sábado, 12 de mayo de 2012

De la muerte con dignidad


Del cese de la vida física de la Persona Humana
Consideraciones sobre la materia con sustento en los principios de la Ley Natural

Por Juan Carlos Grisolia

La llamada “muerte digna”

La llamada “muerte digna” es una proposición incorrectamente formulada, por cuanto el predicado, (“digno”) no corresponde conceptualmente al sujeto, (“muerte”). Y, esto así, en tanto la muerte no es sino un hecho que no resiste la calificación de valioso ni disvalioso.-

La muerte, por tanto, es un acontecimiento de la naturaleza. Así, el DRAE la define como: “Cesación o término de la vida”.-

Lo digno se corresponde con la vida, particularmente la del hombre, y por ello ésta refiere a la del cuerpo  que, en unión conveniente con el espíritu, conforman la persona humana.-

De este modo, la definición de Boeccio nos brinda una profundidad conceptual que permite la aprehensión de la esencia en toda su dimensión. Dice el gran traductor, autor del libro titulado  “De la Consolación de la Filosofía”: “Persona es la sustancia individual de la naturaleza racional”.-

La vida del espíritu participa de la eternidad de su Creador, y no cabe referir a esta realidad inmaterial la acción de morir. En tanto que aquella del cuerpo, solo cesará hasta la resurrección prometida por Jesús, nuestro Redentor. La que Él asegurara con el propio retorno a la vida, luego de su cruenta muerte en la Cruz.-

Lo digno es, entonces, aquello que el DRAE define como “Que merece algo en sentido favorable o adverso”, y “Correspondiente, proporcionado al mérito y condición de una persona o cosa”. El Dr. Sacheri escribe que: “Digno es lo que tiene valor en sí mismo y por sí mismo”.-

El valor de la Persona no puede surgir de su consideración como ser únicamente dotado de cuerpo, pues la materialidad de éste, en modo alguno define su naturaleza plena. “…El reconocimiento de su condición espiritual y consecuentemente de su destino trascendente, es lo que hace surgir su dignidad…... De modo entonces que, la dignidad de la Persona Humana radica en lo que difiere de los otros seres, y no en lo que la identifica con aquellos. Es decir en su condición espiritual…...”. (1)

En la concepción agnóstica materialista, el hombre es el conjunto de sus relaciones sociales. Es este agrupamiento el que lo origina y justifica. Conglomerado que no puede explicar su existencia pues las “cosas”, que es la condición a la queda reducida la Persona, no tienen vida –y algunas solo vegetativa (la de los animales irracionales que únicamente poseen alma vital)- y al carecer de la vida volitiva e intelectiva, que es propia del hombre, es imposible cualquier acto que conduzca a la formación de una sociedad. El hombre constituye la sociedad y no a la inversa y el factor cohesionante de quienes la integran, es el amor, que implica una entrega perfectiva hacia el prójimo, lo que hace necesaria la capacidad para  conocer.-

La sociedad política o mayor, entonces, persigue el logro del bien común, que implica la mutua perfección del hombre por la comunidad y de la comunidad por el hombre. En este último caso juega primariamente, el cumplimiento del imperativo deontológico que define la justicia legal, con cuyo cumplimiento, por parte de cada una de las personas humanas, se conforma el conjunto de bienes que hará posible la justicia distributiva.-

La vida del hombre es creación de Dios, y por tanto no pertenece a él mismo ni a la sociedad la facultad de disponer de ella, prescindiendo del orden natural en el que ha sido creada y de su último fin temporal y sobrenatural. Este último proclamado por la libertad del hombre, que dice de la existencia del espíritu y con éste de lo inmaterial, llamado a participar de la visión sin tiempo del Ser Necesario.-

“La Persona Humana es la destinataria final de los beneficios del orden social. La sociedad no es sujeto de la historia, ella existe por los hombres y para la persona”. (2)

