domingo, 29 de marzo de 2009

DESDE EL EVANGELIO: ENCONTRARNOS CON JESÚS



El estar dispuestos a un encuentro personal con Jesucristo es la primera condición en la vida de un cristiano. Esto vale también en nuestras relaciones, cuando al otro lo consideramos algo y no alguien, empobrecemos nuestra condición de seres espirituales.

Por Mons. José María Arancedo

Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz

El Evangelio de este domingo, ya próximos a iniciar la Semana Santa, nos presenta una escena que la considero siempre actual. Un grupo de griegos, dice el texto, se acerca a Felipe, uno de los apóstoles, y le pregunta con insistencia: “Señor, queremos ver a Jesús” (Jn. 12, 21). Se trata de una pregunta que expresa una búsqueda. Es decir, no es una pregunta de curiosidad que nos mueve a conocer algo, sino una pregunta que busca a alguien. En la pregunta de sola curiosidad no existe una disposición para un encuentro; en la segunda, en cambio, lo importante es el deseo del encuentro. En la primera situación parecería que lo conocido pasa a ser “algo”, que se mantiene fuera del ámbito de una relación personal; en la segunda, en la de la búsqueda, al ser “alguien” a quién vamos a conocer es posible que hablemos de amistad, incluso de comunión.

Esta reflexión me lleva a preguntarme cuál es mi actitud frente a Jesucristo. Me acerco a él como a un personaje de la historia interesante de conocer, pero con quién conservo una distancia que lo hace “algo” para mí, o por el contrario lo considero como una persona, como “alguien” a quién puedo conocer pero sobre con quién puedo entrar en una relación personal. Creo que esta reflexión es importante que nos la hagamos al acercarnos a Semana Santa. En aquel “queremos ver a Jesús” hay una búsqueda de encuentro que es el principio de una relación que va a dar sentido a nuestras vidas. El estar dispuestos a un encuentro personal con Jesucristo es la primera condición en la vida de un cristiano. Esto vale también en nuestras relaciones, cuando al otro lo consideramos algo y no alguien, empobrecemos nuestra condición de seres espirituales, nos aislamos y vivimos encerrados, no estamos abiertos para el encuentro de una amistad.

Podemos avanzar y dar un paso más en nuestra relación con Jesucristo. Hay un primer momento en el encuentro con él que puede ser un tanto exterior, tal vez ocasional, que produce el entusiasmo de lo nuevo, este momento no deja de ser importante, pero no es suficiente porque le falta profundidad. Esto pasa con muchas relaciones humanas que producen la alegría en un momento, pero que al no alcanzar un encuentro más profundo duran poco. En cambio, cuando el encuentro entre dos personas alcanza ese nivel donde el otro se convierte en alguien, esa relación adquiere una solidez que supera la alegría fugaz de un momento.

Esto nos puede ayudar a comprender nuestra relación con Jesucristo. Si mi encuentro con él es solo exterior o superficial, es decir, no llega al interior de mi vida, sólo ocupa el lugar de algo más, esta relación al no tener profundidad no da sentido ni alegría a nuestra vida. Recuerdo la expresión de san Pedro cuando le dice a Jesús: “Adónde vamos a ir, Señor, sólo tú tienes palabras de Vida”. Qué triste cuando Jesucristo es sólo algo que conocemos, pero no hemos llegado a una relación personal con él. El que se empobrece, en este caso, es el hombre porque no ha sabido abrir la puerta de su corazón al Señor. Que esta Semana Santa nos acerquemos a él con el espíritu e insistencia de búsqueda de aquellos que le preguntaron al apóstol Felipe: “Señor, queremos ver a Jesús”.

Deseándoles un buen fin de semana en compañía de sus familias y amigos, les hago llegar junto a mi afecto y oraciones, mi bendición de Padre y amigo.


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