sábado, 19 de septiembre de 2026

19 DE SEPTIEMBRE: SAN GENARO, OBISPO Y MÁRTIR


19 de Septiembre: San Genaro, Obispo y Mártir

(✞ 305)

En la época de la persecución de los cristianos bajo el emperador romano Diocleciano, a finales del siglo III, San Genaro era obispo de Benevento, en el sur de Italia. Su martirio —que incluyó arresto e interrogatorio— se asemeja en esencia al de otros mártires. Se distingue, sin embargo, por un detalle particular: Genaro y sus siete compañeros fueron enganchados a un carro como si fueran animales de tiro —caballos o asnos— y obligados a arrastrarlo a gran velocidad, llevando consigo al jefe de policía hasta Nápoles. Durante el trayecto, el látigo silbaba constantemente junto a sus oídos; además, a los lados del camino, muchos curiosos los golpeaban, les arrojaban piedras y se burlaban de ellos. Al llegar a Nápoles, estos valientes confesores de la fe fueron arrojados a las fieras. Pero como los animales —menos sedientos de sangre que los seres humanos— perdonaron la vida a los mártires, los verdugos procedieron a decapitarles. Así terminó la vida de San Genaro, aunque, curiosamente, fue con su muerte cuando su historia realmente comenzó.

Desde siempre, los cristianos tuvieron la costumbre de recoger los restos mortales de los mártires, darles sepultura con reverencia y erigir iglesias y altares sobre sus tumbas para celebrar en ellos el Santo Sacrificio. Asimismo, solían empapar un paño en la sangre fresca de los ajusticiados, conservándolo y venerándolo después como una reliquia preciosa.

Con San Genaro sucedió algo más. Durante su ejecución, se hallaba presente una mujer que casualmente llevaba consigo dos frascos pequeños. Cuando brotó la sangre del santo Obispo, ella, con gran presencia de ánimo, llenó ambos frascos hasta algo más de la mitad con la sangre fresca del mártir. Esa misma noche, tras la ejecución, otros cristianos recuperaron también los cuerpos de los mártires. Esto ocurrió en el año 305.

Veinte años más tarde, cuando la era de tres siglos de las catacumbas de la Iglesia llegó a su fin gracias al emperador Constantino, se erigió un templo sobre el lugar de descanso de San Genaro y sus compañeros [Festus (diácono), Desiderius (lector), Sossus (diácono de Miseno), Proculus (diácono de Pozzuoli), Euticius / Eutychius (laico) y Acutius (laico)]. Los restos de los mártires fueron exhumados y depositados en una urna preciosa. Entonces apareció también aquella mujer, trayendo consigo los dos frascos con la sangre de San Genaro, la cual ya se había secado hacía mucho tiempo. Sin embargo, al colocar los frascos sobre el altar, junto a las demás reliquias, la sangre seca que contenían cobró vida, volviéndose líquida y espumosa.

¡Una historia extraordinaria! Pero lo más sorprendente del caso es que, desde el año 325 hasta nuestros días, este fenómeno con la sangre (que tiene lugar el 1 de mayo, el 19 de septiembre y el 16 de diciembre) se repite ante innumerables testigos. Y todos aquellos que deseen verlo pueden presenciar el suceso muy de cerca.

Si alguna vez tus pasos te llevan allí en uno de los tres días mencionados, visita la iglesia de San Genaro en Nápoles. Al ser un visitante, se te asignará un lugar junto al altar para que puedas presenciar los acontecimientos de cerca. Un obispo o un sacerdote te mostrará los dos pequeños frascos que se encuentran tras un vidrio abombado, dentro de una especie de custodia. Ambos están llenos hasta la mitad de sangre coagulada y seca, de un color pardo rojizo. Su contenido no se mueve, ni siquiera al poner el recipiente boca abajo. Sin embargo, cuando el sacerdote se acerca al relicario con los frascos, la sangre sólida se agita, se vuelve líquida, se expande y llena ambos frascos casi hasta el cuello. Podrás ver todo esto con total claridad, aunque nadie sabrá explicarte cómo sucede ni cómo es posible. No obstante, saldrás de allí con una fe más firme en aquello por lo que San Genaro y sus compañeros sufrieron el martirio.

Reflexión

En el mundo antiguo, derramar la sangre de un hombre representaba el símbolo máximo de su derrota. El Imperio Romano cortó la cabeza de Genaro para silenciar su mensaje y demostrar el poder del emperador. Sin embargo, la tradición nos recuerda que, a los ojos de Dios, la sangre entregada por amor nunca se seca, nunca se olvida y nunca muere.

Oración:

Oh Dios, Padre nuestro, que nos concedes la alegría de venerar la memoria de tu santo mártir y obispo Genaro, te pedimos humildemente que nos concedas, por su poderosa intercesión, participar de su misma gloria en el Cielo. Tú que diste a San Genaro el valor de derramar su sangre por amor a Cristo, y que sigues mostrando el signo de su victoria a través del milagro de su sangre viva, mira con bondad nuestras necesidades actuales (aquí se hace la petición particular). Te lo pedimos por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
 
Nota Diario7: Tras  la “reforma” de 1969, la celebración de San Genaro pasó de ser una fiesta obligatoria para toda la Iglesia universal a una Memoria Libre (o facultativa). Esto significa que los sacerdotes del mundo pueden elegir si celebrar su misa ese día o no. Durante la “reforma”, sí se consideró la opción de retirar a San Genaro del calendario global, pero la enorme devoción popular en Italia (especialmente en Nápoles) y en otras comunidades alrededor del mundo ejerció una resistencia tan fuerte que la Iglesia optó por mantener al santo en el calendario general.
 

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