Eminencias:
En este tiempo santo de Pascua, deseo transmitirles mi más sincero y fraternal saludo, con la esperanza de que la paz del Señor resucitado sostenga y renueve nuestro mundo que sufre.
Renuevo asimismo mi agradecimiento por su participación en el Consistorio del pasado mes de enero. Aprecio enormemente el trabajo realizado en los grupos, que facilitó intercambios libres, concretos y espiritualmente fructíferos, así como la notable calidad de las intervenciones realizadas durante la sesión plenaria. Las contribuciones recopiladas constituyen un recurso de valor duradero, sobre el que espero que se siga reflexionando y que madure a través del discernimiento eclesial.
En mis observaciones finales de enero, ya me referí a algunos elementos relativos a la sinodalidad que surgieron de los grupos. Ahora, deseo centrarme en particular en lo que surgió de los grupos con respecto a Evangelii Gaudium, especialmente en lo que se refiere a la misión y la transmisión de la fe.
Vuestras contribuciones dejan claro que esta Exhortación sigue siendo un importante punto de referencia. Además de introducir nuevos contenidos, vuelve a centrarlo todo en el kerigma como corazón de nuestra identidad cristiana y eclesial. Se reconoció como un “soplo de aire fresco”, capaz de iniciar procesos de conversión pastoral y misionera —más que de producir reformas estructurales inmediatas— y, de este modo, de guiar profundamente el camino de la Iglesia.
De hecho, ustedes han destacado cómo esta perspectiva supone un desafío para la Iglesia a todos los niveles. A nivel personal, llama a cada bautizado a renovar su encuentro con Cristo, pasando de una fe meramente recibida a una fe verdaderamente vivida y experimentada. Este camino influye en la calidad misma de la vida espiritual, que se expresa en la primacía de la oración, en el testimonio que precede a las palabras y en la coherencia entre la fe y la vida. A nivel comunitario, exige pasar de un enfoque pastoral de mantenimiento a uno de misión. Esto requiere que las comunidades sean agentes vivos del anuncio: comunidades acogedoras que utilicen un lenguaje accesible, atentas a la calidad de las relaciones y capaces de ofrecer espacios de escucha, acompañamiento y sanación. A nivel diocesano, surge claramente la responsabilidad de los pastores de apoyar con determinación la audacia misionera, asegurándose de que dicha audacia no se vea lastrada ni sofocada por excesos organizativos, sino que esté guiada por un discernimiento que nos ayude a reconocer lo esencial.
De todo ello se deriva una concepción profundamente unificada de la misión, centrada en Cristo y kerigmática. Nace de un encuentro con Cristo capaz de transformar vidas y de difundirse por la atracción más que por la conquista. Es una misión integral, que mantiene en equilibrio el anuncio explícito, el testimonio, el compromiso y el diálogo, sin ceder ni a la tentación del proselitismo ni a una mentalidad meramente institucional de conservación o expansión. Incluso cuando la Iglesia se encuentra en minoría, está llamada a vivir con valiente confianza, como un pequeño rebaño que lleva esperanza a todos, consciente de que el objetivo de la misión no es su propia supervivencia, sino la comunicación del amor con el que Dios ama al mundo.
Entre las sugerencias concretas que surgieron, merecen ser acogidas y objeto de una reflexión más profunda las siguientes: la necesidad de relanzar Evangelii Gaudium mediante una evaluación sincera de lo que realmente se ha asimilado a lo largo de los años y de lo que, por el contrario, sigue siendo desconocido o no se ha puesto en práctica, prestando especial atención a las reformas necesarias de los procesos de iniciación cristiana; la importancia de valorar las visitas apostólicas y pastorales como auténticas oportunidades para la proclamación kerigmática y para el crecimiento de la calidad de las relaciones; y la necesidad análoga de reevaluar la eficacia de la comunicación eclesial, incluso a nivel de la Santa Sede, desde una perspectiva más explícitamente misionera.
Con el corazón lleno de gratitud, renuevo mi agradecimiento por vuestro servicio y vuestra contribución a la vida de la Iglesia. En cuanto al próximo Consistorio, que tendrá lugar los días 26 y 27 de junio, se facilitará información más detallada a su debido tiempo para facilitar los preparativos necesarios.
En el Señor resucitado, fuente de nuestra esperanza, les envío mis más cordiales saludos de Pascua.
Con estima fraterna en Cristo,
Desde el Vaticano, 12 de abril de 2026
LEON PP. XIV
Texto original en italiano

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