lunes, 14 de mayo de 2012

El valor de las personas ¿Sabemos cuidar nuestra flor?


Su padre, que era un hombre sabio, le dio un regalo: era una flor muy rara y bellísima, de la cual sólo había un ejemplar en todo el mundo y, por ello, muy cara. Le dijo: "Hija, esta flor te va a ayudar mucho, tan sólo tendrás que cuidarla: regarla y podarla de vez en cuando; ella te dará a cambio ese perfume maravilloso y esas maravillosas flores".

Por el Pbro. José Martínez Colín

1) Para saber

El Papa Benedicto XVI, hablando de las vocaciones, recordó que la vida de cada persona es una historia de amor. Recordó que los jóvenes que se consagran al sacerdocio “no son diferentes de los demás jóvenes, sino que han sido tocados profundamente por la belleza del amor de Dios, y no han podido evitar de responder con toda su vida”. En la Iglesia se descubre que la vida de cada hombre es una historia de amor única.

2) Para pensar

Hace días recibí un correo en donde me describían una historia aleccionadora.
Se trataba sobre una joven muy rica que tenía de todo: un buen marido, unos hijos obedientes, un empleo bien retribuido, amigas sinceras, una familia unida. Pero ella no conseguía armonizar sus diferentes actividades: su vida familiar, social, laboral y religiosa. De tal manera que descuidaba a su familia o su vida de piedad. A veces el trabajo le consumía mucho tiempo, y entonces su familia salía perdiendo: dejaba de lado a su marido o a sus hijos... Y así, terminaba por descuidar a las personas que amaba.
Su padre, que era un hombre sabio, dándose cuenta le dio un regalo: era una flor muy rara y bellísima, de la cual sólo había un ejemplar en todo el mundo y, por ello, muy cara. Le dijo: "Hija, esta flor te va a ayudar mucho, tan sólo tendrás que cuidarla: regarla y podarla de vez en cuando; ella te dará a cambio ese perfume maravilloso y esas maravillosas flores". La joven quedó muy emocionada, pues la flor era de una belleza sin igual.
Pasó el tiempo y los problemas surgieron, el trabajo consumía todo su tiempo; y no le permitía cuidar de la flor. Cuando llegaba a casa, miraba la flor y las flores todavía estaban allí, no mostraban señal de flaqueza o muerte, seguían lindas y perfumadas. Ella pasaba de largo.
Hasta que un día, al llegar a casa se llevó un gran susto, la flor estaba completamente muerta, su raíz estaba reseca y sus flores caídas. La joven lloró mucho. Llamó a su padre y le contó lo sucedido. Su padre entonces respondió: "Yo ya me imaginaba que eso ocurriría. Lo siento mucho, era una flor única y ya no te puedo dar otra. No existe otra flor igual a esa, ella era única,... al igual que tus hijos, tu marido y tu familia. Tienes muchas bendiciones del Señor, pero tú tienes que aprender a cuidarlas: regarlas, podarlas y darles atención, pues al igual que la flor, los sentimientos pueden morir. Te acostumbraste a ver la flor siempre allí, siempre florida, siempre perfumada, y te olvidaste de cuidarla. No pase así con tu familia”.

3) Para vivir

Benedicto XVI pidió que las familias “sean el primer ambiente en el que se ‘respira’ el amor de Dios, que da también fuerza interior entre las dificultades y las pruebas de la vida. Quien vive en familia la experiencia del amor de Dios, recibe un don incalculable que dará fruto a su tiempo”.

El Santo Padre subrayó el valor que adquiere cada persona, pues “cada uno de nosotros es fruto del amor. Ciertamente, del amor de los padres, pero, más profundamente, del amor de Dios". Por ello hemos de cuidar a cada miembro de la familia como una “flor única”.

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