Por Atila Sinke Guimarães
Si alguien quiere comprender el panorama general del viaje de Benedicto XVI a Cuba, debería situarlo en el contexto de la política internacional. En el último año y medio, el mundo ha presenciado el derrocamiento de tiranos militares y civiles que oprimieron a sus pueblos en Oriente durante décadas: Mubarak en Egipto, Gadafi en Libia, Ben Ali en Túnez. Siria se encuentra actualmente inmersa en una guerra civil para determinar si rechaza o mantiene al dictador Assad.
Estados Unidos se involucró profundamente en estos acontecimientos, apoyando a los rebeldes —política, militar y económicamente— en el derrocamiento de sus gobiernos. Antes de la caída política de cada uno de estos dictadores, se desató una campaña mediática —tanto local como internacional—, debidamente orquestada para posicionar a la opinión pública a favor de los rebeldes. Las acusaciones contra los dictadores en esta campaña mediática destacaron la pobreza de la población, la opresión, la negación de la libertad, las elecciones y otros derechos humanos.
En esta atmósfera de derrumbe, una simple ráfaga de viento podría trasladar la indignación global de los dictadores mediterráneos al Caribe, y transformar la ya incómoda situación de los dos tiranos comunistas de Cuba en una situación desesperada. La antipatía hacia esos déspotas crece a medida que el mundo y Cuba observan la violenta represión de los pocos que se atreven a oponerse a su régimen, en particular las brutalidades contra las Damas de Blanco, esposas y madres de presos políticos que claman por la libertad de sus maridos e hijos. Chispas de esta ira generalizada han estado volando por Internet y llegando a los principales medios de comunicación.
A este panorama se suma el hecho de que la situación político-económica en Cuba es particularmente mala, fruto del sistema comunista. Esto propicia una mayor insatisfacción con el régimen.
¿Qué se podría hacer para salvar a los dos estalinistas caribeños? Nada podría ser mejor para el dúo que una visita papal para bendecirlos y mostrarle al mundo que son buenos muchachos. Esta fórmula ya había sido aplicada muchas veces por JPII. Algunos ejemplos: en 1983 apoyó a un insignificante Jaruzelski en Polonia; En 1989, fortaleció a un tambaleante Gorbachov al recibirlo gloriosamente en el Vaticano; en 1998, fue a Cuba para intentar presionar a Estados Unidos para que levantara el embargo y así impulsó su economía estancada. En mi opinión, Benedicto XVI hizo algo similar por los Castro en Cuba esta semana.
Digo similar porque el Papa Wojtyla apoyó a esos regímenes radicales como tales, y ahora, Benedicto afirma que su objetivo es cambiar el comunismo cubano. Permítanme analizar los hechos.
La “condena” del marxismo en pleno vuelo
Estas palabras no pueden interpretarse como una declaración anticomunista. La crítica no se centra en ninguno de los principios del marxismo, sino en su funcionamiento. Se trata de una crítica constructiva para ayudar a la Cuba comunista a adaptarse a un nuevo sistema donde las cosas funcionen mejor. Es lo opuesto a una amenaza de derrocar al régimen. Es una garantía que, con la ayuda de la Iglesia y el apoyo de la población católica, el gobierno puede continuar sin traumas y mejorar gradualmente.
Me pregunto a qué modelo se refería el Papa cuando dijo que debían encontrarse “nuevos modelos” para reemplazar el marxista que gobierna Cuba. En cuanto a la mera eficacia, el modelo del comunismo chino, con su mano de obra esclava pero una apertura controlada al capitalismo, ha tenido bastante éxito. O quizás el que domina Rusia, con su “democracia” y “libertad religiosa”, era el modelo mejorado al que se refería el Papa. La antigua variante polaca del comunismo, vigente hasta 1989 —que, si bien no fue muy productiva, sí fue muy abierta a la Iglesia—, no debería quedar excluida de la lista.
Otro ejemplo es el modelo rojo que se aplica en Brasil desde hace nueve años. De hecho, el cardenal Arns, patrón de miles de comunidades cristianas “de base” y adeptos de la teología de la liberación, apoyó la elección del candidato marxista Lula como presidente de Brasil.
Arns resulta ser un amigo muy cercano de Fidel Castro, lo que puede facilitar que Cuba adopte el modelo brasileño. El mentor de Lula fue el dominicano Frei Beto, también amigo íntimo de los hermanos Castro, quien inspiró algunos pasos tímidos hacia la liberalización en Cuba.
Por lo tanto, lo que Benedicto XVI animó al régimen cubano a hacer no fue en absoluto abandonar el comunismo y adoptar el capitalismo, sino estudiar qué nuevo modelo de comunismo se adaptaría mejor a sus necesidades para encaminarse hacia una mayor productividad y una liberalización general.
Tan pronto como llegó a Cuba el 26 de marzo, Benedicto XVI fue recibido por el dictador Raúl Castro. Supuestamente mostrando una “gran apertura” hacia los valores religiosos, mencionó el papel que desempeña Nuestra Señora de la Caridad en la historia cubana. Luego arremetió contra el capitalismo, al tiempo que elogiaba a Benedicto XVI. Raúl dijo:
Por lo tanto, lo que Benedicto XVI animó al régimen cubano a hacer no fue en absoluto abandonar el comunismo y adoptar el capitalismo, sino estudiar qué nuevo modelo de comunismo se adaptaría mejor a sus necesidades para encaminarse hacia una mayor productividad y una liberalización general.
