domingo, 17 de mayo de 2009

COMPARTIENDO EL EVANGELIO: PERMANECER EN EL AMOR DE DIOS


La alegría y la paz, que consiste en saber que somos importantes, que somos amados por Cristo y la certeza de que también nosotros podemos y queremos amarlo.

Reflexión de Mons. Rubén Oscar Frassia

Domingo 17 de mayo de 2009

6º Domingo de Pascua

Evangelio según San Juan 15, 9 - 17 (Ciclo B)

Permanecer en el amor de Dios

¡Qué testamento hermoso nos deja el Señor! Nos comunica el amor de Dios: “así como el Padre me amó, también Yo los he amado a ustedes”, y nos pone un mandamiento que es “permanecer en su amor”

Vivimos una vida tan atareada, tan extrovertida, tan agitada, tan preocupada, ¡y tantas cosas!, pero hay algo no podemos olvidar: el amor de Dios en nosotros. Esa es la síntesis. El secreto de la vida es que uno viva en el amor de Dios, porque sin amor de Dios, nada tiene sentido; sin el amor de Dios todo es oscuridad, ambigüedad y vacío.

Se nos ha participado

Se nos ha comunicado

Se nos ha llamado.

Se nos llamó a la Iglesia, se nos participó de ella. Estamos incorporados al misterio de Cristo en al Iglesia. Ya somos discípulos, somos sus amigos. ¡Ni esclavos, ni extranjeros, ni siervos, sino amigos!

Es el Señor quien nos ha elegido, por eso hay que tener confianza en que El no se equivoca; confianza en que nos eligió y confianza en nuestra respuesta. En su nombre, nosotros estamos llamados a dar frutos, “y frutos en abundancia”

El amor es lo más profundo de un ser humano. No me refiero, y no reduzcamos el amor a la sensibilidad, a la emoción pasajera, ¡a tantas cosas! Me refiero a un amor de convicción, a un amor no de “ganas” sino a un amor de VOLUNTAD. A un amor donde un es capaz de guardar fielmente lo que Dios nos confía. Y dar la vida por esa fidelidad al AMIGO que realmente asombra nuestra vida.

Nosotros, como cristianos, si reconocemos su presencia y la fuerza de su amor, vamos a vivir con alegría, con coraje, con mucha fuerza y con mucho entusiasmo. La alegría y la paz, que consiste en saber que somos importantes, que somos amados por Cristo y la certeza de que también nosotros podemos y queremos amarlo. ¡Qué cosa hermosa es poder amar al Señor!

El amor se puede enfriar, se puede debilitar, se puede perder. Pero como decía San Agustín, “cuida que tu vida no vaya a testimoniar en contra de tu palabra”, es decir que lo que se dice se debe hacer, lo que se vive se debe expresar, lo que está “adentro” de uno mismo es lo que se debe comunicar.

Tarea hermosa para que vivamos una síntesis: el amor a Dios, el amor de Dios y el amor a los hermanos hasta las últimas consecuencias. Él nos dio el ejemplo: “no hay amor más grande que dar la vida por los amigos”. Usted y yo queremos ser amigos del Señor, si hacemos lo que Él nos manda.

¡Qué hermoso es ser cristiano!

¡Qué hermoso es pertenecer a la Iglesia, al Pueblo Santo de Dios!

Les dejo mi bendición en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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