viernes, 20 de abril de 2012

¿Que nos está pasando…?


Lo lamentable en este tipo de casos, es que en medio de tanto dolor, siempre quedan al desamparo afectivo y material quienes menos culpa tienen, como son los hijos de este tipo de parejas traumáticas.

Por Ricardo Bustos – desde Chaco

En medio de la disputa político judicial por el caso Boudou, la privatización de YPF, la yerba mate que se fue por las nubes y algunos otros temas de actualidad que de alguna manera enfrentan a los Argentinos con sus opiniones encontradas, dos terribles sucesos conmovieron a “la otra opinión pública”, esa que vive el día a día con alegrías y tristezas pero que participa mas con su cuota de sentimientos y afectos en la vida cotidiana.


En menos de una semana dos señoras, Madres ellas, acusadas en su momento de haber quitado la vida a sus hijos por diferentes motivos, se suicidaron, argumentando en los escritos que dejaron,  su arrepentimiento y dolor por semejante acto cometido.


Nadie podrá juzgar a estas dos señoras o a otros tantos padres que han participado de delitos similares, pues no somos la justicia y mucho menos un brazo de Dios, para levantarlo en contra suyo, pero si es cierto que algo no anda bien en nuestra sociedad y cada día son más los casos de este tipo que inundan las páginas de todos los diarios o nos conmueven por la Radio y la televisión.


Ahora nos enteramos que en la zona de Bahía Blanca una mujer a quien su marido la golpeó de tal manera que estuvo en coma en terapia intensiva durante dos meses, una vez recuperada, acudió a la justicia para solicitar al Juez que lo perdone… si… al mismo que la tuvo al borde de la muerte.

Los que saben, hablan de actos irracionales producidos por mentes enfermas, pero entonces como denominarían a las personas que fueron brutalmente agredidas y piden la absolución de los mismos agresores, resultando en más de una oportunidad como consecuencia de tal decisión que terminan asesinadas a manos de los mismos que ya una vez lo intentaron.

Lo lamentable en este tipo de casos, es que en medio de tanto dolor, siempre quedan al desamparo afectivo y material quienes menos culpa tienen, como son los hijos de este tipo de parejas traumáticas que, a juzgar por sus comportamientos, quizá nunca estuvieron emotivamente capacitados para haber iniciado esa relación y mucho menos traer herederos al mundo. Insisto en que no tenemos derechos sobre los actos de los demás, pero inmersos como estamos en esta vorágine mundana, nos afecta a todos por igual ya que somos seres humanos que hemos llegado a este mundo por el mismo lugar y formamos parte de un sistema al que paradójicamente pocos protegen y por el  que muchos se rasgan las vestiduras cuando acontece algo de estas características.

El Estado somos nosotros y delegamos con el voto las acciones en los gobernantes, pero está claro que, de seguir por este camino sin la intervención enérgica de quienes tienen la responsabilidad del seguimiento psicológico de aquellos que se encuentran en una situación de riesgo hacia su persona y los suyos, irán creciendo los asesinatos o suicidios y solo quedarán en la estadística como una más en la larga lista de víctimas y victimarios.

La vida es como un jarrón chino, es hermoso, pero si no la cuidas bien se rompe en miles de pedazos.

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