 En la medida en que se sostenga una concepción materialista, la que no resiste en absoluto el menor juicio científico, el hombre cree ser titular de todo derecho sobre su cuerpo. Ello implica un acto de soberbia que pretende desconocer la existencia de su Creador y el Orden en el que el mismo lo ha insertado. Orden éste que, en tanto armónica disposición de lo que lo compone, asegura su unidad y por tanto su vida.-

En cuanto el hombre se aferra solo a la materia y se encuentra con la realidad de la muerte, comprueba, desde este presupuesto, que su existencia deviene absurda. Y ello así, en tanto ésta no reconoce los fines trascendentes que son consecuencia de la inmanencia llamada a recibir progresivas perfecciones en el curso de su vida en el tiempo y hacer posible, mediante la plena comprensión intelectual, la vida fuera de aquel límite.-

Es por ello que se rebela contra su existencia física, a la que no le encuentra sentido cuando ha perdido la vitalidad o plenitud del cuerpo, que lo aleja o le impide el mero goce de la materia.  Propone, entonces, el medio más rápido para facilitar la muerte.  De todos modos, solo se trata de desechar una cosa.-

Es la forma de librarse de la angustia que le provoca la existencia de un fin que percibe  a poco que realice un examen de su existencia en el marco de la realidad plural, pero que se empeña en no ver.-

Existe entonces, aún cuando en forma encubierta, pues la legislación, en tanto relativista, se manifiesta en términos hipócritas, una verdadera orientación hacia el suicidio.-

Por lo demás, esto es coherente con quien entiende a la sociedad como aquello que debe ser servido por el hombre y a la que debe tributar. Juegan acá, consideraciones de tipo utilitaristas  y crematísticas, propias de este tiempo, y el hedonismo instalado por una sociedad que propone el placer como un fin que, a cada paso, se burla de quien dice vivirlo, y se traduce en el vacío existencial.-

Esto implica aceptar que quien ha perdido las energías que debe brindar a la comunidad, se convierte en una carga para ella y por lo tanto debe ser eliminado. Se trata de una versión moderna del principio espartano que justificaba eliminar a los niños que nacían con discapacidades, porque éstas le imposibilitaban intervenir en las guerras que se libraran en  defensa de la sociedad. Asimismo, en la Roma Imperial, “la exaltación de la fuerza de la juventud y del vigor físico (que hacían concebir una verdadera repugnancia por la vejez y la enfermedad)……”. (3)

Elio Sgreccia señala además que: “En la actualidad se viene esbozando otra acepción de eutanasia llamada ‘social’, la cual se presenta no como opción de un individuo en particular, sino de la sociedad, como consecuencia del hecho de que las economías en materia de gastos sanitarios no podrían soportar ya la carga financiera que supone asistir a enfermos con padecimientos muy prolongados en cuanto al pronóstico, y muy costoso en cuanto a los gastos. De esta manera, los recursos económicos se reservarían para aquellos enfermos capaces de reanudar, una vez curados, la vida productiva y laboral. Es esta una de las amenazas de una economía que quisiera obedecer solo al criterio de costes-beneficio”. (4)

Estos son los postulados que aportan las ideologías que proclaman el progresismo como el medio de asumir los reclamos de una modernidad que, al relativizarlo todo, niega al hombre al no querer asumir que el mismo, en tanto imagen y semejanza del Ser Necesario, es el destinatario de todo el orden creado.-

Expone Elio Sgreccia: “La eutanasia –al igual que el suicidio- son signos de una reivindicación del hombre de disponer plenamente de sí, de su propia vida y de su propia muerte. La secularización se ve reforzada también en la era industrial por la búsqueda del utilitarismo productivista y, consiguientemente, por la ética del hedonismo, para la cual la muerte y el dolor son elementos de máxima perturbación. Para este tipo de cultura, el dolor y el sufrimiento comporta sobre todo una carga desvalorizadora y suscitan su rechazo……La eutanasia, como huída del dolor y de la agonía, se efectúa primero en el espíritu y, luego en la sociedad y en el derecho”. (5)

