lunes, 24 de noviembre de 2008

SOBRE LA "INQUISICIÓN QUE ATIENDE EN SANTA FE" – UNA BURRADA QUE FUE TAPA



“El matrimonio es la unión estable entre un hombre y una mujer” sostuvo el Arzobispo de Santa Fe Mons. José María Arancedo.
¿Es inquisitivo defender la naturaleza humana, la normalidad?


Por Juan Carlos Sánchez

“Si me preguntan a mí, tengo todo el derecho como argentino, antes que como obispo, de opinar que para mí el matrimonio es la unión entre un hombre y una mujer (…) ordenada a la vida. (...) Yo nunca me he sentido un inquisidor como actitud de vida, ni tampoco la Arquidiócesis santafesina ha tenido esta postura. (...) Defender eso no se puede llamar inquisición” aclaró Arancedo.“Si existe vida, tiene derecho y hay que respetarla”. Dijo poco antes.

El ataque al Nº 3 de la Conferencia Episcopal Argentina y Ordinario de Santa Fe de la Vera Cruz no es casual. Se enmarca dentro de una fuerte avanzada que anticipa un Marzo 2009 duro en materia antropológica y religiosa, preparatoria a la visible derrota electoral del colectivo social piloteado por el kirchnerismo y que agrupa todas las anormalidades conocidas más los defensores del crimen del aborto y los neuro progresistas vernáculos.

Alguna prensa tituló y otra repitió que “la Inquisición atiende en Santa Fe” y aunque el título es bueno por lo llamativo, por lo inapropiado y amarillo pierde entidad periodística.

Admito que a estos títulos -admirables por la imaginación- estoy acostumbrado. Empeorarán en breve, serán cada vez más virulentos, la caída anunciada para el 2009 del modelo socio cultural propuesto por el kirchnerismo provocará el aceleramiento del intento de forzar legislación e instalación de conceptos negativos en el cuerpo social, porque luego retornarán parámetros de normalidad más digeribles a las mayorías y todo será más difícil para el circo nacional.

La defensa antropológica del derecho a la vida, la religiosa de la ley natural y divina, la política de los valores cívicos y la social que no es más que “anticuerpos” generados por una comunidad atacada y traicionada por sus coyunturales líderes, puede observarse en las páginas de este diario y en muchos otros, creciendo exponencialmente y cada vez con mayor vigor y valentía.

Como la valentía -cuestionada por cierta prensa y periodistas- del Arzobispo de Santa Fe de exhibirse como “políticamente incorrecto” haciendo propio no solamente el criterio eclesial sino de esa gran mayoría normal de la sociedad atacada.

También como la de los firmantes de los correos-e, documentos o cartas enviadas a los legisladores santafesinos y a los nacionales en casos similares cuando la naturaleza del hombre se intentaba lesionar atendiendo reclamos minoritarios, sin medir las consecuencias a futuro, el daño a los niños y jóvenes y a la sociedad toda y solamente procurando el beneficio de algunos votos marginales. Esto expresa la degradación a la que ha llegado la praxis política durante esta crisis (de los últimos seis años).

Con claridad lo dice la Federación de Asociaciones y Uniones de Padres de Familia de Colegios Católicos de la Arquidiócesis de Santa Fe de la Vera Cruz que sostuvo que 
legalizar las uniones homosexuales agravia a los padres de familia santafesinos” es un acto de discriminación y perjuicio a los padres de familia” que “menoscaba y condiciona la educación de sus hijos”.
También La Junta Arquidiocesana de Educación que escribió a la vicegobernadora y a los senadores, advirtiéndoles que “desde un punto de vista biológico-natural” sólo puede reconocerse como unión estable la de un varón con una mujer y que “el bien común debe estar por encima de los intereses particulares y este proyecto atiende a un sector minoritario sin considerar la idea de familia generadora y contenedora de hijos”.

La Universidad Católica de Santa Fe, que en una carta firmada por su rector, Pbro. Dr. Gerardo Galetto pide a los senadores que no aprueben la ley porque “la pareja homosexual, es obvio que biológica y antropológicamente no es, la suya, la situación de la pareja heterosexual. No es posible entre ellos la complementariedad a que se encuentra dispuesto cada sexo y la procreación abierta a perpetuar la especie. Los heterosexuales son diferentes a los homosexuales por lo que no existe discriminación cuando se prohíbe a éstos el acceso a una institución que por el orden de la naturaleza se encuentra dispuesta a la pareja de doble género, hombre y mujer”.

