martes, 1 de junio de 2021

REVOLUCIÓN FRANCESA: CÓMO LOS FRANCESES FUERON LOBOTOMIZADOS

¿Qué exactamente se dirá usted a sí mismo una vez que usted comprenda que lo que le voy a decir es todo verdadero, y que lo que usted ha aprendido a través de su vida entera es todo falso?


A comienzos de 2010 el ensayista estadounidense John Kaminski publicó en su sitio johnkaminski.info el artículo Nº 33 de la serie The Nature of the Next Chapter, titulado "How the French Were Lobotomized", que es un breve recordatorio de los funestos sucesos de la Revolución en Francia y sus antecedentes, principalmente en base a un libro del capitán Archibald Ramsay y a otro de Eustace Mullins. El cuadro descrito tiene como propósito señalar los paralelos que se dan entre aquel proceso y la realidad estadounidense, de acuerdo al autor.

CÓMO LOS FRANCESES FUERON LOBOTOMIZADOS

por John Kaminski

2 de Enero de 2010
«En la Kábala, el mal toma una existencia misteriosa por sí mismo, cuyos preceptos se remontan a la aparición física de la vida en la Tierra, o a Adán. La Kábala afirma que Adán arrojó la corriente entera de la vida fuera de equilibrio, y que la Iglesia, o el cristianismo, al formalizar la existencia de la gente adámica en la Tierra, se ha convertido en un problema que debe ser resuelto. Ésta es la esencia del principio básico anti-vida que es la base de toda la Kábala y de su heredera, la masonería. Estos preceptos declaran que el Satanismo conseguirá su triunfo final sobre la Iglesia y el cristianismo, acabando así con el "dualismo" de este mundo, la lucha entre el bien y el mal. En resumen, el problema del bien y el mal se acabará completamente cuando el mal triunfe y el bien sea eliminado de la Tierra. Este programa puede parecer algo simplista, pero es la premisa básica de la Kábala y de la francmasonería» (Eustace Mullins, La Maldición de Canaán, cap. 2).
Usted ha renunciado a su vida por algo que usted ni siquiera conoce, y peor aún, usted ni siquiera sabe que usted ha hecho aquello.

La mayor parte de las personas vive y muere sin saber nunca esto, y sólo cuestionando cada historia que siempre nos han dicho, puede conducir a la sospecha de que la Historia que ha sido inculcada en nuestras mentes no es nada más que la misma clase de fraudulenta fabricación impuesta a nosotros hoy, con cada informe deliberadamente distorsionado que sale vomitado desde nuestros televisores.

La misma gente que planeó las Revoluciones francesa y bolchevique, así como la guerra civil estadounidense y ambas Guerras Mundiales, fue la que llevó a cabo el 11-S. Y ellos siempre usan los mismos métodos: un grupo-objetivo que a ellos no les gusta es vilipendiado, se crea una provocación ficticia y la guerra es declarada contra ellos. Los motivos de la guerra son mentiras SIEMPRE indemostrables, porque ellas son sólo ficciones construidas, usadas como excusas para bombardear naciones y matar a gente que posee recursos naturales que ellos quieren robar.

Así como la Ley de la Reserva Federal de 1913 fue el mecanismo desencadenante de la Primera Guerra Mundial, y Pearl Harbor fue la escenificada afrenta que arrastró a Estados Unidos a la Segunda Guerra Mundial, del mismo modo el 11-S fue el catalizador artificial para la guerra permanente contra el mundo que ahora está teniendo lugar en Palestina, Iraq, Afganistán, Sudán, Colombia y muchos otros lugares. De hecho, la semilla de la máquina de muerte de los titiriteros ha brotado en cada país en este planeta.

Pero es en la Revolución francesa donde podemos ver de manera más vívida lo que está a punto de sucedernos ahora, ya que el desfile de líderes que fueron usados para defender una revolución insensata antes de ser guillotinados cuando ellos ya no eran útiles se parece muchísimo al elenco de sombríos personajes de los medios informativos de hoy que desfilan ante nosotros como nuestros "líderes".