Se impone salvar al hombre, para lo cual debe afirmarse y defenderse la Persona Humana, la que se nos arrebata, en este proceso progresivo que lo somete a una sutil esclavitud, aunque, no por tal carácter – que deviene meramente formal y por ello instrumental - real y perversa.-

La Persona Humana es portadora de derechos que le son exclusivos y que, por tanto son inalienables. Sin embargo, la acción deletérea de las ideologías predominantes, ha permitido la sanción de leyes que niegan el carácter de tales regulaciones y dejan expuesto al hombre -Persona Humana- al tratamiento que se daría a una cosa. Y, así, desmembrarla, usar sus partes o, sencillamente, arrojarla al recipiente destinado a los desechos.-

Por tanto, es correcto tratar el tema del fin –aunque no definitivo- de la vida del cuerpo, designándolo como “muerte con dignidad”, lo que permite asignar el valor que ella implica, al sujeto que puede recibirla, que es el hombre, Persona Humana. Siempre sobre la base de este concepto, puede mencionarse también, “muerte atendiendo y conservando la dignidad de la Persona Humana”.-

Es por lo expresado que solo enunciar la necesidad de un “consentimiento informado”, dado ya por la propia persona o por sus parientes, implica afirmar un camino que por su imprecisión resulta apto para permitir que pueda transitar el mismo ya la eutanasia directa ya el suicidio asistido.-

El médico no puede hacer más que lo que el paciente o sus representantes legales le autoricen, pero, por su parte, el paciente, ni quienes se expresen por el mismo, pueden conceder derechos de los que no disponen. Por ello es que sostener que el hombre es dueño de su propio cuerpo, es  falso. El se debe a su prójimo, con una intensidad en el amor –que, como ya he sostenido, es entrega perfectiva- que varía conforme la condición y calidad del vínculo. Él recibe del prójimo y esto genera un deber para con éste. Y así como él no se da su propia existencia, tampoco puede darle término conforme su voluntad.-

En tanto por eutanasia se entiende “……una acción o una omisión que por su naturaleza, o en la intención, causa la muerte, con el fin de eliminar cualquier dolor” (Declaración sobre la eutanasia del 5 de Mayo de 1980 de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe); corresponde distinguir esta acción de aquella  “……intervención de la medicina dirigida a aliviar los dolores de la enfermedad y de la agonía, a veces incluso con el riesgo de anticipar la muerte”. Por ello corresponde oponer a la eutanasia, que es sencillamente un homicidio, aquellas acciones destinadas a la atención del enfermo con el objeto de obrar en él, “el cuidado del dolor”.-

Es importante también tener presente para determinar el uso de analgésicos, y en la medida en que éstos puedan acelerar la muerte, el carácter terminal o irreversible de una enfermedad, respecto del cual pocos o nadie pueden pronunciarse con certeza. Esto nos lleva, necesariamente al estudio de la llamada “causa de doble efecto”.-

Dice el Dr. Herbert Hendin: (su obra “Seducidos por la Muerte. Médicos, Pacientes y Suicidio Asistido”). “La aplastante mayoría de los enfermos terminales no quieren acelerar su muerte. Casi nunca se plantearían tal cosa si su sufrimiento fuese tratado adecuadamente”. El Dr. Hendin es consejero delegado y director médico de Suicide Prevention International y Catedrático de Psiquiatría en el New York Medical College.-

Constituye eutanasia y por tanto homicidio, el privar al enfermo de hidratación y nutrición. Los seres humanos necesitamos ser alimentados por terceros, no solamente en el caso de que nos encontremos enfermos e imposibilitados de hacerlos por nosotros mismos, sino cuando pequeños (recién nacidos, etc.), requerimos de la alimentación que nos brinden otros. Recordar que una de las formas de eutanasia neonatal es, precisamente, abandonar al recién nacido dejándolo sin alimentar, para que muera.-

