Por Caballero de la Inmaculada
Información tomada de INFOVATICANA y ANGLICAN INK.
El Consejo del Sínodo General de la Iglesia Anglicana de Canadá aprobó el pasado Junio un documento ad experimentum que autoriza a sus ministros a ofrecer acompañamiento pastoral y, con autorización del “obispo” correspondiente, impartir bendiciones a personas que hayan decidido recurrir a la muerte médicamente asistida (MAiD, por sus siglas en inglés).
El texto, titulado Pastoral Liturgies at the Time of Death in Contexts of Medically Assisted Dying (Liturgias pastorales en la hora de la muerte en contextos de Muerte médicamente asistida), no solo contempla la presencia de ministros anglicanos antes de la muerte provocada, sino que desarrolla un completo itinerario litúrgico que puede incluir confesión, imposición de manos, unción, Sagrada Comunión, bendiciones, oraciones durante el procedimiento y plegarias tras el fallecimiento. Todo ello queda sujeto a la autorización del “obispo” correspondiente y al “criterio pastoral de cada comunidad”.
El documento extiende así un proceso iniciado por la declaración pastoral del Sínodo General “In Sure and Certain Hope” (En esperanza segura y cierta) del 2017 y la colección de ensayos “Faith Seeking Understanding: Medical Assistance in Dying” (La fe buscando el entendimiento: La asistencia médica para morir) de 2024.
Paradójicamente, el documento comienza afirmando que “no es nuestra intención entrar en los argumentos éticos” sobre la eutanasia ni ofrecer “un argumento moral a favor o en contra”.
En lugar de abordar la cuestión desde la moral cristiana, sus autores sostienen que la iglesia tiene el deber de brindar atención pastoral a todos los moribundos, y “cuando alguien busca atención pastoral, la iglesia responde”, porque quienes eligen la asistencia médica para morir son “criaturas de un Dios amoroso”, cuya dignidad bautismal los hace “dignos de recibir el ministerio de la iglesia”. Como señala el Libro de los Servicios Alternativos, “si los enfermos no pueden ir a la iglesia, entonces la Iglesia [...] debe ir a ellos”.
Un ritual concebido específicamente para la eutanasia
Una vez iniciada la intervención del equipo sanitario, el ritual continúa con las invocaciones “Sal de este mundo, alma cristiana… Que tu descanso sea hoy en paz, y tu morada en el paraíso de Dios”, o “En tus manos, oh Salvador misericordioso, encomendamos a tu siervo (o sierva, o sierve) N. Recíbelo en los brazos de tu misericordia, en el bendito descanso de la paz eterna”. Para los feligreses que no pueden estar presentes junto al lecho del difunto, hay un “Servicio para quienes no pueden asistir en persona” que se utiliza “cuando llega el momento de la administración de la asistencia médica para morir”, con salmos, el Nunc Dimittis, letanías y el Padre Nuestro.
Tras la muerte, se incluyen plegarias de despedida, bendiciones para la familia y formularios para el acompañamiento posterior de los allegados.
El documento evita juzgar la licitud moral de la eutanasia
El marco teológico incluye además el concepto del “espacio sutil”, un concepto procedente del paganismo celta detrás de fiestas satánicas como el Halloween o la Noche de Walpurgis:
“Es un privilegio atender a los enfermos y moribundos y estar presentes con ellos en sus últimos momentos de vida. Cuando la muerte se acerca, entramos en un Espacio Sutil, o Tierra Sagrada, donde el Cielo y la Tierra se encuentran mientras, mediante la oración y los sacramentos, acompañamos la transición de este mundo al siguiente.
Las personas que experimentan una muerte asistida médicamente también están acompañadas por Dios. La Iglesia de Dios puede estar presente en este último tránsito”.
Bajo el título “Estar preparados para partir”, el texto es comprensivo y directo:
“Las personas que eligen la asistencia médica para morir libremente y sin coacción pueden estar, en efecto, preparadas para partir. Han vivido con problemas de salud complejos y desean que el dolor cese… Han agotado todas las opciones médicas y saben, todos lo saben, que no hay cura… Algunos… desean no estar solos en el momento de su muerte, morir bien, con la gracia y la bendición de Dios y con la presencia de la Iglesia a su lado. Estos recursos ofrecen… recursos clericales para asistir a los moribundos en una muerte santa, fundamentada en la firme y segura esperanza de la resurrección”.
La orientación pastoral reconoce que la asistencia médica para morir (MAiD) “suscita opiniones encontradas y contundentes”, y que “la Iglesia Anglicana de Canadá no tiene una postura unánime sobre el tema”. Se insta a los “obispos” a que expresen sus políticas con claridad; se recomienda al clero que “evalúe sus propios sentimientos” y que busque apoyo pastoral alternativo si, en conciencia, no puede orar junto a la cama de una persona que recibe asistencia médica para morir.
La guía advierte que “la autonomía individual no es un valor del Evangelio, ni tampoco lo son la coerción ni la manipulación”, y condena “los sistemas que convierten la muerte asistida médicamente en una opción donde no debería serlo, en lugares con acceso deficiente a una atención médica adecuada”. Sin embargo, también insta a los pastores a estar preparados para “aproximadamente una década de experiencia con la muerte asistida médicamente en Canadá”, y a tratar estas muertes como una parte más de su labor.
Al mismo tiempo, el texto intenta establecer una distinción entre bendecir a la persona y bendecir la decisión de recurrir a la eutanasia. Con todo, reconoce que esa diferencia puede resultar difícil de percibir y recomienda que los ministros actúen con prudencia para evitar confusión entre los fieles:
“Una consideración crucial para algunos pastores será si, al pronunciar la bendición de Dios sobre la persona que está muriendo, están bendiciendo el acto de la decisión de recurrir a la asistencia médica para morir (MAiD) o el procedimiento en sí… Será importante… elegir y adaptar oraciones… que no impliquen que el procedimiento… y la decisión de emplear la MAiD… estén recibiendo la bendición de Dios. Sin embargo, es parte normal de la atención pastoral orar por la persona que está muriendo y ofrecerle la bendición de Dios y de la Iglesia”.
Un precedente: El caso de la Iglesia Unida de Canadá
La expansión de la muerte médicamente asistida en Canadá
Diez años después de la legalización de la MAiD, y aún sin conocerse las cifras de 2025, más de 100.000 personas han fallecido mediante este procedimiento y el país registra actualmente el mayor número de muertes por eutanasia del mundo, superando incluso a Bélgica y Países Bajos combinados.
Solo en 2024, las cifras oficiales reflejan 16.499 fallecimientos por muerte médicamente asistida, el dato anual más elevado desde la entrada en vigor de la ley en 2016, constituyendo el 5% de las muertes en Canadá (aunque en sectores de Québec, la provincia donde más se aplica la eutanasia, el porcentaje aumenta a 13%). Si bien el Gobierno canadiense sostiene que el crecimiento comienza a estabilizarse, el número de casos continúa aumentando año tras año.

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