lunes, 17 de febrero de 2020

VERANO SIN MISA


¿Sabéis cuál es una de las “opciones pastorales” de nuestros reverendos sacerdotes durante los meses estivales? La suspensión, a la que sigue a menudo la cancelación, de algunas Misas, porque las Misas son demasiadas y deben ser celebradas solo cuando hay un número adecuado de personas, si no, no se celebra. 

Después, ya se sabe, en verano, los curas se van de vacaciones y qué fatiga decir Misa. Oí a un sacerdote, coetáneo mío, que dijo: “¿Qué quieres? Tampoco nosotros, los sacerdotes, tenemos siempre ganas de decir Misa”.

Sucede que existen parroquias que tienen solo dos Misas por semana en los días de mercado, cuando alguno de aquellos que va a hacer las compras, va también a Misa. ¿Y los demás días, cuando hay alguno que querría participar en la Misa? ¿Qué hace este pobre “ebrio de Misa”, sino ir a la ciudad más cercana a buscar una Misa cotidiana? No hay otra opción, hasta que también en la ciudad, sean más reducidas todavía las Misas.

¿Pero no os avergonzáis, vosotros sacerdotes, de no tener ganas de decir Misa? Es mucho más grave que si un profesor no tuviera ganas de dar clase o que un médico dijera que no tiene ganas de curar a los enfermos. El profesor y el médico perderían en dicho caso su puesto, con suspensión del sueldo. Pero de los sacerdotes se ocuparán los ciudadanos católicos que, cada vez menos aportarán su ofrenda (contribución material que los fieles hacen a la Iglesia durante la misa).

Yo conozco solo el catecismo de San Pío X, pero me resulta que todo sacerdote es ordenado “propter Eucharistiam”, para que celebre cada día la Eucaristía por los vivos y por los difuntos; sé que sin Misa, el sacerdote es un desocupado y un fracasado, que todo lo que hace (o debería hacer): catequesis, mejor si es catecismo, buenas iniciativas varias, incluso los campos de juego que organiza para los niños, todo debe estar dirigido a la Eucaristía, a llevar a las almas al Santo Sacrificio de Jesús en la Santa Misa.

Conozco también a esposos cristianos que, en los primeros meses tras su boda, hacían kilómetros y kilómetros (a causa de sacerdotes sin Misa) para participar cada día juntos en la Santa Misa; después, llegados los hijos, hacen “verdaderos saltos mortales” para no faltar nunca, a cualquier hora y en cualquier lugar, aun lejano, para asistir a la Santa Misa y recibir a Jesús en la Comunión, porque ¡solo con Él se puede ser santos!

¡Pues eso, señores (poco) reverendos, así están las cosas! ¿Y vosotros, que tenéis en las manos a Jesús-Sacerdote y Hostia, para adorar al Padre y alimentar a las almas, abolís las Santas Misas? ¿Pero cómo sois capaces de estar días enteros sin Misa, sin celebrar el divino Sacrificio? ¿Cómo sois capaces de estar cansados y no tener ganas de decir la Santa Misa? ¿Cómo sois capaces de estar sin Jesús? ¿Si van pocos a la santa Misa que celebráis (o que deberíais celebrar), por qué no hacéis algo para llevar a vuestros parroquianos a la Santa Misa, incluso ferial? Perdonad: ¿pero creéis en la Misa?

¿Pensáis que reduciendo el número de las Santas Misas, empobrecéis a la Iglesia, no dais el sufragio que corresponde a los difuntos, dejáis sin Jesús incluso a jóvenes que querrían recibirlo todos los días? Pero, ¿pensáis en ello? ¿Os interesa todo esto? Un viejito con la escuela primaria, que sin embargo tenía la fe de los primeros cristianos, solía decir de estos sacerdotes abolicionistas de la Misa, carentes de toda iniciativa pastoral, que son “sacerdotes de madera”, es decir, que ¡no hacen ni engendran nada!

Recemos a la Virgen para que no quedemos privados de la Santa Misa, porque entonces, como decía San padre Pío, el mundo acabará: “Es más fácil que el mundo viva sin sol que sin la Misa”.

Candidus

(Traducido por Marianus el eremita)


Adelante la Fe

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