sábado, 15 de septiembre de 2012

En busca de la verdad (Sobre una película famosa)





La historia de Lew Wallace, nos muestra cuán fácil es equivocarse al basar nuestras creencias en opiniones y comentarios ajenos, en lugar de hacerlo sobre hechos y evidencias.


Por el Pbro. José Martínez Colín



Lewis Wallace fue un general y escritor estadounidense que nació en el año 1827. Era un hombre honrado y sincero, aunque incrédulo e indiferente en materia religiosa influido por un amigo ateo. Su amigo se llamaba R. G. Ingersoll, quien se burlaba y negaba públicamente la existencia de Jesús. Este hombre le propuso a Lewis que escribiera un libro en donde mostrara al mundo pruebas de que Jesús jamás había existido, para que la gente creyente viera con claridad su error.

Wallace aceptó la propuesta y se dedicó con esmero a una investigación concienzuda sobre Jesús de Nazaret. Empezó a buscar material para escribir el libro. Consultó antiguos manuscritos y acudió a fuentes originales del período histórico en el que Jesús había vivido. Escudriñó cada sitio por donde se decía que había pasado Jesús. Estaba decidido a llevar al papel, con pruebas irrefutables, todo lo que Ingersoll declaraba públicamente. Dos años estuvo dedicado a ello. Pero, después de leer e informarse, le fue imposible continuar en su actitud de incredulidad.

Al conocer a fondo la vida de Jesús se dio cuenta de que nadie, sino el verdadero Hijo de Dios, podía haber hecho lo que él hizo y haber sido como él fue. Tal perfección, tal excelencia, tal sabiduría, tal doctrina, tal bondad, no podían haber venido de un hombre común.

Tenía tantas evidencias que era imposible negarlo: Concluyó que en verdad Jesús era quien dijo ser, el Hijo de Dios y Salvador de la humanidad.

Fue entonces que el arrepentimiento inundó su corazón y cayó de rodillas, pidiendo perdón. Aquel a quien había estado dispuesto a destruir y a exhibir como un fraude, ¡había dado su vida por él!

Jesús no era un personaje de leyenda,  era una realidad y una respuesta a las necesidades de su propia vida. Wallace no escribió el libro que pensaba publicar, pero en su lugar escribió otro y declaró: "Como resultado de mis investigaciones y años de estudio, yo me convencí de que Jesucristo no sólo es el Salvador del mundo, sino que también es mi Salvador personal”. Como testimonio escribió la famosa novela titulada: “Ben-Hur”.

En los años sesenta este libro famoso fue llevado al cine y ha sido de las películas más ganadoras de la Academia con 11 premios Oscar. Es difícil que alguien no la haya visto, sin embargo pocos saben cómo se originó esta novela.

Wallace había encontrado a Jesús y llevó al protagonista de su novela a vivir un encuentro similar. Judah Ben Hur, es un príncipe judío, quien después de pasar varios años encerrado injustamente en una galera, regresa a Jerusalén dispuesto a vengarse.

Pero, algo había ocurrido en su corazón cuando estaba en calidad de reo, un hombre lo había auxiliado: se encontró con Jesús. La muerte de Cristo lo llevan al perdón y al cristianismo.

La historia de Lew Wallace, nos muestra cuán fácil es equivocarse al basar nuestras creencias en opiniones y comentarios ajenos, en lugar de hacerlo sobre hechos y evidencias.

El año de la fe, próximo a comenzar, ha de favorecer tener un encuentro con Jesús que logre nuestra conversión. Un encuentro a través del Pan y de la Palabra, es decir, de la Eucaristía y de la Sagrada Escritura.

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