miércoles, 23 de septiembre de 2020

SAN PÍO DE PIELTRECINA Y EL GRAVÍSIMO PECADO DEL ABORTO

Conocido por sus estigmas, su fervor y sus milagros, San Pío de Pietrelcina convirtió a innumerables personas con su ejemplo de santidad. Pero sobre todo, el santo italiano fue un consumado confesor, defensor de la doctrina católica. 


Frente al pecado, no tuvo miedo de usar un discurso que hoy sería considerado muy duro por algunas personas. Su principal objetivo era la salvación de las almas y que las ofensas contra Dios no se vieran con banalidad.


El príncipe de las tinieblas reina en el alma que anuncia el aborto como algo benigno

Una vez, al comentar sobre el pecado del aborto, San Pío habló así (1): “Si supieras lo terrible que es este pecado, eso que llamas aborto… Si pudieras sentir el dolor de las llagas de Cristo, que derramó su preciosa Sangre por la salvación del hombre. Cuando veas a un alma anunciando el aborto como un acto benigno, sabrás que el príncipe de las tinieblas reina en ella, y su eternidad está por ahora en el libro de la muerte”.

“¡Malditos! ¡Desgraciados! ¡Ay de esos infelices hombres que osan tentar la ira divina! Caerá sobre ellos la eterna furia de Aquel que los creó. ¡Ay de nosotros!, mis hermanos, si consentimos con ese pecado miserable y mortal. No nos atrevamos a tomar el lugar del Creador, y no permitamos que nadie lo haga. No seamos cómplices de este crimen maldito por nuestro silencio y nuestra tibieza”.


El día en que la gente pierda el horror del aborto, este será un día terrible

En una ocasión (2) fue interrogado por el padre Pellegrino, quien encontró al Santo demasiado estricto por haber negado la absolución a una mujer que había cometido un aborto. Fue entonces cuando el Padre Pío le respondió lo siguiente:

“El día en que las personas pierdan el horror del aborto, será un día terrible para la humanidad. El aborto no es solo un homicidio, sino también un suicidio. Y para aquellos que están a punto de cometer de un golpe uno y otro delito, ¡debemos tener el coraje de mostrar nuestra Fe!”

Impresionado por la respuesta, pero aún sin comprender todo su significado, el padre Pellegrino preguntó: “¿Por qué el suicidio?” A lo que respondió el santo italiano, atacado por una de sus no habituales furias divinas, compensadas por una dulzura y bondad ilimitadas:


La doble gravedad del aborto


“Entendería ese suicidio de la raza humana si, con el ojo de la razón, vieras la tierra poblada por ancianos y despoblada de niños, quemada como un desierto. Si reflexionaras así, entenderías la doble gravedad del aborto: la mutilación también de la vida de los padres”.

“A estos padres, les esparciré la ceniza de sus fetos destrozados, para mostrarles sus responsabilidades y negarles la posibilidad de apelar a su propia ignorancia. Un aborto provocado no puede tomarse con falsas consideraciones y falsa piedad. Sería una hipocresía abominable. Esas cenizas deben arrojarse en la cara de sus padres asesinos. Si no los dejo sintiéndose culpables, me sentiré involucrado en sus propios delitos”.


“Mira, yo no soy un santo y nunca me he sentido cerca de la santidad tampoco, cuando digo palabras, quizás, un poco fuertes, pero justas y necesarias a quienes cometen este crimen; estoy seguro que he obtenido la aprobación de Dios por mi rigor”.


La defensa de la vida por nacer es siempre un acto de Fe y Esperanza

Ante estas fuertes palabras, el padre Pellegrino también objetó que si no se consiguiese eliminar las fijaciones obsesivas de las mentes de quienes practicaron el aborto, sería inútil maltratarlos con el rigor de la Iglesia. A lo que el Padre Pío respondió prontamente: “Mi rigor, al defender la venida de los niños al mundo, es siempre un acto de Fe y Esperanza”.

De esta manera, el santo italiano conseguía extraer del pecador un verdadero y sincero arrepentimiento y cambio de vida, además de darle plena conciencia de la gravedad de los pecados cometidos.


El aborto de un Papa

También en esta línea, ocurrió una vez un episodio (3) poco conocido cuando vio a una señora que se acercaba al confesionario.

El Padre Pio le pidió que cerrara los ojos y dijera lo que veía. Obedeciendo a lo que le pedían, la señora cerró los ojos y dijo: “Veo una plaza enorme con mucha gente. Entre las personas, veo una procesión que se mueve solemnemente. Veo a muchos sacerdotes, obispos y cardenales en la corte: todos preceden a un Papa que está tomando el trono. Sí, veo precisamente a un Papa en el trono y una gran multitud que aclama a ese Papa … ¿Pero qué significa todo esto?


El santo sacerdote le explicó entonces: “El niño que mataste en tu vientre con el aborto, en los designios de Dios, debería haberse convertido en ese Papa”. Al escuchar esas palabras, la pobre mujer gritó y se desmayó junto al confesionario. (EPC)

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1 Padre Pio de Pietrelcina, en mayo de 1967, en el Convento de San Giovanni.

2 Trechos extraídos con adaptaciones de la obra “Il Padre San Pio da Pietrelcina, la missione di salvare le anime”, di P. Marcellino Iasenza Niro, Edizioni Padre Pio da Pietrelcina, 2004.

3 Tomado con adaptaciones de: E. Boninsegna, “Ero ‘curato’, ora sono da ‘curare’”, Verona, Manuscrito profissional, 2019, pág. 139.


Gaudium Press



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