Tales prácticas, hoy admitidas por varias legislaciones, recuerdan lo afirmado por el Dr. Friedrich Mennecke, Director Médico del Hospital Psiquiátrico de Eichberg a partir de 1938, que alegaba: “Quien no puede alimentarse solo tampoco necesita vivir”. (6)

Dice Elio Sgreccia: “Deben entenderse por cuidados normales la alimentación e hidratación (artificiales o no), la aspiración de las secreciones bronquiales y la detersión de las úlceras de decúbito. En este sentido se ha expresado, por ejemplo, en la citada Carta de los Agentes Sanitarios: ‘La alimentación e hidratación, aún artificialmente administrada, son parte de los tratamientos normales que siempre se le han de proporcionar al enfermo cuando no resultan gravosos para él: Su indebida suspensión significa una verdadera y propia eutanasia’”. (7)

Al respecto debe ser recordado el caso de la joven italiana llamada Eluana Englaro (1971-2009) que estuvo 17 años en coma, y se la mató cuando su padre decidió que se la dejara de alimentar. Es elemental concluir que “… La provisión de nutrientes y líquidos no es simple ni estrictamente ‘tratamiento médico’, pues supone el cuidado mínimo que debe ser suministrado al enfermo, sea la que sea su situación. Todos necesitamos comida y bebida para vivir, pero la nutrición no cura la enfermedad. Suprimir su administración no es simplemente permitir que el paciente muera. Lo que se hace no es cesar un tratamiento sino negar lo que es esencial para sostener la vida de todo ser humano, sano o enfermo. La muerte no se producirá por la enfermedad, sino por la omisión de proveer nutrición adecuada e hidratación”. (8)

Es importante destacar que en la atención de la Persona Humana enferma, con el cuidado que su dignidad impone, se hace necesario respetar la decisión de ella de permanecer en el sufrimiento, como forma de dar cumplimiento a deberes religiosos y morales para consigo mismo, que los entienda necesarios para adquirir los méritos exigidos para gozar de la Visión Beatífica.-

En lo atinente al tema vinculado con el llamado ensañamiento terapéutico, se ha sostenido que el mismo se encontraría configurado solo en dos casos: a) Cuando se utilizan los medios técnicos en quien está prácticamente muerto –por tanto, después de la muerte clínica- y b) cuando se interviene con las terapias médicas o quirúrgicas (excepto las ordinarias) en sentido desproporcionado respecto de los efectos previsibles. (9)

En la atención de una Persona Humana enferma, respetando su dignidad, debe contemplarse también lo que el Padre Tadeussz Pacholczyc, Sacerdote y Doctor en Neurociencia de la Universidad de Yale aconseja: “Normalmente, una buena muerte reúne varios elementos: Morir rodeado de las personas a las que queremos, preferiblemente en casa o en una residencia; aliviar el dolor con los tratamientos adecuados (y evitar el ensañamiento); hacer las pases con familiares y amigos; hacer las pases con Dios (y recibir los últimos Sacramentos); y unirse a Cristo en sus horas de sufrimiento en la cruz”, y agrega con respecto a la compañía y el contacto humano del enfermo: “Este esfuerzo por hacernos presentes ante quienes se están muriendo alimenta nuestra solidaridad con ellos, reafirma su dignidad, es una muestra de benevolencia, y fortalece la comunicación. De esta manera, los ayudamos a superar el miedo a sentirse solos y abandonados”. (10)

Se lee en la obra citada de Elio Sgreccia: “El fundamento de la ética es el respeto de la verdad del hombre, el respeto de la persona tal como ella es: Otro fundamento verdadero no se le puede dar a la ética; la ética guía al hombre desde el ‘ser’ al ‘deber ser’. Los demás criterios están constituidos por la utilidad de alguien en detrimento de otro, por el poder de unos sobre otros; por la eficacia de este poder, cada vez más amplio para algunos, cada vez mas opresor para otros.- Respetar la verdad de la persona en el momento de la vida naciente quiere decir respetar a Dios que crea y a la persona humana tal como Él la crea. Y respetar al hombre en su fase final, quiere decir respetar el encuentro del hombre con Dios, su vuelta al Creador, excluyendo cualquier poder por parte del hombre, tanto el de anticipar esta muerte (eutanasia), como el poder de impedir este encuentro con una forma de tiranía biológica (ensañamiento terapéutico). Desde este punto de vista es como se traza el confín entre ‘eutanasia’ y ‘muerte con dignidad’”. (11)

