sábado, 28 de abril de 2012

Domingo del Buen Pastor


No podemos quedarnos tranquilos porque pedimos más sacerdotes, sino preguntarnos si creamos esas condiciones, si valoramos para nuestros hijos y en nuestras comunidades el llamado al sacerdocio como un don de Dios, como camino de plenitud para ellos y de servicio a sus hermanos.

Por Mons. José María Arancedo

En este 4° domingo de Pascua la Iglesia nos invita a celebrar la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. Es el domingo en el que leemos el evangelio de Jesucristo, el Buen Pastor. La raíz de la vocación consagrada y sacerdotal se manifiesta como un vínculo entre Dios y los hombres, en el que la iniciativa la tiene Dios. El Santo Padre ha puesto como lema de la Jornada de este año: Las vocaciones don de la caridad de Dios, para expresar que la fuente de la vocación sacerdotal es un llamado personal del amor de Dios.

La finalidad de este llamado es hacer presente y continuar en la Iglesia la obra de Jesucristo, el Buen Pastor, al servicio de su pueblo. Nos recuerda una frase del santo Cura de Ars en la que les decía sus fieles: “el sacerdote no es sacerdote para sí mismo, sino para ustedes”. Este es el marco en el que debemos contemplar la vocación y la misión del sacerdote. No estamos hablando de una profesión que elegimos, sino de la respuesta a un llamado y una misión que recibimos.

Dado que la fuente de este llamado está en Dios, la oración es nuestra primera y más importante tarea. Sabemos que Dios nunca va a dejar huérfano a su pueblo, por eso le pedimos e insistimos en la oración, pero sabemos, también, que al ser un llamado tiene que encontrar el suelo o el oído preparado para escucharlo. Hay una preparación, una disposición a la escucha, que nos corresponde a todos, diría que es una responsabilidad de toda la Iglesia, no sólo de los sacerdotes sino de las familias y comunidades cristianas que deben crear las circunstancias que permitan descubrir el significado y el valor de la vocación.

No podemos quedarnos tranquilos porque pedimos más sacerdotes, sino preguntarnos si creamos esas condiciones, si valoramos para nuestros hijos y en nuestras comunidades el llamado al sacerdocio como un don de Dios, como camino de plenitud para ellos y de servicio a sus hermanos. El contenido de esta vocación siempre va a ser Jesucristo, el Buen Pastor. Es importante, por ello, detenernos a leer pausadamente este pasaje del cap.10 del evangelio de san Juan.

En este sentido y conscientes de esta necesidad, la Iglesia en la Argentina nos propone el tema de la pastoral vocacional como un ámbito prioritario. Si bien se reclama de los jóvenes un corazón abierto a esta llamada que el Señor hoy les está haciendo, insiste que este tema debe estar presente en toda la vida de la Iglesia.

Así lo plantea y nos dice: “las familias, las escuelas, las comunidades juveniles, las parroquias y movimientos han de ser ámbitos propicios para que los jóvenes puedan descubrir y responder al llamado del Señor…. para que reconociendo la mirada tierna y comprometedora de Jesús estén dispuestos a consagrarles totalmente sus vidas” (Orientaciones Pastorales de la CEA, 2012). Nuestros jóvenes necesitan ver en nuestra palabra y testimonio el valor oblativo de la vida y la apertura generosa al amor de Dios.

Reciban de su Obispo en este día del Buen Pastor la seguridad de mi afecto y oraciones, junto a mi bendición.

Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz

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