El escritor Eustace Mullins afirma en su obra "La Maldición de Canaán" que una completa comprensión del Régimen del Terror de las Revoluciones francesa, bolchevique y española —y comprender lo que le pasó a Gran Bretaña, Francia, Rusia y Alemania, y ahora lo que le está ocurriendo a Estados Unidos— nos proporciona una escalofriante visión anticipada de lo que ha de venir.
"Es difícil imaginar que las calles y los ríos de Francia alguna vez fluyeron con la sangre de inocentes", escribe Mullins.
Mullins describe la escena en París justo después de que el rey Luis XVI fuera guillotinado:
"El destino de la princesa de Lamballe, una agradable aristócrata de mediana edad que se había escapado de la ciudad, fue típico. Impulsada por la lealtad a su señora, María Antonieta, ella retornó a París para ayudarla. La princesa fue prontamente agarrada por la muchedumbre, destripada en público, y sus partes privadas exhibidas por las ciudades como trofeos del triunfo de la Revolución. Después del asalto de los Guilerriers [?], un joven aprendiz cayó en las manos de la muchedumbre. Una gran cacerola fue llevada, y se hizo un fuego bajo ella. Él entonces fue freído en mantequilla, después de lo cual los revolucionarios disfrutaron de un banquete".

"Los cementerios de París se convirtieron en escenas de orgías nocturnas, muchas de ellas ritos místicos que no habían sido vistos en la Tierra desde la destrucción del templo de Baal. Las tumbas fueron abiertas, y los cadáveres usados en ritos diabólicos" (...)

"La base ideológica para esas atrocidades había sido consagrada en la asamblea nacional el 26 de Agosto de 1789, que adoptó formalmente la Declaración de los Derechos del Hombre", explica Mullins (cap. 5).
Este sangriento recuerdo envenenó permanentemente las percepciones de los franceses, que justificadamente recelan de todos, porque en lo profundo de sus genes, ellos recuerdan que su herencia y su país les fueron robados, y aquello, ellos lo respaldaron entusiastamente cuando sucedió.

El capitán Archibald Maule Ramsay, en su libro "La Guerra Sin Nombre" (The Nameless War), lo describe de la siguiente manera:
"La Revolución francesa de 1789 fue el acontecimiento más alarmante en la historia de Europa desde la caída de Roma.

Un nuevo fenómeno apareció entonces ante el mundo. Nunca antes una muchedumbre aparentemente había organizado una revolución exitosa contra todas las otras clases en el Estado, bajo slogans altisonantes pero completamente absurdos, y con métodos que no tenían el menor rastro de los principios venerados en aquellos slogans. Nunca antes un sector de alguna nación había conquistado a todos los otros sectores, y menos todavía arrasado con cada rasgo de la vida y la tradición nacional, desde el rey, la religión, la nobleza, el clero, la Constitución, la bandera, el calendario y nombres de lugares, hasta la acuñación de monedas. Tal fenómeno merece la atención más cercana, especialmente en vista del hecho de que ha sido seguido por brotes idénticos en muchos países. El principal descubrimiento que tal examen revelará es el hecho siguiente: la revolución no fue obra de franceses para mejorar Francia. Fue el trabajo de extranjeros, cuyo objeto era destruir todo lo que había sido Francia" (cap. 2).
Mullins sitúa el contexto. Una de las atrocidades menos conocidas de la Historia humana fue la masacre francesa de los hugonotes durante los siglos XVI y XVII.

A lo largo de todo su libro "La Maldición de Canaán" Mullins rastrea la progresión histórica de aquel grupo que llamaríamos ahora los poderes judíos en la sombra que controlan el mundo. Desde su origen como cananeos, ellos se convirtieron en fenicios, y fueron destruidos en Cartago, pero se reagruparon en Venecia. Fue de esa línea que fueron sembradas las semillas de la Revolución francesa. Mullins escribe:
«Los actos represivos contra los hugonotes comenzaron después de que Catalina de Médicis se convirtió en la regente francesa antes de la asunción de Carlos IX. Hemos notado ya que Catalina pagó por la formulación de la doctrina del humanismo secular, cuando Cósimo de Medici estableció la Academia en Florencia, centrando sus enseñanzas alrededor de la Cábala cristiana. La Enciclopedia Británica dice del gobierno de Catalina en Francia: "Ella introdujo métodos italianos de gobierno, alternando entre concesiones y persecuciones, todas carentes de sinceridad"».

