domingo, 29 de marzo de 2009

LA PASTORAL SOCIAL DIOCESANA


El fin de la pastoral social es brindar el testimonio público de la caridad cristiana, formar la conciencia ciudadana de los católicos y de los hombres de buena voluntad abiertos a los valores del Evangelio, y así contribuir a realizar -en diálogo con todos- una sociedad justa y fraterna.


Por el Equipo de PS de la Diócesis de Puerto Iguazú

La pastoral social ofrece para el análisis muchos y distintos aspectos a considerar. En las distintas diócesis del país se trabaja fundamentalmente de tres maneras: a) Como pastoral de pastorales, coordinando los distintos grupos de pastorales específicas existentes y que ya llevan tiempo y experiencia en estas tareas, b) Como difusión de la de la Doctrina Social de la Iglesia y c) Como acción de diálogo abierto y discusión con los distintos estamentos de la sociedad, lo que supone un trabajo de equipo interdisciplinar y profundo conocimiento doctrinal de los integrantes del equipo.

La pastoral social es una y a la vez compleja. Tanto Caritas como la Pastoral Social se encargan de la acción pastoral institucional de la Iglesia para animar e iluminar la vida social en su aspecto económico, político y cultural con el mensaje del Evangelio, y más específicamente con ayuda de la Doctrina Social de la Iglesia contenida en el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia publicada hace pocos años y que todo agente de evangelización debe conocer. El Papa Benedicto XVI, a través del Presidente del Pontificio Consejo de Justicia y Paz, Cardenal Renato Martino –quien visitó personalmente nuestra diócesis en Octubre de 2007- recomendó al Obispo Marcelo, que se encargara de difundir el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia y el Catecismo de la Iglesia Católica a la diócesis de Puerto Iguazú.

El fin de la pastoral social es brindar el testimonio público de la caridad cristiana, formar la conciencia ciudadana de los católicos y de los hombres de buena voluntad abiertos a los valores del Evangelio, y así contribuir a realizar -en diálogo con todos- una sociedad justa y fraterna. Tarea que -cuando se hace en forma institucional eclesial- siempre debe estar en consonancia y sintonía con las orientaciones que le da el Obispo, Pastor y guía de cada iglesia particular. Se puede hacer pastoral social a título personal, con criterios particulares, con distintas orientaciones o acentos teológicos, pero la pastoral social institucional católica siempre actúa en sintonía con el Obispo. Quien no comulga pastoralmente con el Obispo, en todo caso hace acción social de iniciativa propia, que podría tener inspiración cristiana, pero no puede arrogarse el hacer pastoral social católica y eclesial. En este sentido el Obispo Marcelo desea que los católicos de las parroquias empiecen a formarse y a organizarse para atender los temas de la pastoral social y que todas las acciones pasen por las parroquias y se informen al obispo a través del consejo pastoral diocesano.

El Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia –columna vertebral de la pastoral social católica- es un valioso instrumento de evangelización y de formación espiritual de todo fiel de la iglesia que entienda que su fe tiene consecuencias sociales y que no queda encerrada entre las paredes de su casa o circunscrita a la misa del domingo. Esta Doctrina es la proyección del Evangelio para iluminar la vida en la sociedad humana. El católico encuentra en ella inspiración no sólo para ejercer la caridad ante las miserias que sufre el prójimo, sino para vivir en la sociedad civil de manera responsable y conforme al plan de Dios.

El Cardenal Martino afirmó en la Semana Social 2008 en Mar del Plata, que la espiritualidad del laico se funda en la Palabra de Dios, en la vivencia profunda de la vida sacramental y litúrgica (en especial la santa misa), en la oración, en nutrir su fe tanto con las enseñanzas del Catecismo de la Iglesia como del Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia. El conocimiento de esta Doctrina es muy necesario en nuestros días, pues nuestra sociedad atraviesa una crisis que tiene graves efectos económicos y políticos, pero cuyas raíces más profundas son morales y culturales, y su extirpación supone un largo proceso de conversión de la conciencia de la ciudadanía. Con frecuencia nos comportamos como habitantes que nos aprovechamos de las riquezas de la Patria, pero no somos ciudadanos deseosos de procurar el bien común. En este sentido la propuesta de la Pastoral Social Nacional de cara al Bicentenario como Nación es que “pasemos de ser meros habitantes a ciudadanos de la Patria”.

