martes, 19 de noviembre de 2019

MONS. VIGANÒ: «ASÍ TENDRÁ SU TEMPLO LA NEO-RELIGIÓN MUNDIAL. CON LA APROBACIÓN DEL PAPA»


He recibido de monseñor Carlo Maria Viganò un artículo que con gusto les propongo. Atañe al proyecto de la Abrahamic Family House, un edificio que se construirá en Abu Dhabi y que acogerá una sinagoga, una mezquita y una iglesia. 

Por Aldo Maria Valli

«En el jardín de Abu Dhabi -escribe Viganò-, está a punto de surgir el Templo de la Neo-Religión sincrética mundial con sus dogmas anticrísticos. ¡Ni siquiera el masón más esperanzado se podría haber imaginado algo así!».

«A los Venerables Hermanos… que en paz y comunión con la Sede Apostólica defienden la Verdad revelada por Jesucristo, salud y Bendición Apostólica. Tal vez en el pasado nunca haya sucedido que el corazón de las criaturas humanas estuviese tan predispuesto como lo está hoy a un vivo deseo de fraternidad… Se comprende fácilmente… por qué son tantos los que claman para poder ver, cada vez más unidas entre ellas, las distintas naciones, llevadas a ello por esta hermandad universal».

Quien se expresa así es el Sumo Pontífice Pío XI al principio de su encíclica Mortalium animos del lejano 1928, firmada el día de la Epifanía, cuando la Iglesia recuerda a los tres sabios Magos venidos de Oriente, primeros de una interminable caravana procesional guiada por una brillante estrella que apareció en el firmamento cuando hacía su entrada en la tierra el Hijo de Dios encarnado, Único Salvador, centro del cosmos y de la Historia.

Noventa y un años después, el viernes 15 de noviembre de 2019, como refiere VaticanNews, el papa Bergoglio recibió en audiencia al gran imán Ahmed Al-Tayeb, acompañado por varias personalidades y representantes de la Universidad de Al-Azhar y del Comité Superior, todos ellos animados por la voluntad de dar forma y concreción a los contenidos del Documento sobre la Hermandad Humana por la Paz Mundial y la Convivencia común, firmado el pasado mes de agosto siguiendo la estela de la histórica Declaración de los Emiratos, firmada a su vez por el pontífice y el imán durante el Año de la Hermandad.

A propósito de este Documento, Su Excelencia Mohamed Khalifa Al Mubarak, como representante de los Emiratos Árabes Unidos, había declarado con anterioridad (VaticanNews, 21 de septiembre de 2019) que «en un mundo en el que son tantas las cosas que dividen, los Emiratos están comprometidos en unir. Como faro luminoso, quieren llevar la luz a un mundo oscuro, sacando a la luz este Documento, el más importante firmado en estos últimos tiempos»; es como decir que la «Orientale Lumen» que ha venido a visitarnos como el Sol que nace de lo alto (Lc 1, 78) ha sido eclipsado por un nuevo «Faro Luminoso».

Los coloquios del encuentro vaticano han sido cordiales, con palabras y gestos que demuestran una amistad consolidada: recordemos que se trata del sexto encuentro entre el pontífice y el gran imán. La calidez latinoamericana ha prevalecido sobre el largo y rígido «hielo» que había entre la sede apostólica y la máxima representación del islam suní. El encuentro ha ofrecido, además, la oportunidad de presentar al pontífice un proyecto singular del que es posible hacerse una idea gracias a la maqueta en 3D.

Sir David Adjaye Obe es quien ha ideado este proyecto arquitectónico, que surgirá en la opulenta y extravagante Abu Dhabi. Se trata de la Casa de la Familia Abramítica, que surge de la Nueva Tienda de la Hermandad Universal, evocadora de esa otra Tienda de la Acogida en la que el antiguo patriarca acogió a tres misteriosos ángeles (cf. Gn 18), prefiguración del Dios Trinitario plenamente revelado a la legítima posteridad abramítica por medio de la fe en Jesucristo.

La Casa de la Familia Abramítica es, por tanto, el nombre de este edificio que acogerá en su interior una sinagoga, una mezquita y una iglesia, dedicada claro está a san Francisco.

El proyecto de sir David prevé que los tres lugares de culto estén unidos entre ellos por unos cimentos únicos y que los tres surjan dentro de un jardín, evocación de un Nuevo Edén, reedición en clave gnóstica y masónica del paraíso de la Primera Creación.

Como se le ha explicado al papa Bergoglio, esta «construcción… servirá como lugar de culto individual, pero también para el diálogo y el intercambio interreligioso». De hecho, se ha previsto también la construcción de un cuarto edificio, sede del Centro de Estudios e Investigación sobre la Hermandad Humana, cuyo objetivo, que se deduce del documento de Abu Dhabi, será «dar a conocer las tres religiones». En esta misma sede tendrán lugar las ceremonias para la entrega del Premio Hermandad Humana.