Estrategia para imponer la eutanasia

Los Profesores Dres. Miguel A. Martínez González y Jokin de Irala, en su obra “Recetario para una campaña pro-eutanasia”, escriben:

“Hace mucho tiempo que se describieron cuales deben ser los pasos –cuidadosamente cronometrados- que hay que dar para lograr una estrategia de marketing social que consiga que muchos ingenuos  se traguen la aceptabilidad de la eutanasia. Estos pasos sucesivos para engañar a candorosos son: 1.- Búsquese un caso lacrimógeno. 2.- Désele toda la publicidad posible a ese caso .3.- Cuando todos conozcan el caso lacrimógeno, hágase una transgresión abierta de la ley. 4.- Désele toda la publicidad posible a esa transgresión. 5.- Búsquese a un enemigo para demonizarlo y ridiculizarlo de modo caricaturesco y cruel. 6.- Difúndase que la eutanasia es una realidad social y que el legislador debe regularla. 7.- Defiéndase una ley que tenga –solo en su letra- un carácter altamente restrictivo. 8.- Una vez conseguida la aprobación de la ley, basta con ir interpretándola cada vez más laxamente para llegar a un uso generalizado de la eutanasia”. Algunos datos estadísticos que brindan estos profesores: En Holanda, en donde son pioneros en prácticas eutanásicas, el 40% de todas las muertes que se producen en ese país están precedidas de actuación médica para acelerarlas. Unas mil eutanasias al año se realizan sin que el paciente las haya pedido nunca…. Nada tiene de extraño que: “Muchos ancianos de los Países Bajos temerosos de que este tipo de actuaciones les afecten, están viajando a otros países para vivir allí sus últimos días. En la ciudad alemanda de Bolcholt, fronteriza con Holanda, ha llamado la atención la creciente llegada de adultos mayores holandeses. Una inmigración poco usual que ha obligado a las autoridades germanas a construir un asilo especial para albergarlos, dado el considerable aumento de la demanda en los últimos tres años. Los que les hace exiliarse voluntariamente a esas alturas de sus vidas en un país donde se habla otro idioma es el temor a la eutanasia”. (12)

Del llamado Testamento Vital

El principio rector que debe regir la redacción de estos instrumentos es aquel, al que ya he referido, que establece que nadie puede disponer de derechos que no tiene. Tales, por ejemplo, la renuncia a la conservación de la integridad física o de la propia vida.-

Este tipo de instrumentos suelen ser designados, asimismo, como Testamento de Vida, Testamento Biológico, Instrucciones Anticipadas, Voluntades Previa de Tratamiento, etc..-

Se los ha definido como la declaración de una persona que, dotada de plena capacidad, expresa su voluntad acerca de los tratamientos a que desearía o no desearía ser sometida en caso de que en el transcurso de una enfermedad o a causa de traumas imprevistos, dejara de ser capaz de expresar su propio asentimiento o inconformidad informada.-

El Comité Nacional de Bioética Italiano, ha señalado: “El CNB considera esencial……reafirmar que el derecho que se quiere reconocer al paciente a orientar los tratamientos a que podría ser sometido, si fuera incapaz de entender y querer, no es un derecho a la eutanasia ni un derecho subjetivo a morir,……sino exclusivamente el derecho a solicitar a los médicos la suspensión o no activación de prácticas terapéuticas”. (13)

