de la Orden del Carmen y fundó multitud de conventos. 

Finalmente, después de haber asombrado al mundo con sus heroicas virtudes, milagros estupendos y libros inspirados, entregó su alma al Divino Esposo a la edad de sesenta y siete años; y en el instante en que expiró, una religiosa vio salir por su boca una paloma blanca que voló a los cielos, y fue tan grande la fragancia que echaba de sí su virginal cadáver, que fue necesario abrir las ventanas para poderlo soportarlo, y el mismo olor celestial exhala todavía hoy su cuerpo incorrupto. 

Reflexión: 

Por las vanas lecturas estuvo a punto de perder esta santa no solamente el tesoro inestimable de sus méritos, más aún la joya de su virginidad y hasta su misma alma. ¡Para cuántos jóvenes ha sido esta la causa de su perdición! Un mal libro es el veneno más poderoso de la virtud, y las novelas sobre todo, han producido en el mundo daños incalculables. 

Oración: 

Óyenos ¡Oh Dios! que eres nuestra salud, para que así como nos alegramos en la festividad de tu bienaventurada virgen Teresa, así nos sustentemos con el alimento de su celestial doctrina y recibamos por intercesión de ella, el fervor de su piadosa devoción. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

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