«Catalina comenzó negociaciones con España para apoyar su planeada matanza de los hugonotes. El 28 de Septiembre de 1568 ella publicó un edicto que ponía a los hugonotes fuera de la protección de la ley, una invitación abierta para que comenzaran las masacres. En ese entonces ellos constituían un décimo de la población de Francia. Su hijo, Carlos IX, comprendió que el plan de su madre sería una catástrofe para la nación, y él entabló negociaciones con los líderes hugonotes, esperando evitar la matanza. Catalina, fiel a su herencia de la Nobleza Negra, planificó la masacre para que ocurriera mientras él convenientemente hacía reunir a los líderes. La conocida masacre de San Bartolomé ocurrió el 24 de Agosto de 1572, durante la cual el líder hugonote, Coligny, y todos los hugonotes importantes fueron asesinados. La Enciclopedia Británica señala: "Esa fecha marca una época desastrosa en la historia de Francia. La masacre de París fue seguida de masacres a través de toda Francia. Una víctima fue el propio rey Carlos. Superado por el horror de las atrocidades cometidas por la tragedia de San Bartolomé, él expiró"».

Hay una fuerte probabilidad, escribe Mullins, de que Catalina, sabiendo de la falta de disposición de Carlos para llevar a cabo la masacre de los hugonotes y conociendo sus proyectos para hacerles concesiones, envenenara a su hijo.

En el siglo XVI los franceses eran una nación productiva e inventiva. Las masacres de los hugonotes, una gran orgía de asesinato ritual, cambiaron todo aquello, y dejaron una sombra permanente en cada francés. Dice Mullins:
"Los niños eran atrapados y lanzados en ollas para ser hervidos, o freídos en grandes sartenes, mientras las muchedumbres estaban aullando y deleitándose con ese entretenimiento. Las familias fueron arrastradas a las plazas en ciudades y pueblos para ser asesinadas una tras otra. Nadie se salvó del terror de las muchedumbres, ni ancianos ni inválidos. Su propiedad fue dividida entonces entre los ansiosos instigadores de las matanzas, que se precipitarían para encontrar otras víctimas".
El capitán Ramsay, en su recapitulación de la Revolución francesa, escribe:
«Veamos lo que los propios judíos dicen al respecto: "Recordad la Revolución Francesa, que nosotros llamamos ‘La Grande’; conocemos cómo se fraguó porque fue obra nuestra" (Protocolos de los Sabios de Sión Nº 3).

« Fuimos nosotros los primeros en gritar ante el pueblo: libertad, igualdad y fraternidad. Estas palabras las repiten frecuentemente desde entonces irreflexivas cacatúas de todas partes del mundo. 
(...) Ni siquiera los gentiles más aguzados han reflexionado sobre lo abstracto de esas tres palabras: las pronuncian sin considerar que no concuerdan unas con otras y que se contradicen" (Protocolos de los Sabios de Sión Nº 1)».

«Con este conocimiento en nuestra posesión encontraremos que poseemos una llave maestra para los intrincados acontecimientos de la Revolución francesa. El cuadro algo confuso de personajes y acontecimientos que se mueven a través de la pantalla, que nuestros libros de Historia nos han mostrado, se hará de repente un concertado y conectado drama humano. Cuando comenzamos a establecer paralelos entre la Francia de 1789, la Gran Bretaña de 1640, la Rusia de 1917, Alemania y Hungría de 1918-1919, y la España de 1936, sentiremos que el drama nos cautiva con un sentido nuevo y personal de la realidad» (Archibald Ramsay, The Nameless War, cap. 2).
Mullins explica que el famoso Edicto de Nantes de 1598 intentó detener las masacres contra los hugonotes, pero en 1685 Luis XIV lo revocó. Nuevamente, Mullins va a la Enciclopedia Británica:
«"Así se cometió una de las equivocaciones políticas y religiosas más flagrantes en la historia de Francia, la cual en el curso de unos pocos años perdió más de 400.000 de sus habitantes, hombres que, teniendo que elegir entre sus conciencias y su país, legaron a las naciones que los recibieron su heroísmo, su coraje y su capacidad".

«Fue la revocación del Edicto de Nantes, más que cualquier otro acontecimiento singular en la Historia, el que puso a Estados Unidos en su futuro trayecto a la grandeza. Durante la Revolución estadounidense, y la redacción de la Constitución que siguió a su victoria, fueron los hugonotes los que predominaron en cada batalla y cada deliberación. Las fortunas de Francia, por otra parte, se hundieron en una continua decadencia, de la cual nunca se han recuperado. En efecto, dicha nación posteriormente ha dado tumbos de un desastre a otro...» (E. Mullins, The Curse of Canaan, cap. 5).