En la medida en que estas manifestaciones de voluntad anticipadas respecto de tratamientos no pueden introducir la eutanasia, se ha planteado, con razón, “…….por qué este objetivo ha de realizarse según elección, por solicitud explícita, y no pueda plantearse como norma de comportamiento médico”. (14) Lo que permite sostener que ningún tipo de declaración de voluntad puede desconocer los principios de la ética general referidos al fin de la vida del cuerpo.-

La Conferencia Episcopal Española tiene un modelo de “testamento vital”, cuyo texto consigna: “Pido que por si mi enfermedad llegara a estar en situación crítica irrecuperable, no se me mantenga en vida por medio de tratamientos desproporcionados o extraordinarios; que no se me aplique la eutanasia activa, ni que se me prolongue abusiva e irracionalmente mi proceso de muerte; que se me administren los tratamientos adecuados para paliar los sufrimientos. Pido igualmente ayuda para asumir cristiana y humanamente mi propia muerte. Deseo poder prepararme para este acontecimiento final de mi existencia, en paz, con la compañía de mis seres queridos y el consuelo de mi fe cristiana”. (15)

Este testamento o mandato refiere a liberar al paciente de lo que se conoce como el “encarnizamiento terapéutico”, respecto del cual supra se han practicado consideraciones.-

Conclusión

El tratamiento del tema que se ha desarrollado supra, sin que ello implique en modo alguno agotar la riqueza conceptual que surge del mismo, exige una especial formación que excediendo lo técnico específico de la ciencia particular, permita conocer a la Persona Humana, y con esta aprehensión intelectual, comprender su grandeza, y en ella, contenidas las razones de su respeto, el que implica considerar la valoración que merece. Decía Pío XI, en la Encíclica Divini Redemptoris: “El hombre tiene un alma espiritual e inmortal; es una persona adornada admirablemente por el Creador con dones de cuerpo y de espíritu, un verdadero ‘microcosmos’, como decían los antiguos, es decir, un pequeño mundo, que excede en valor con mucho a todo el inmenso mundo inanimado……”.-

Lamentablemente hoy se legisla sin conocer la finalidad de aquello que se regula, esto es la preservación de la dignidad de la Persona Humana. O, sencillamente, con expresa adhesión al perverso proceso destinado a la reducción del hombre a la condición de cosa o de simple sujeto, para hacer posible la Conjura contra la Vida, a la que tenemos que enfrentar cumplimentando así un deber que nos impone nuestra dignidad.-

En la ciudad de Rosario, a los nueve días del mes de Mayo de 2012.-

Notas:

(1)Juan Carlos Grisolía. “La Persona Humana”. Ediciones Mater Dei. Págs. 146/147.-

(2) Juan Carlos Grisolía. Ob. cit. pág. 149.-

(3) Elio Sgreccia. Manual de Bioética. Tomo I. BAC. Madrid. Pág. 850.

(4) Elio Sgreccia. Ob. cit. Pág. 853.-

(5) Elio Sgreccia. Ob. cit. Pág. 857.-

(6) Citado por Alice Platen – Hallermund en “Exterminio de enfermos mentales en la Alemania nazi”, 2007, Ediciones Nueva Visión. Buenos Aires. Pág. 99.-

(7)  Elio Sgreccia. Ob. cit. pág. 874.-

(8) Confr. Guillermo Buhigas- “Eugenesia y Eutanasia”. Pag. 27. Editorial Sekotia. Madrid.

(9) Elio Sgreccia. Ob. cit. pág. 877.-

(10) Conf. Semanario “Cristo Hoy”. 22 al 28 de Julio de 2010.-

(11) Elio Sgreccia. Ob. cit. pág. 869.-

(12) Cit. por  Guillermo Buhigas. Ob. cit. Pag. 33/34.-

 (13) Elio Sgreccia. Ob. cit. pág. 884.

(14) A. Pessina. “La Sofferenza e il Dolore: Accanimento Terapéutico ed Eutanasia. Citado por Elio Sgreccia en ob. cit. pág. 884.

(15) Citado por Guillermo Buhigas. Ob. cit. pág. 22.-

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