viernes, 23 de septiembre de 2016

LA VIOLENCIA, PRINCIPAL CAUSA DEL DESARRAIGO INFANTIL



Por Alberto G. Palomo

No han cumplido la mayoría de edad y ya saben de primera mano lo que significa no pertenecer a ningún lugar. La búsqueda de una vida mejor les ha expulsado de sus viviendas. Esa travesía lejos de su lugar de origen tiene una causa principal: la violencia. De los cerca de 50 millones de niños de todo el mundo que vive lejos de su hogar, 28 lo han hecho por culpa de los conflictos bélicos y la inseguridad. Así lo expone el informe Desarraigados de Unicef, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, publicado a principios de mes y presentado este lunes en Madrid.

Parecía agua pasada. Parecía que el desarrollo iba a evitar la fuga de poblaciones. La realidad, sin embargo, muestra lo contrario: en los últimos 10 años, de 2005 a 2015, la cantidad de gente que ha tenido que abandonar su casa es el doble. Un 75%, en el último año. "Hay que profundizar sobre su situación y sobre por qué se encuentran así. Por eso hemos convertido la pregunta que nos formulamos de '¿niños antes que extranjeros?' en una afirmación. Porque los niños son ante todo niños, aunque a veces se anteponga el otro sustantivo", ha remarcado Carmelo Angulo, presidente del Comité Español de Unicef, a modo de introducción.

Las cifras siguen: 17 millones de desplazados internos, 10 de refugiados y uno en espera de asilo dentro de este cupo mundial de los expulsados por la violencia. Todos con una necesidad "extrema" de ayuda humanitaria y acceso a servicios básicos. "El 50% provienen de Afganistán y Siria", ha relatado Maite Pacheco, "y un 43% son desplazados internos -los conocidos como Internally Displaced People (IDP)- en Irak, Yemen o Siria".

Según la directora de Sensibilización y Políticas de Infancia del Comité Español de Unicef, en Asia y África se encuentran tres de cada cinco de estos niños, a pesar de la sensación que tenemos en los países occidentales de que la mayoría se congrega en nuestras naciones. Turquía, por ejemplo, alberga el mayor número de refugiados del mundo, incluyendo niños. En Líbano, una de cada cinco personas son refugiados, a diferencia del uno por cada 530 de Reino Unido o del uno por cada 1.200 de Estados Unidos. "Y en Europa faltan datos. Solo Alemania y Serbia tienen la relación por sexos y edad", ha apuntado Pacheco.

"Hay que destacar las migraciones como consecuencia del cambio climático, protagonizadas por gente que tiene que salir de su isla porque se hunde o por sequías que estropean el suelo", ha agregado la responsable. Esos 50 millones de niños que han cruzado fronteras solos o con sus familias para sortear la desgracia y se han encontrado, encima, con el riesgo de ahogarse, con la desnutrición, la deshidratación o el riesgo de ser violados, secuestrados, asesinados o ser víctimas de trata. Por eso es necesario "protegerlos, no detenerlos, mantener unido el núcleo familiar y favorecer su formación y su salud".

Un tercio de la humanidad son niños. Y entre los refugiados, la mitad. Mientras en la sede de Naciones Unidas se congregan por primera vez los jefes de Estado para debatir sobre los desplazamientos de refugiados y migrantes, en la presentación del análisis centrado en los menores de edad se hablaba de la falta de respuesta al problema. Las ayudas al desarrollo han descendido, mencionaban. Los ataques a los campos continúan y la acogida en los países receptores se obstaculiza.

En América, tal y como esgrimió Alejandro Morlachetti, Consultor Internacional de Unicef para América Latina y El Caribe, los focos están en el Cono Sur, con Argentina y Chile como receptores, y el triángulo norte, teniendo en cuenta el carrusel centroamericano. "Ha habido cinco países que cambiaron la legislación hacia los migrantes. En Argentina se suavizó para facilitar la entrada y no tuvo el efecto llamada que vaticinaban algunos. Por otro lado, lo que más se da es el movimiento hacia México, EE UU y Canadá desde cualquier rincón del continente, pero últimamente en mayor medida desde El Salvador, Honduras y Guatemala, con índices altísimos de asesinatos por las 'maras", justificó.


En tan sólo cinco años, “Khadi”, como la llaman sus amigos, ha vivido en cinco lugares diferentes a causa de los conflictos armados o la sequía. Actualmente reside en el campo de refugiados de Daresalam, en la región del Lago Chad. En la foto, Khadija recoge agua junto a su hermana pequeña.

Contexto semejante al de África. Las continuas tensiones en la República Democrática del Congo o la amenaza del grupo terrorista Boko Haram en el norte de Nigeria y los países aledaños han introducido una nueva variante en el ya agitado mapa de movimientos migratorios. "Un niño inmigrante o desplazado no deja de ser niño y no se le puede tratar como a un adulto", intervino el Especialista de Emergencias de África Occidental Pablo de Pascual.

¿Y Europa? Pues en el mismo período de tiempo, de enero de 2015 a agosto de este año, 596.275 niños refugiados y migrantes pidieron asilo. Aunque la cantidad total sea de 5,4 millones, un 7% del resto mundial. "Es la proporción más reducida de niños dentro de la población migrante internacional", advirtieron desde la organización antes de que el asunto se centrara en España. Aquí, subrayaron, solo se han tramitado 25 peticiones de asilo. Y aquellos que intentan dar el salto a nuestro territorio siguen sufriendo las denominadas "devoluciones en caliente", las pruebas óseas de edad o las retenciones en los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE). Sara Collantes, Especialista en Migraciones, lo resolvió así: "La mayoría pretende entrar por Ceuta y Melilla. Y el estado está obligado a facilitar todas las garantías de derecho. Si no se las garantiza no está negando su realidad sino agravándola".


"Nuestra meta está en conquistar la opinión pública. Estamos reverenciándonos entre las organizaciones que se encargan del problema, pero no hemos calado en la opinión pública", señaló Marta Arias, miembro del Equipo de Respuesta a la Crisis de Migrantes y Refugiados en Europa, desde Ginebra. A pesar de la conmoción que provocó la imagen de Aylan Kurdi, el niño kurdo de tres años fallecido en la orilla del Mediterráneo, o la de Omran Dagneesh, atónito en una ambulancia tras la explosión de una bomba en Alepo, el camino hasta la verdadera solución pasa por un compromiso general. No para que los menores se queden en sus casas, sino para que al menos puedan elegir dónde vivir. En paz.

ElPais.Com