O la Pastoral Social de la Arquidiócesis de Santa Fe que en su carta a los senadores sostiene que el proyecto es “notoriamente inconstitucional, antisocial, contrario a la moral media de nuestro pueblo e inaceptablemente inoportuno”, constituyendo una “cuña confrontativa” y está “directamente encaminado a socavar la institución familiar”.
Y esta última frase que destaco adquiere singular relevancia a la luz del modelo del kirchnerismo que promueve la degradación de todo lo institucional, formal e histórico para fortalecerse desde la nadería de sus propuestas y del caos, en el vacío conceptual desde una sociedad de slogans.

Vale entonces preguntarse: ¿Los legisladores, sean santafesinos en este caso o de cualquier otra provincia o nacionales, también apuestan a su supervivencia a costo del bien común?

¿Son racionales y justos o solamente adminículos electoralistas programados para adquirir votos a cualquier precio?

¿Están capacitados para su función?

No hay que olvidar que el actual Gobernador santafesino cuando era candidato y con oportunismo electoral, firmó una declaración nacional a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo y se comprometió a que una vez electo, promovería una legislación local que garantizara a las parejas santafesinas todos los derechos que dependiesen del Estado provincial.

Eso “puso locas” -vulgos dixit- a cuantos andan por la calle con aritos o minifaldas exhibiendo las siliconas y apretando el pene con la tanga, tan naturales ellos. O a las que reclaman que el Estado les pague el aborto seguro y defienda su derecho a decidir sobre su propio cuerpo desinteresadas del cuerpo de su hijo a quien no les importa masacrar. Y Binner cosechó algunos votos más.

Por eso no coincido plenamente con Mons. Arancedo cuando dice en una de las declaraciones públicas que el conflicto “no generará fricción” con el gobierno provincial pues “tenemos un diálogo muy franco y de mucho respeto”. Y no coincido porque si un médico, Binner, que sabe como nace y se desarrolla una vida y conoce en profundidad la crueldad del aborto fue capaz por unos pocos votos más de firmar una declaración como la arriba relatada, ¿de qué no será capaz para mantenerse en el poder? Cuidado con estas trampitas políticas, prometen cualquier cosa, mienten, miman y al final... empoman.

Claro que no pueden ignorarse las nuevas tendencias. Existen, están aquí conviviendo con nosotros el grupo Socialistas LGBT (organizaciones de base de la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans) y los Putos Peronistas. Una mimosada. Tan tiernos ellos/as. El proyecto de ley de Unión Estable de Parejas fue incluido en la plataforma electoral socialista. La esperanza es Reutemann y sus seguidores en el Senado.

El activismo católico como bien lo denomina la prensa juega fuerte sus fichas en esta oportunidad. El laico comprometido santafesino viene entrenado desde la gestión arzobispal anterior, tanto por la firmeza de su titular como la de los vicarios y por la formación lograda en institutos singulares como el IACS (Instituto Arquidiocesano de Ciencias Sagradas) u otros ad intra eclesiales.

Observarlo (al laicado) estimula la esperanza de que conductas supervivientes se consoliden y reformulen para sí mismos la elaboración de nuevos cuadros eficaces capaces de enfrentar el oportunismo político.

Entre otros beneficios destaco el de generar un colchón amortiguador previo al Arzobispo quien, como gran y casi único comunicador, está siempre demasiado expuesto y no cuenta con capacidad operativa notable por debajo de sí mismo. Esta no es una diócesis pequeña ni pacífica ni nueva que pueda administrarse sin sólidos cuadros intermedios.

Los políticos de la alianza progresista que lidera el Gobernador Binner repiten como aprendido de memoria el mismo libreto. El senador Juan Carlos Zabalza, presidente del bloque Encuentro Progresista, adelantó su voto afirmativo sosteniendo que la ley “será un paso positivo hacia la construcción de una sociedad más inclusiva, con igualdad de oportunidades ante la ley. Se trata de reconocer la realidad que presentan estas uniones, que son el libre resultado de la autodeterminación de las personas y merecen ser reconocidas por el derecho”.

Mi apreciado tocayo a quien conozco desde hace muchos años olvida –artificialmente- que la ley permite muchos de los reclamos que hoy intentan justificar esta nueva y que otros son y deben seguir siendo exclusivos de institutos naturales -como la familia normalmente constituida- en pro de la salud social. Nunca la inclusión ha de ser contra natura si no “lo que sale es mula” como decía mi abuelo Juan, amante de los buenos caballos y que aprendió de un peón santiagueño como hacer chorizos de burro.

A su vez el presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Di Pollina, orgulloso por el voto de la media sanción casi por unanimidad (nueve legisladores justicialistas se abstuvieron) argumentó: “Hemos conformado una nueva mayoría parlamentaria con el objetivo de construir un nuevo estado, más cercano, más humano, que reconozca a todas y todos sus integrantes por igual”.

