miércoles, 11 de diciembre de 2013

BERGOGLIO Y LOS MARXISTAS DESAPARECIDOS

Cartel que muestra a las tres fundadoras de “madres de Plaza de Mayo”: Esther Careaga, María Ponce y Azucena Villaflor. Fotografía: Natacha Pisarenko / PRENSA ASOCIADA

Bergoglio fue muy amigo de la comunista Esther Careaga, desaparecida durante el gobierno cívico-militar. Esta es la historia de una “amistad extraordinaria”.


Por Uki Goni

Unos años antes de entrar en la Compañía de Jesús, Bergoglio conoció a una “revolucionaria feminista” muy adelantada a su tiempo. El destino los cruzó por primera vez alrededor de 1953 o 1954 en el lugar más improbable: un laboratorio donde ella trabajaba como bioquímica farmacéutica y él como técnico químico aprendiz. Los dos no podrían haber sido más disímiles. Sin embargo, consolidaron una amistad que los unió décadas a pesar de los abismos políticos y religiosos.

Esa mujer era Esther Careaga, una comunista atea, que por sus actividades marxistas, desapareció durante el gobierno cívico-militar de Argentina. 

Careaga había llegado a Buenos Aires como una “exiliada política” del vecino Paraguay unos años antes de conocer a Bergoglio. Ella había sido una activa agitadora “socialista” y la fundadora del primer movimiento feminista de Paraguay en los años cuarenta. “Recorrió los pueblos de las zonas rurales de Paraguay para “defender los derechos de las personas” en general, pero especialmente los derechos de las mujeres”, dice su hija Ana María Careaga.

Jorge Mario Bergoglio, en 1966 Fotografía: AP
Por aquel entonces, The Herald, era un pequeño periódico en idioma extranjero visitado casi a diario por madres cuyos hijos e hijas habían desaparecido por sus actividades subversivas.  Así fue como Careaga llegó por primera vez a ese periódico en julio de 1977 para informar la desaparición de su hija embarazada Ana María, de 16 años. Cuando su hija fue liberada, se fue inmediatamente a Suecia, donde fue aceptada como “refugiada política”, pero su madre se negó a irse.

En aquellos años, Careaga se había unido a las “madres de Plaza de Mayo”.

El responsable del periódico se sorprendió cuando Careaga apareció nuevamente en The Herald y le preguntó por qué quería seguir arriesgando su vida si su hija ya había aparecido. “Tenemos que seguir luchando por todos los demás “niños” desaparecidos”, le contestó.

Poco antes de desaparecer, Careaga llamó a Bergoglio, pidiéndole que viniera a administrar el ultimo sacramento a un pariente moribundo. Esto le pareció extraño a su viejo amigo porque los Careaga no eran una familia religiosa.

Al llegar a la casa de Careaga, Bergoglio descubrió que ella le había mentido porque no quería revelar sus verdaderas intenciones por teléfono. “Mis padres tenían una gran biblioteca de libros políticos, libros sobre marxismo y filosofía, y ella le pidió que los guardara en custodia”, dijo Ana María. Insólitamente, Bergoglio aceptó, a pesar de que si las Fuerzas de Seguridad hubieran encontrado semejante “literatura” en su poder, hubiera significado la muerte para él.

La hija de Esther Careaga, dio a luz a una niña en Suecia y luego regresó a Argentina, reuniéndose posteriormente con Bergoglio. “No recuerdo ningún detalle, puedes imaginar la condición en la que estaba”, dijo ella. Nunca supo lo que pasó con los libros de su madre. “Había tantas cosas más importantes con las que lidiar, que nunca preguntamos”. El resto de la familia Careaga no tenía el mismo tipo de relación cercana con Bergoglio. “Era un amigo personal de mi madre, no era una relación familiar”.




Bergoglio, ordenado arzobispo de Buenos Aires en 1998, cuando se enteró de la desaparición de su amiga comunista, recordó que estaba en estado de shock. “Me dolió mucho, traté de comunicarme con algunos familiares, pero no pude, estaban escondidos”, testificó Bergoglio en el juicio de ESMA en 2010

Luis Bianco, hijo de una desaparecida, fue elegido por los familiares de las occisas para pedir permiso a Bergoglio para enterrar sus restos en los jardines de la Iglesia de la Santa Cruz, (en la ciudad de Buenos Aires) donde se ocultaban y operaban las células guerrilleras.

Bergoglio parecía vacilante. Estaba desconcertado, preguntando por qué deberían ser enterrados en la iglesia en lugar de en un cementerio. “Le toqué la rodilla”, dijo Bianco. “Le dije que una de las madres era Careaga”.

Bergoglio “se estremeció de emoción”.

En menos de una semana Bergoglio concedió el permiso para que Careaga y las otras madres de terroristas fueran enterradas allí.



Fuente de la información: The Guardian



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