miércoles, 20 de junio de 2018

“JAMÁS QUISE SACAR A MI BEBÉ EN PEDAZOS PARA QUE DESPUÉS LO TIRARAN COMO BASURA”

Joshua Jay Zaragoza, hijo de Claudia y Juan, falleció en noviembre de 2017 a las 11 semanas de vida prenatal
Claudia Ortiz (hoy Claudia Zaragoza) es de San Diego, (California, EE. UU.), tiene 34 años y está junto a Juan Zaragoza, su marido, desde que tenía 15 años. A los 16, quedó embarazada y, aunque fue presionada por los miembros del establecimiento en el que se hizo el test, rehusó abortar. “Les dije firmemente que este bebé no pidió venir al mundo y que no tenía la culpa de nuestras irresponsabilidades”. Al salir de allí, le contó la noticia a su entonces novio, que alegre por la noticia, le dijo: “Yo me quiero casar contigo. Hablaré con tus papás”. Y así siguen juntos y enamorados desde entonces.

Una ecografía en el centro comercial

El viernes 17 de noviembre de 2017, Claudia acudió junto a su marido y sus cuatro hijos a realizarse una ecografía (ultrasonido). “Todos íbamos muy emocionados por conocerlo, sin saber que ese día cambiaría nuestras vidas”, explica. En una primera instancia, la imagen del niño era nítida, con su cuerpo en perfecto desarrollo… hasta que la encargada de la ecografía saltó con una extraña pregunta: “¿Quién te dijo que estás embarazada?”.

Claudia no comprendía a qué se refería, pues la evidencia de la ecografía era innegable. La respuesta que le dieron a continuación fue aterradora: “Tienes que ver a tu médico porque tu bebé ya no tiene latido”. Durante unos minutos, todo se le vino abajo: “Perdí parte de mi corazón por el resto de mi vida. Lloré con impotencia, pues no había nada que pudiera hacer para salvar a mi bebé”.

El médico intentó convencer a Claudia, asegurándole que su hijo era sólo un cúmulo de células y coágulos de sangre y que “no valía la pena”.

En el servicio de emergencias del hospital, le confirmaron la fatal noticia. El corazón de su hijo había dejado de latir a las 11 semanas y ya habían pasado 12 desde el embarazo. Las palabras del médico volvieron a partirles como un rayo: “Lo siento, no hay latido. Es muy común y no hay una explicación”, les dijeron. Y por toda recomendación, que volvieran a casa y esperaran a que la naturaleza siguiera su curso.

¿Mi bebé en pedazos?

El lunes, Claudia acudió a la que tenía que haber sido su primera cita prenatal del embarazo muy confundida, pues “no tenía ningún síntoma me sentía totalmente embarazada, con los mismos ascos (nauseas) y todo”. Cuatro días más tarde, el médico le advirtió de los peligros de que su hijo muerto, si no era expulsado de forma natural, le produjese una infección interna.

Le recomendó someterse a una operación D&C (dilatación y curetaje, por sus siglas en inglés), pero Claudia se negó en redondo: “Cuando me explicó qué era ese dichoso D&C supe que jamás quise sacar a mi bebé en pedazos para que después lo tiraran como basura. Mi fe y mi amor por mi bebé me lo impedía”.




El médico intentó convencer a Claudia, asegurándole que su hijo era sólo un cúmulo de células y coágulos de sangre y que “no valía la pena”. Para reforzar el ‘argumento’, le aseguró que el cuerpecito de Joshua Jair ya se estaba descomponiendo. Le dio un medicamento para provocar el parto que Claudia no se tomó, porque no se sentía mal.

Dos semanas y media muerto en su vientre

El hijo de Claudia estuvo en su vientre durante dos semanas y media después de que se le parara el corazón. Durante la primera, ella no era consciente, pero los últimos diez días se le hicieron muy cuesta arriba, aunque también la vivió con esperanza. “Esa semana y media fue muy dolorosa y devastadora, pero a la vez lo tomé como la más grande bendición y regalo de misericordia y amor que Dios me había concedido para prepararme espiritual, corporal y emocionalmente”.

En un tono de enorme cariño, Claudia explica cómo durante esos días la familia entera rezaba llenaba de besos y caricias su vientre: “Le decíamos a nuestro bebé que lo amábamos y que siempre lo amaremos”.

En aquellos días Claudia andaba atormentada al leer muchas historias sobre cómo terminaban los abortos espontáneos. En ocasiones, con el hijo perdido por el inodoro. En otras, extraído a pedazos en un hospital sin posibilidad de guardar un duelo, verlo o enterrarlo.

“Su vida fue válida y se le dio la importancia que él se merecía. Ahí me di cuenta de que su vida tuvo un propósito: tenemos que pelear por las vidas de los no nacidos, explica la madre de Joshua Jay

“El 26 de noviembre de 2017 mi bebé llegó a este mundo. En ese momento tuvimos la dicha y la bendición de poder ver el gran milagro de Dios. Conocimos a un angelito de 11 semanas de gestación, perfecto y completamente desarrollado. Su cuerpecito no se estaba descomponiendo como afirmó el doctor”, explica Claudia.

Pero tras la felicidad por ver cara a cara a su hijo Joshua Jair, se empezó a sentir muy mal, a sudar muchísimo y a experimentar una gran debilidad hasta que cayó desmayada tras haber perdido mucha sangre. Las asistencias de emergencia llegaron a su casa y, ya en el hospital, le hicieron, esta vez sí, un procedimiento de dilatación y legrado: “Ya no me importaba, pues ya tenía a mi bebé”.

Al final de vivir este episodio vital tan intenso, Claudia tiene clara la enseñanza: “Todo valió la pena, pues le dimos santa sepultura”. El párroco de su iglesia ofició una misa en la que el hermano de Claudia participó también como parte del coro parroquial. “Celebramos la corta vida de nuestro bebé”, explica, con la suelta de 13 palomas. Una por Claudia, otra por Juan y 11 más por cada una de las semanas que Joshua Jair vivió. También soltaron globos.


Lugar del entierro de Joshua Jay Zaragoza en el cementerio Monte Esperanza de San diego (EE. UU)
“Fue muy hermoso y emotivo. Su vida fue válida y se le dio la importancia que él se merecía. Ahí me di cuenta de que su vida tuvo un propósito: tenemos que pelear por las vidas de los no nacidos”, concluye. Joshua Jair descansa desde entonces en un camposanto rural de San Diego que tiene por nombre Monte Esperanza. En la lápida se puede leer un versículo del libro de Samuel: “Este es el niño que yo le pedí al Señor, y él me lo concedió. Ahora yo, por mi parte, se lo entrego a Él”.

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