Fantasea el buen sociolisto, no se construye un nuevo estado más humano y cercano agrediendo la norma moral, la tradición y las costumbres del resto de la sociedad. La humanidad no es susceptible de modificaciones forzadas de su naturaleza sino que por el contrario, surge, madura y se consolida en lo personal y en lo comunitario desde el conocimiento y aceptación de su esencia.

Silvina Sierra, integrante de la ONG Las Diversas, en paralelo con la opinión del oficialismo y en lo que pareció un acto fallido, puso en claro la cuestión al decir “en estos temas tienen que priorizar la necesidad de estos ciudadanos que también votan…” ¿Serán muchos/as?

Estos cambios de paradigmas que se intentan con cierto éxito apuntan mucho más allá de los supuestos derechos de las minorías anormales. La despenalización del aborto y el aborto libre y gratuito (que no será libre para el niño ni gratuito pues lo pagaremos entre todos, para algunos el orgasmo y para otros la factura) serán las metas siguientes y la sociedad, aturdida por tanta basura publicada e impensada de la dirigencia (?) política, quizá no acuse el golpe y no sepa defenderse a sí misma en la persona de sus hijos no nacidos.

Mons. Arancedo el mes pasado y refiriéndose a las últimas declaraciones sobre la despenalización de aborto del ministro de Salud de la provincia Miguel Angel Capiello, habló fuerte y claro: “Me preocupa que venga de una autoridad que tiene la responsabilidad del bien común. Yo creo que el aborto hay que verlo como lo que es. No hay que darle muchas vueltas. El acto del aborto se impone a la libertad de una persona. Donde hay vida ya existe derecho. El fetito que se está engendrando en el vientre de su madre tenga 20 días, tenga un mes, ya es sujeto de derecho, y por lo tanto la ley debe tutelar esos derechos.” Y agregó: “espero que los médicos no se dejen llevar por esas medidas ¿Cómo no va a denuncia a alguien que se practicó un aborto? La postura de la Iglesia es el respeto por la vida y ¿quién dice que hay vida? Lo dice la ciencia”.

Anteriormente y denunciando doctrinas liberales (las llama neo liberales, la corrección es mía, no creo en la existencia de los “neo”, se es o no) contrarias a la solidaridad por su individualismo, el Arzobispo Arancedo definió: "La igualdad no se opone a las cualidades que distinguen a los hombres. Desde esta diversidad vemos como la justicia no es dar a todos lo mismo, sino dar a cada uno lo que le conviene o corresponde".

Si por analogía aplicamos este concepto al tema de marras convengamos que no corresponde otorgar similitudes artificiales a quienes son diferentes y así lo expresan con orgullo. Esto aunque más no sea por respeto hacia ellos y para que, ya que están orgullosos de su anormalidad, no intenten equipararse o parecerse a sus opuestos. Aclaro el concepto -por si hace falta- con una anécdota.

Con dolor, una vieja y querida amiga vino a contarme de la ruptura de su matrimonio y su causa. “Él -comenzó diciendo- siempre hizo gala de haberme sacado de la calle, de ser una putita. Se enorgullecía ante mí de eso, de ser más hombre que los muchos otros y de realizar una buena obra... Al final me di cuenta que estaba orgulloso de él y no de mi, enamorado de él y no de mi...


La miré sin comprender muy bien y se lo dije. Siguió explicando:

- Fue cuando me enteré de un comentario hecho a un común amigo, ‘ahora la puedo mostrar como una buena mina...’ le dijo. ¿Entendés ahora? Nunca me aceptó tal cual fui, quiere su obra, su creación, no a mi”

No respondí. Ella se aceptaba tal cual, él ya modificada, incorporada a su mundo, aceptable...

Si ser anormal enorgullece al punto de mostrarlo con descaro, de proponerlo como segmento de los derechos humanos, como merecedor de derechos especiales pero a la vez induce a forzar a la comunidad a la aceptación y a la legislación a asimilarla a la normalidad, es porque ellos mismos no se aceptan. A más de saberse o sentirse fuera de los marcos -y por eso desean construirse otros apropiados- quieren vivir la normalidad desde una farsa.

De allí la fuerza de la frase de Mons. Arancedo: “dar a cada uno lo que le conviene o corresponde".

Y esto sin olvidar la conveniencia de la sociedad, porque mucho mal hará el legislador que por consentir la exigencia de minorías ruidosas deteriore los valores que la sustentan. No “corresponde”, no pertenece, no es propio de la especie humana disfrazar el sexo tras modalidades de género. Tampoco proponer que aquello con lo que nacimos en la entrepierna y que nos define puede ser producto de elección posterior alguna.

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