viernes, 29 de julio de 2016

ESTUDIO: TENER PADRES HOMOSEXUALES PODRÍA CAUSARTE SOBREPESO Y DEPRESIÓN

Por Susan Yoshihara

La relación que tenemos con nuestros padres biológicos influye en nuestra felicidad mucho después de que abandonamos el nido. Así lo afirma un nuevo estudio que demuestra el modo en el que quienes han sido criados por padres homosexuales padecen considerablemente mucha más depresión, obesidad y otros problemas cuando son jóvenes adultos que sus pares.

En el primer estudio que examina a niños criados por padres homosexuales hasta el comienzo de la edad adulta, el profesor Paul Sullins confirmó algunos hallazgos de investigaciones que a menudo citan los defensores del matrimonio homosexual. Estos indican un incremento en la cercanía a los padres y menos depresión en la niñez. Pero como dichos estudios no acompañaron a esos mismos niños hasta su ingreso en la edad adulta, omitieron el hecho de que problemas como la depresión aparecen más tarde en la vida y a un grado superior que en la población general.

La mayor angustia aparece cuando los niños buscan establecer su independencia. Sullins dice que esto probablemente se debe a problemas para resolver el distanciamiento del padre biológico y que no hay investigaciones que examinen ese tema.

Los padres homosexuales incluidos en la información tienden a ser (desde el punto de vista comparativo) blancos, con un buen nivel cultural, mujeres (de manera desproporcionada), y con menores ingresos que la población general.

La ausencia del padre durante la adolescencia («la forma más común de cercanía parental deficiente», según el informe) se asocia a muchas consecuencias negativas, entre ellas, la depresión. A su vez, la medida de depresión, tendencia suicida y ansiedad en la adolescencia son fuertes predictores de consecuencias para la salud mental al inicio de la edad adulta.

Los adultos criados por padres homosexuales tienen casi el doble de propensión a la obesidad (72 % comparado al 37 % del grupo de comparación). Esta alta prevalencia se relaciona con estudios previos que muestran un mayor índice de obesidad en las lesbianas a comparación de la cohorte femenina, dice Sullins.

El estudio descubrió que «la tendencia bien documentada hacia mayores niveles de violencia íntima en las uniones homosexuales de hecho estuvo presente también en la crianza de niños.» Entre el 85 y el 90 % denuncia abusos años más tarde. Sullins dice que esto no se puso en conocimiento porque la mayoría de los estudios se basan en los datos suministrados por los padres.

Sullins utilizó información del Estudio Nacional Longitudinal de Salud Adolescente a Adulta (National Longitudinal Study of Adolescent to Adult Health), que entrevistó a más de veinte mil adolescentes estadounidenses que tenían 15 años en 1995, y luego nuevamente a los 22 ya los 28 años de edad. Redujo los datos a 8762 casos para asegurarse de que no estaba analizando situaciones como las de niños criados por padres LGBT que también estaban viviendo con el padre biológico del menor.

¿Por qué tantos estudios dicen que «no hay diferencia» entre los padres biológicos, otros padres heterosexuales y aquellos que son homosexuales? Sullins afirma que el retraso en el inicio de problemas como la depresión ayuda a explicar esto, junto con la politización de la investigación en ciencias sociales.

Mark Regnerus sostuvo que es probable que Sullins haya publicado sus hallazgos en una revista médica «antes que soportar la naturaleza cada vez más politizada de la revisión por pares en las ciencias sociales». El propio estudio de Regnerus sobre crianza por homosexuales fue atacado por los defensores del matrimonio homosexual días antes de la sentencia de la Corte Suprema en el caso Obergefell, el año pasado, que revocó las leyes de matrimonio entre un hombre y una mujer en los Estados Unidos.

«Como la sentencia de Obergefell “resolvió” la cuestión jurídica sobre el matrimonio homosexual», sostuvo Regnerus, «las refriegas serán menores a comparación del deporte sangriento que se vio pocos años atrás. La verdad empírica ya no es tan amenazante para los deseos de algunos adultos. La vulnerabilidad de los niños, por otro lado, no ha menguado».

Traducido por Luciana María Palazzo de Castellano

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