Algunas de las situaciones que debe atender la Pastoral Social son por ejemplo: problemas de subsistencia (vivienda, alimento, salud, seguridad), heridas a nivel de la personalidad (dificultades para comprender y razonar, sometimiento a las situaciones adversas del entorno, incapacidad para dar solución a los problemas), imposibilidad de acceder a recursos educativos adecuados, y otros que son verdaderos atentados a la dignidad humana. Si bien la deuda externa es un lastre económico que nos hunde, la deuda social interna no lo es menos en tanto hace que se ponga en cierto riesgo el seguir viviendo y la posibilidad de poder progresar en distintos órdenes de la vida.

Casi todos los argentinos -cada uno a su manera- somos corresponsables de la situación de postración en la que nos encontramos. Pero especialmente son responsables quienes tiene representación política o pública. Son ellos quienes serán los encargados de orientar las acciones para que resurja la Argentina. Sin embargo esto no será posible mientras persistan algunas viejas prácticas corruptas que aparecen con especial énfasis en los tiempos previos a las elecciones. Nos hace falta un cambio a nivel de conciencia personal y colectiva, una conversión sincera y desinteresada que deje de lado la intención de “salvarse a costa de los demás”. Hacen falta hombres públicos que interpreten que su acción política es una vocación de Dios para servir a sus hermanos, de entre los cuales fueron tomados para ocupar cargos públicos para tomar decisiones que afectarán las vidas, la felicidad y el destino de miles y hasta millones de personas.

Por estos días hemos dejado de trabajar y producir para reflexionar en el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, para encontrar culpables que sesgaron vidas con armas en la década de 1970. Época que representa una herida nacional sobre la cual sería mejor echar vino y aceite como en la parábola del Buen Samaritano, en vez de echar ácido sulfúrico para abrir y remover dolores y sufrimientos, lo cual no significa que no haya que buscar la justicia. El tema es cómo hacerlo para no comprometer el futuro con las heridas del pasado. Fomentar el odio o la venganza en las generaciones presentes, lo único que logrará es mantener dividida a una sociedad que necesita estar unida y que necesita mirar para el mismo lado y así salir del pozo de postración en el que nos encontramos. Si es tan necesario encontrar segadores de vidas. ¿No sería bueno también dedicar un día para reflexionar, para tener memoria por la verdad y la justicia y encontrar a los hombres públicos, de ayer y de hoy, que con sus decisiones “mataron y matan” millones de argentinos y clausuran el porvenir y el desarrollo de generaciones enteras? Porque no se mata solamente con un FAL o con una pistola. También se “mata” con una actividad política corrupta, con el enriquecimiento ilícito o con levantar la mano para aprobar una ley contraria al bien común. Hay algunos “genocidas que aprietan otros gatillos” que producen angustia, sufrimiento y muerte al ejercer deshonestamente la actividad pública.

La pastoral social busca trabajar por valores como la paz, justicia, veracidad, solidaridad, laboriosidad… También son expresión de la caridad fraterna el preocuparse y ocuparse (en la medida de las vocaciones particulares de cada uno) de temas tales como la justa distribución de la tierra, los pequeños productores, las nuevas concentraciones urbano-marginales, los aborígenes, el deterioro del medio ambiente y de otros asuntos que afectan la vida de las sociedades.

En el NEA, además, hay mucho por hacer desde las parroquias. Muchos son los problemas sociales que significan pobrezas y postergaciones distinto tipo: la falta y la deficiente educación (raíz de muchas otras pobrezas), la falta de salud y la presencia de muchas enfermedades, las exclusiones injustas, la mala política, los muchos problemas de los jóvenes, la falta de vivienda, las migraciones internas. Desde el punto de vista de la pastoral social hay que prestar atención a la familia y sus problemas (desintegración, madres solteras, falta de responsabilidad, falta de conciencia de los deberes y roles en la familia, la violencia familiar, la falta de amor, la ausencia de espiritualidad familiar, la baja educación, etc.).

Los católicos tenemos motivos de fe que nos deben impulsar al compromiso por lo social. Nosotros creemos en que nuestro padre Dios Creador nos dio todos los recursos para una vida digna. Creemos e intentamos reproducir en nosotros la solidaridad del Hijo de Dios que en la Encarnación asumió y dignificó todo lo humano. Creemos que cuando Cristo vuelva en su gloria nos juzgará por nuestro amor al prójimo, por nuestro servicio a los demás, por nuestro compromiso por los problemas de la sociedad. El motor y la convicción de nuestro compromiso es que todo lo que seamos capaces de construir aquí en la tierra son ladrillos para nuestra morada en el cielo.

Fuente de base utilizada en el artículo: AICA - Carta del Episcopado Argentino - 88ª Asamblea Plenaria, San Miguel

José Roberto Cosio
Coordinador Diocesano de la Pastoral Social
Diócesis de Iguazú


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