La construcción de la Casa de la Familia Abramítica parece una empresa babélica, ideada por los enemigos de Dios, de la Iglesia católica y de la única verdadera religión capaz de salvar al hombre y a toda la creación de la destrucción, tanto presente como eterna y definitiva. Los cimientos de esta «Casa», destinada a ceder y a derrumbarse, surgen donde, por mano de los mismos constructores, está a punto de ser increíblemente eliminada la Única Piedra Angular: Jesucristo, Salvador y Señor, sobre el que surge la Casa de Dios. «Mire cada cual cómo construye. Pues nadie puede poner otro cimiento fuera del ya puesto, que es Jesucristo», advierte el apóstol san Pablo (1 Cor 3, 10-11)

El papa Bergoglio lleva a cabo, así, una ulterior apostasía, fruto del neomodernismo panteísta y agnóstico que tiraniza la Iglesia romana, germinado en el documento conciliar Nostra aetate. Estamos obligados a reconocerlo: los frutos envenenados de la «primavera conciliar» están ante los ojos de quienes no se dejan cegar por la Mentira imperante.

Pío XI nos había advertido y puesto en guardia. Pero las enseñanzas anteriores al Vaticano II han sido arrinconadas porque consideradas intolerantes y obsoletas. La comparación entre el Magisterio preconciliar y las nuevas enseñanzas de Nostra aetate y Dignitatis humanae -por citar sólo estas-, manifiestan una terrible discontinuidad, de la que hay que tomar nota y que urge enmendar. Deo adiuvante

Escuchemos las palabras del Sumo Pontífice Pío XI, cuando los papas solían hablar con el lenguaje de la Verdad, cincelado con fuego en el diamante. 

«Es habitual que convoquen congresos, reuniones, conferencias, con una amplia intervención de público, al que invitan a discutir en todo momento: infieles de todo tipo, cristianos e incluso aquellos que miserablemente apostataron de Cristo o que con gran terquedad niegan la divinidad de su Persona y de su misión. Ciertamente, no pueden obtener la aprobación de los católicos estos intentos basados en la falsa teoría que presupone buenas y loables todas las religiones, dado que todas ellas, aunque de manera distinta, manifiestan y representan ese sentimiento que es inherente a todos y por el cual nos sentimos llevados a Dios y al consiguiente reconocimiento de su dominio. Ahora bien, los seguidores de esta teoría, no sólo viven en el engaño y el error, sin que repudian la verdadera Religión, depravando su concepto y dirigiéndose lentamente al naturalismo y el ateísmo; de ello se deriva que todos los que se adhieren a estas teorías e intentos se alejan del todo de la Religión revelada por Dios… La Esposa mística de Cristo, a lo largo de los siglos, nunca fue contaminada, y nunca podrá contaminarse, según las palabras de Cipriano: «La Esposa de Cristo no puede ser adúltera: es incorrupta y púdica. Conoce una única casa y custodia con casto pudor la santidad de un sólo tálamo»» (Mortalium animos).

«Hoy más que nunca… la Iglesia necesita oír doctrinas fuertes y coherentes. En medio de la disolución… los compromisos son cada vez más estériles, y cada uno de ellos se lleva un trozo de la verdad… Mostraos por tanto… tal como sois en el fondo, ¡católicos convencidos…! Hay una gracia vinculada a la confesión plena y total de la fe. Esta confesión, nos dice el Apóstol, es la salvación de quienes la realizan, y la experiencia demuestra que es también la salvación de quienes la desean» (dom Prosper-Louis-Pascal Guéranger, Il senso cristiano della Storia).
También el pontífice emérito Benedicto XVI ha roto de nuevo su silencio para hacer pública su oración, llena de dolor, por la Iglesia, que atraviesa un momento muy difícil de su historia: 

«También hoy nuestra fe está amenazada por los cambios a los que las modas mundanas desearían someterla para sustraerla a su grandeza. Señor, ayúdanos en este tiempo a ser y seguir siendo verdaderos católicos – a vivir y morir en la grandeza de Tu verdad y en Tu divinidad. Danos obispos valientes que nos guíen a la unidad en la fe y con los santos de todos los tiempos, y que nos muestren como actuar de manera adecuada al servicio de la reconciliación, al que nuestro episcopado está llamado de manera especial. Señor Jesucristo, ¡ten piedad de nosotros!».

Publicado por Carlo Maria Viganò en el blog de Aldo Maria Valli, Duc in altum.


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