miércoles, 28 de diciembre de 2022

LAS COMPARACIONES SON TREMENDAMENTE CLARIFICADORAS

Ya sabemos eso de que las comparaciones son odiosas. Pues depende cuáles, porque comparar siempre ha sido una forma elemental de exigir justicia.

Por el padre Jorge González Guadalix


Desde que somos niños invocamos las comparaciones como forma elemental de reivindicar una justicia que sea igual para todos, vieja aspiración humana: por qué mi hermana puede hacer tal y yo no, por qué Fulanito tiene permiso para esto y a mí se me niega. Ni les cuento en las parroquias: a Fulanita le han bautizado al niño cuando ha querido y a mí me obligan a hacerlo en un bautizo comunitario, o por qué Vanessa ha podido hacer la comunión en tercero y mi niño nada hasta que esté en cuarto. Son argumentos de bastante peso y difícilmente rebatibles.

En pocos días han salido a la prensa los desgraciados y escabrosos casos de dos sacerdotes católicos: el padre Roberto Juan Yannuzzi, fundador del Instituto Miles Christi, y el padre Marko Ivan Rupnik, de la Compañía de Jesús. Los cargos son prácticamente los mismos en los dos casos: “culpable de los delitos contra el sexto mandamiento con adultos, de absolución del cómplice y de abuso de autoridad”.

Lo que sorprende es con qué diferencia se han tratado los dos casos.

En el primer caso, según podemos leer en Aciprensa, el Arzobispado de La Plata determinó que se rescinda el contrato por el que, desde hace 16 años, el Instituto Miles Christi tiene a cargo la Parroquia San Luis Gonzaga y el Colegio San Francisco de Asís. Seguimos leyendo que “el papa Francisco además expulsó a Yannuzzi del estado clerical”.

El caso Rupnik se las trae porque era conocido desde hace años lo que estaba pasando. Aciprensa también. Lean, que merece la pena. Por absolución de cómplice incurrió en pena de excomunión latae sententiae que le fue levantada en el sorprendente tiempo de apenas un mes. Por supuesto que nadie lo ha expulsado del estado clerical. Tiene, solo faltaba, algunas restricciones y ya: “prohibición de ejercer el sacramento de la Confesión, la dirección espiritual y la realización de Ejercicios Espirituales”. Tiene prohibido también “participar en actividades públicas sin el permiso de su superior local”.

Dos casos muy semejantes. Un trato del todo diferente. ¿Por qué a mi hermana la dejas comer caramelos y a mí no? ¿Por qué, señorita, Fulanito puede ir al baño cada vez que lo pide y yo no? ¿Y por qué si estábamos hablando en clase los dos yo me quedo sin recreo y mi amiguito no? ¿Y porqué tengo que ir yo siempre a por el pan y mi hermano no?

¿Y por qué a uno se le expulsa del estado clerical y al otro no? Cosa de las comparaciones, ya se sabe. Unos tiene gorra, o padrinos o padrino, por ejemplo el padre Rupnik… y otros a los gorrazos, como el padre Yanuzzi. Como tampoco se entiende la amplísima gorra de que disfruta el padre James Martin, activista pro gay, ni los gorrazos al padre Frank Pavone, quizá el sacerdote más activo y conocido en la causa provida de Estados Unidos, director nacional de Sacerdotes por la Vida y presidente del Consejo Religioso Nacional Pro-Vida, que ha sido reducido al estado laical.

Misterios.


De profesión, cura


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