viernes, 16 de septiembre de 2016

RADIOACTIVIDAD, UN DESCUBRIMIENTO CASUAL QUE CAMBIO LA HUMANIDAD

Por Andréi Retinger

El estudio de la energía del núcleo atómico comenzó hace más de un siglo. En la actualidad las aplicaciones derivadas de aquellos experimentos abarcan ámbitos de lo más diverso, desde la medicina, hasta la electricidad pasando por el estudio del cosmos.

Antoine Becquerel descubrió la radioactividad hace 120 años y entonces la humanidad comenzó un fascinante viaje: el estudio la energía del núcleo del átomo.

Hay quien asegura que este importante descubrimiento fue obra de la casualidad, aunque en realidad se produjo durante un interesante experimento. El abuelo y el padre de Becquerel estaban estudiando la fosforescencia, y para ello reunían minerales brillantes. Trataban de ver la acción que producía el mineral de uranio en una placa fotográfica cubierta de papel negro. Antoine Becquerel intentaba demostrar que cuando un mineral se exponía al sol comenzaba a emitir rayos X, recién descubiertos por Röntgen.

Pero el día del experimento el cielo de París amaneció cubierto y cuando el científico reveló la placa para examinar la calidad de la emulsión, descubrió con sorpresa que había siluetas de muestras de uranio. Los minerales habían emitido rayos (radiación) de forma independiente, sin la acción del sol. Fue así como se descubrió la radioactividad.

Los rayos de uranio interesaron a dos conocidos científicos Marie Skłodowska-Curie y a su esposo Pierre Curie que descubrieron que la radioactividad es propia del átomo de uranio. Resulta interesante el hecho de que durante la búsqueda de materiales radioactivos Marie procesara en su propio cobertizo, a mano y utilizando métodos químicos, varias toneladas de residuos para obtener la cantidad mínima de cloruro de radio radiactivo. El matrimonio soldó la sustancia en una ampolla y por las tardes se metía en el cobertizo para admirar su misteriosa luminiscencia. Poco después descubrieron que la radiación del radio era capaz de quemar la piel, así como de curar tumores malignos y ciertas enfermedades cancerígenas de la piel.

El descubrimiento de este fenómeno fue una auténtica revolución para el mundo científico, ya que echaba por tierra las ideas inamovibles sobre la indivisibilidad del átomo. Las palabras del científico Ernest Rutherford, que contribuyó más que nadie a la física nuclear, ayudan a comprender la profundidad de la confusión que se adueñó de la mayoría de los científicos de la época. En una intervención en público sobre sus experimentos de división del núcleo del átomo, declaró: “¡la división del átomo es el experimento más elegante que hay y su elegancia consiste en que no tiene ninguna aplicación práctica!” Poco antes de morir le hicieron la siguiente pregunta: “¿Cuándo cree que la energía nuclear descubierta por usted tendrá una aplicación práctica?” Rutherford respondió brevemente: “¡Nunca!”. Tras pensar unos segundos, añadió: “Al menos no durante los próximos 200 o 300 años”.

Esto ocurrió tan solo cinco años antes de la aparición del primer reactor nuclear, que tuvo lugar en EE UU en 1942, bajo las turbinas del estadio de fútbol de la Universidad de Chicago. En aquel momento este tipo de máquinas únicamente se destinaban a la producción de plutonio, el principal ingrediente de las bombas nucleares.

Poco después se pensó en utilizar el calor que se desprendía durante la reacción nuclear para producir electricidad. Por ejemplo, si se deja pasar agua a través de un reactor en marcha, esta alcanza unas temperaturas muy altas y se evapora, y este vapor puede canalizarse hacia un turbogenerador. Esta idea fue rápidamente llevada a la práctica por la Unión Soviética. Los trabajos para la construcción de una planta nuclear comenzaron en 1948 y el 27 de junio de 1954 la URSS anunció el lanzamiento de la primera central nuclear del mundo en la ciudad de Óbninsk, cerca de Moscú. Tenía una potencia de 5 MW, un volumen más que suficiente para satisfacer las necesidades de la ciudad, y dejó de funcionar el 29 de abril de 2002, después de 48 años sin un solo accidente.

En 1956 en Gran Bretaña comenzó a funcionar la primera central nuclear de uso industrial con una potencia de 46 MW y un año después se estrenó la primera central nuclear del continente americano en EE UU.

Hoy en día en el mundo existen 450 generadores en centrales nucleares de distintas potencias y se están construyendo otros 60. En las centrales nucleares se procesa alrededor del 11 % de la electricidad producida por siete países del mundo.

Solo en Argentina y Brasil se encuentran en marcha cinco reactores nucleares de generación de electricidad y se están construyendo dos más.

La corporación estatal rusa de energía nuclear Rosatom y el Ministerio de Hidrocarburos y Energía de Bolivia firmaron en 2015 un acuerdo sobre la cooperación en el ámbito del uso pacífico de la energía nuclear. La cooperación incluirá el uso de radioisótopos y de tecnologías de radiación en la industria, la preparación profesional y la formación de personal, la ayuda en la creación y el desarrollo de infraestructura para la administración, la regulación del programa energético nuclear de Bolivia y la construcción de un centro tecnológico de ciencia nuclear.

Se han puesto grandes esperanzas en este centro de ciencia nuclear, que se planea construir a una altitud de más de 4.000 metros, en El Alto. Este centro será un punto de partida del programa nuclear nacional de Bolivia y ayudará a desarrollar la ciencia, la medicina y la agricultura. Y si el descubrimiento de la radioactividad fue en cierto modo un hecho casual, el uso por parte de la humanidad de la energía del núcleo del átomo es un proceso deliberado y sistemático.

RBTH