Tono anticapitalista de la visita
“Las finanzas son un poder opresor… En lugar de solidaridad, se extiende una crisis sistemática provocada por un consumismo irracional en las sociedades opulentas. Una pequeña parte de la población mundial acumula enormes riquezas mientras aumentan las filas de los pobres, los hambrientos, los enfermos sin atención médica y los abandonados.
En el mundo industrializado, los ‘indignados’ ya no pueden soportar la injusticia. Especialmente entre los jóvenes, existe una creciente desconfianza hacia los modelos sociales y las ideologías que destruyen los valores espirituales y generan exclusión y egoísmo …
Es cierto que la crisis global también tiene una dimensión moral y que hay una falta de conexión entre los gobiernos y los ciudadanos a quienes dicen servir. La corrupción de la política y la ausencia de verdadera democracia son males de nuestro tiempo.
En esto y en otros temas estamos de acuerdo con sus ideas [las ideas del Papa Benedicto]” (L'Osservatore Romano, 28 de marzo de 2012, p. 10).
A estas palabras, el Papa respondió con un ataque aún más violento contra el capitalismo, culpándolo indirectamente del fiasco de la economía cubana. Así respondió a Castro en su primer discurso en Cuba:
“Hoy muchas partes del mundo están experimentando un tiempo de particular dificultad económica, que no pocos consideran parte de una profunda crisis espiritual y moral que ha dejado a la humanidad desprovista de valores e indefensa ante la ambición y el egoísmo de ciertos poderes que no se preocupan por el verdadero bienestar de las personas y las familias. Ya no podemos continuar en la misma dirección cultural y moral que ha causado la dolorosa situación que todos estamos viviendo” (L'Osservatore Romano, 28 de marzo de 2012, p. 10).
Por lo tanto, ambos líderes coinciden en que lo que debe desaparecer es el capitalismo, no el comunismo, y mucho menos el comunismo cubano.
Al partir de La Habana hacia Roma el 28 de marzo, Benedicto XVI arremetió contra el embargo estadounidense contra Cuba. Hablando sobre la falta de recursos materiales en Cuba, enfatizó que esta situación “se agrava cuando las medidas económicas restrictivas, impuestas desde fuera del país, sobrecargan injustamente al pueblo” (L'Osservatore Romano, 30 de marzo, p. 1).
Cambios ya realizados o en marcha
Por ejemplo, en el Santuario de la Virgen de la Caridad durante su visita el 27 de marzo, el Papa Ratzinger aludió a los cambios en curso:
“Que todos los que conozcáis, estén lejos o cerca, sepan que he confiado a la Madre de Dios el futuro de vuestro país, que avanza por el camino de la renovación y la esperanza para el mayor bien de todos los cubanos” (L'Osservatore Romano, 29 de marzo, p. 8).
En su homilía en la Misa celebrada en la Plaza de la Revolución de La Habana el 28 de marzo, fue más explícito:
“Debemos reconocer con alegría que en Cuba se han tomado medidas para que la Iglesia pueda llevar a cabo su misión esencial de expresar su fe pública y abiertamente. No obstante, esto debe continuar adelante, y quiero alentar a las autoridades del país a fortalecer lo que se ha logrado y avanzar por este camino de servicio genuino al bien común de toda la sociedad cubana” (L'Osservatore Romano, 30 de marzo de 2012, p. 8)
Apoyo de la Iglesia
“El derecho a la libertad religiosa, tanto en su dimensión privada como comunitaria, manifiesta la unidad de la persona humana, que es simultáneamente ciudadana y creyente. También legitima a los creyentes para ofrecer su contribución a la construcción de la sociedad … Es de esperar que pronto llegue el momento en que, también aquí, la Iglesia pueda extender a los campos del conocimiento los beneficios de la misión que el Señor le encomendó” (ibid.)
Al partir de La Habana hacia Roma, el Papa añadió:
“Que la luz del Señor… fomente la armonía social y permita el florecimiento de lo mejor del alma cubana, de sus valores más nobles, que puedan ser la base para construir una sociedad de amplios horizontes, renovada y reconciliada. Que nadie se vea impedido de asumir esta apasionante tarea por limitaciones de sus libertades fundamentales, ni se exima de ella por indolencia o falta de recursos materiales” (L'Osservatore Romano, 30 de marzo, p. 8).
Un comunismo corregido…
En este régimen comunista-católico, nadie sabe cuál será el papel de la propiedad privada. No se ha dicho ni una palabra al respecto, aunque este es uno de los puntos más fundamentales que distinguen al catolicismo del comunismo.
Hoy, el régimen nefasto que ya no se puede sostener es el capitalismo.
Aún más que en las anteriores declaraciones anticapitalistas del Papa Ratzinger, sus comentarios durante este viaje revelan la inversión total de la postura de la Iglesia respecto a los regímenes sociopolíticos. Bajo el pontificado de Pío XI, la Iglesia definió que el comunismo es intrínsecamente malo y que los católicos no pueden trabajar con él. El capitalismo tiene defectos y muchos abusos, pero intrínsecamente sigue el orden natural; los católicos pueden trabajar con él, corrigiéndolo y mejorándolo.
Ahora, es el comunismo el que puede corregirse y el capitalismo el que es intrínsecamente malo. Cuesta creer que estemos leyendo las enseñanzas de la misma Iglesia.




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