Edward E. Cummings [1894-1962], el poeta estadounidense, solía comentar de Napoleón: "Él recortó seis pulgadas [15 cms.] de la altura de cada francés". Mullins concluye:
"Si Dios puede haber enviado el Régimen de Terror sobre la gente de Francia como castigo por la masacre de los hugonotes, fue también hecho inevitable por la ausencia de éstos".
Una sucesión de líderes prescindibles condujo a Francia directamente hacia una alcantarilla sangrienta. El cuñado del rey, el duque de Orleans, Felipe Igualdad, quedó en bancarrota y fue comprado por los Rothschild. El judío conde Cagliostro fue importado para introducir el libertinaje de las casas Reales de Francia. El famoso judío Moisés Mendelsohn (el Henry Kissinger de su tiempo) instaló a la marioneta Mirabeau, que fue muerta más tarde por tratar de salvar de la guillotina al rey Luis. Luego vinieron los grandes villanos dementes Marat, Danton y Robespierre, antes de que Napoleón llegara para enseñar a los franceses a matar a otros más bien que a ellos mismos.

Al igual que en Inglaterra, el grupo de control judío tuvo éxito también en asesinar al rey en Francia. Detrás de Lord Shelburne, el infame William Petty, la Gran Bretaña controlada por los judíos tramó la Revolución Francesa, eliminando a su principal rival de una vez por todas. Mullins escribe:
«La inspiración para la Revolución Francesa puede ser remontada directamente a las doctrinas del humanismo secular, que había sido formulado en la Accademia de los Médicis en Florencia, la cual era sólo una versión modernizada de la Kábala. La colocación de los "intereses humanos" primero en todas las cosas creó el clima que hizo posible guillotinar al rey Luis XVI».
Fue el rechazo de los agricultores franceses a aceptar un nuevo sistema de dinero falso impuesto por los titiriteros judíos lo que condujo a sus muertes y a un régimen de terror a escala nacional.

Marat comenzó el Régimen del Terror asesinando a todos los presidiarios de la cárcel en París en 1792; los sacerdotes y las monjas fueron muertos a palos en las iglesias; las pequeñas ciudades fueron invadidas por bandas de asesinos enviados desde París para matar a mujeres y niños.
«Los especuladores se derramaron desde Suiza y el Rhineland para sacar ganancia de las regulaciones siempre cambiantes publicadas por la Asamblea. Teniendo un conocimiento previo de esas medidas mediante una sabia distribución de sobornos, los especuladores hicieron ganancias enormes. El clima de terror fue incrementado por la presencia de espías en todas partes, agentes privados trabajando para amos invisibles, informantes del gobierno, espías de cada facción, y en todas partes las dementes tricoteuses [tejedoras], mujeres que a menudo se sentaban [y tejían] delante de la guillotina, chillando de alegría por cada cabeza que rodaba a la calle, y que constantemente gritaban pidiendo más sangre».

«Fue el propio duque de Brunswick (conocido como Aarón entre los Illuminati) quien pronunció la última palabra sobre la Revolución francesa: "Una secta secreta que trabaja dentro de la francmasonería ha provocado la Revolución Francesa e induciría y sería la causa de todas las futuras revoluciones". (...) El gran historiador francés Hipolito Taine escribió: "¡Libertad, igualdad, fraternidad! Cualesquiera fuesen las grandes palabras con las cuales la revolución fue adornada, esencialmente se trataba de una transferencia de la propiedad". La exitosa conclusión de las guerras napoleónicas encontró a los Rothschild con el indisputado control de aquella propiedad» (Mullins, The Curse of Canaan, cap. 5).
De esta manera nos encontramos, querido lector, con el conocimiento del pasado que nos muestra que lo que sucedió. Entonces, es sorprendentemente similar a lo que está ocurriendo ahora. ¿Qué exactamente se dirá usted a sí mismo una vez que usted comprenda que lo que acabo de decirle es todo verdadero, y que lo que usted ha aprendido a través de su vida entera es todo falso?

Entonces, y más importante aún, ¿qué le dirá usted a otros?




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