martes, 3 de noviembre de 2026

¿LA MISA TRADICIONAL? ¡LA MISA NORMAL!

La XV Peregrinación Summorum Pontificum en Roma fue una peregrinación notable, pero fuimos tratados como católicos sospechosos, ya que se nos prohibió entrar en procesión en la Basílica de San Pedro.

Por Christian Marquant


Por ello, me parece interesante recordar cómo comenzó esta iniciativa de las peregrinaciones tradicionales a Roma. Durante la primera peregrinación, en 2012, fue el propio Prefecto de la Congregación para el Culto Divino, el cardenal Antonio Cañizares, quien celebró la Misa de la peregrinación en San Pedro. Y ese mismo cardenal declaró a un periodista romano que la Misa Tradicional era “normal”.

A continuación, presento un documento de la época: un artículo publicado el 3 de noviembre de 2012 —el mismo día de dicha Misa— por el blog Riposte catholique: “En directo desde Roma: este 3 de noviembre, en la Basílica de San Pedro, la Misa “Extraordinaria” es la Misa normal”.

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En directo desde Roma: este 3 de noviembre de 2012 en la basílica de San Pedro

¿La Misa “Extraordinaria”? ¡Una misa normal!

Como preámbulo a esta celebración, que acaba de concluir en San Pedro, el cardenal Cañizares explicó al vaticanista Andrea Tornielli, midiendo bien sus palabras: “Es una forma de hacer comprender que el uso del misal de 1962 es normal”. Para quien conoce el funcionamiento de la Curia Romana, un acto tal por parte del Prefecto de la Congregación para el Culto Divino, realizado en la Basílica del Papa, no podía sino estar inspirado —de una forma u otra—, tal como indica el mensaje del papa, leído en francés al comienzo de la ceremonia.

A las 14:30 horas, la larga procesión de cofradías, clérigos y fieles —que partió de San Salvatore, al otro lado del Tíber, cruzó el puente de Sant'Angelo y recorrió toda la Via della Conciliazione— atravesó las puertas de la Basílica vaticana para unirse a la multitud de fieles que ya aguardaban en el interior. Y a las 15:00 horas, visiblemente radiante, el Prefecto para el Culto Divino dio comienzo a la Misa Pontifical bajo la Cátedra de San Pedro, ante una concurrencia de entre 2000 y 3000 personas —sin contar a la multitud situada tras las vallas— y un numeroso grupo de clero secular y religioso. 

Al igual que en otras ceremonias de esta peregrinación Summorum Pontificum, uno de los aspectos más llamativos fue la presencia masiva de sacerdotes diocesanos y seminaristas, tanto de las diversas universidades pontificias como de aquellos que viajaron expresamente para la ocasión desde Francia, Estados Unidos, Inglaterra, etc.

Entre los prelados romanos que asistieron a la ceremonia (Mons. Perl; Mons. Pozzo, recién nombrado arzobispo esta misma mañana; Mons. Agostini, ceremoniero pontificio, etc.), destacó la presencia —casi oficial— de la Comisión Ecclesia Dei, representada por su vicepresidente, Mons. Di Noia, quien estaba rodeado de sus colaboradores y presidía a los miembros del clero. El Rev. De Andrade, miembro de dicha Comisión, dirigió la ceremonia de manera impecable, asistido por un sacerdote diocesano, el Rev. Cuneo. Como sacerdote asistente actuó Mons. Ferrer, vicesecretario de la Congregación para el Culto Divino; el Rev. Barker, vicario de la parroquia personal romana dedicada a la liturgia tradicional, ejerció de diácono; el Rev. Reginal-Marie, de la Fraternidad de San Vicente Ferrer, fue el subdiácono; y el resto de los ministros fueron elegidos entre los seminaristas de los colegios romanos y el clero diocesano.

Todo apuntaba a transmitir la idea de que, partiendo de una situación de “privilegio” concedido, nos encontramos ahora en un camino —aunque todavía estemos muy lejos de la meta— hacia una normalización; lo que ayer era extraordinario debe integrarse poco a poco, paso a paso, en las parroquias, en las diócesis, en los movimientos juveniles y en la vida de la Iglesia en su conjunto.

Así lo subrayó el propio cardenal Cañizares al final de su homilía (de carácter muy espiritual), desarrollando un tema que le es muy querido: el Motu Proprio supone la pacificación de la Iglesia consigo misma —es decir, con su propia tradición—, cuyo eje es el culto romano tradicional. Cuando el “Ministro de la Liturgia” de Benedicto XVI evoca, con gran sutileza, la “iluminación” que la constitución Sacrosanctum Concilium debe aportar a ambas formas del rito romano, ¿no equivale esto a decir que, si ayer el concilio se explicaba a través de la liturgia de Pablo VI, hoy puede reinterpretarse igualmente con la ayuda —por no decir a través del filtro— de la liturgia llamada de San Pío V?

La emoción que embargaba a los asistentes a la misa de este 3 de noviembre nacía, en parte, de la conciencia de estar presenciando el tambalearse de aquella “revolución copernicana”. El cardenal recordó los objetivos de la peregrinación: acción de gracias y apoyo a las intenciones del Santo Padre, y una comunión “afectuosa” del pueblo de Summorum Pontificum con el Padre Común.

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Y aquí tienen un video de aquella época: https://www.youtube.com/watch?v=UGnVwoJtnz4. No tengo nada que añadir a estos documentos, queridos “vigilantes” parisinos, salvo que en 2013 —menos de un año después— el papa de Summorum Pontificum había renunciado y ya había sido elegido el papa que publicaría Traditionis custodes. No obstante, nuestros incesantes esfuerzos para que la Misa Tradicional vuelva a ser la Misa habitual no han cesado. Tal es el caso de los esfuerzos realizados en las peregrinaciones a Roma; y lo mismo ocurre con los esfuerzos de los “vigilantes” parisinos que rezan el rosario en el número 10 de la rue du Cloître-Notre-Dame, de lunes a viernes, de 13:00 a 13:30 horas; en Saint-Georges de La Villette (114, avenue Simon Bolivar, en el distrito XIX), los miércoles y viernes a las 17:00 horas; frente a Notre-Dame du Travail (en el distrito XIV), los domingos a las 18:15 horas.

En unión de oración y de amistad.

Christian Marquant
 

1 comentario:

  1. El Cardenal Antonio Cañizares Llovera, que fué Arzobispo de Valencia y por tanto nuestro Ordinario, traicionó al Papa Benedicto XVI, cuando este Cardenal era Prefecto del Culto Divino. Lo cuenta Sandro Magister. A escondidas quería hacer aprobar, sin saberlo el Pontífice, un texto -esa misa que el Papa no quiere- para las celebraciones neocatecumenales del grupo de Kiko Argüello -el que deseó la muerte al Papa Benedicto. Démonos cuenta de quien es éste personaje -Cañizares- y de por qué huyó Ratzinger.

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