jueves, 24 de mayo de 2012

Abuso infantil: Señales de alarma para padres


Si bien en la Argentina no existen estadísticas oficiales sobre esta temática, sí se sabe que en los últimos años se triplicaron las denuncias. Cambios de conducta que denotan un niño abusado.

Aunque en los últimos años las denuncias acerca de diferentes formas de abuso infantil aumentaron radicalmente en todo el mundo, no hace mucho tiempo que se comenzaron a tomar medidas jurídicas para proteger a las víctimas, considerándolo una entidad médica y aceptándolo como un grave problema social.

Según la American Academy of Pediatrics anualmente, el 1% de los niños sufrirá abuso sexual.

En nuestro país no hay estadísticas muy serias en relación a esta temática pero se sabe que en los últimos 8 años se triplicaron las   denuncias a pesar que se estima que se da a conocer sólo 1 de cada 10 casos.

¿Qué es el abuso sexual?

Se considera abuso u acoso sexual en niños a toda actividad que sea llevada a cabo por un adulto o por otro pequeño que tenga connotaciones sexuales. El abuso sexual ocurre sin el consentimiento en condiciones de desigualdad entre el abusador y la víctima, como consecuencia de algún tipo de coerción, por eso conlleva un acto de poder sobre un niño para el placer del adulto.

Estas actitudes tienen diferentes manifestaciones, dentro de las cuales podemos mencionar:

- Manoseo corporal.
- Toqueteos de genitales.
- Obligar a la víctima a que toque el sexo del abusador.
- Sexo oral.
- Frotación de genitales contra el niño.
- Penetración anal o vaginal.
- Exhibición del sexo a los niños.
- Darles revistas o filmes porno.
- Hacer materiales pornográficos u obscenos con niños.

Generalmente los niños no hablan del tema porque, o bien no saben expresar con palabras lo que sucedió, excede sus posibilidades de elaborarlo o fue persuadido o amenazado para que no hable.
También la vergüenza o culpa juegan un rol importante a la hora de esconder lo ocurrido, así como el temor a que no les crean o los castiguen.
Por otra parte, es importante tener presente que quienes abusan de los niños no siempre son personas extrañas, en nuestro país se estima que en el 90% de los casos se trata de personas cercanas a la familia: familiares, vecinos, amigos de los adultos a quienes los niños conocen y en quienes confían.
Esta situación dificulta mucho más aún la decisión de los pequeños de denunciar lo sucedido.

Señales de alarma para padres

Lo primero que los papás podrán advertir es cualquier cambio repentino en su conducta habitual. Otras manifestaciones a tener en cuenta:

- Angustia sin aparente motivo.
- Aislamiento.
- Mudez.
- Evitación exagerada al contacto.
- Pesadillas.
- Cansancio o apatía permanente.
- Cambio significativo en la conducta escolar.
- Conductas agresivas persistentes.
- Conducta sexual explícita.
- Conocimientos dichos o dibujados no apropiados a su edad.
- Regresiones conductuales.
- Los niños no miran a la cara a la gente o hablan mal de casi todo el mundo.

Es importante saber que la ausencia de signos o evidencias físicas no es sinónimo de ausencia de abuso.

Qué hacer ante el abuso sexual infantil

Cuando una persona sospecha que un niño/a está siendo abusado/a debe actuar con prudencia y responsabilidad, con discreción y sentido común. Lo más importante es creerle. No hacerles sentir sentimientos de culpa. No cuestionarlos. No insistir en que brinde mayores detalles. Acudir a algún ente o profesional que pueda escuchar el relato con el objetivo de proteger y ayudar a la víctima.
Realizar la denuncia correspondiente. No convertirse en cómplices del abusador con el silencio.
Asimismo, para evitar que esto suceda es sugerible la educación sexual tanto en la familia como en las instituciones que oriente a los niños hacia el respeto y el cuidado del propio cuerpo. Ello incluye: no hacer nada que no quiere, no dejarse hacer nada que no quiera o considere malo.
La comunicación con los adultos es fundamental tanto para recibir la educación sexual que brinde garantías de bienestar y salud como para acudir a ellos ante dudas, temores o en búsqueda del apoyo ante situaciones vividas.
Buscar ayuda profesional para elaborar lo sucedido e intentar las menores consecuencias emocionales posibles.

Por: licenciada Marisa Russomando, psicóloga (MN 23189), directora de Espacio La Cigüeña.


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