viernes, 10 de diciembre de 2010

Homilía del Cardenal Bergoglio contra la trata de personas

Cuando Jesús quiere explicar cuál es el Mandamiento más grande, nos dice: "Amar a Dios sobre todas las cosas, con toda tu vida, todo tu corazón, toda tu existencia y al prójimo como a vos mismo". Van juntos, van muy juntos. Entonces, uno de los que lo escuchaba y que era el que le había preguntado le dice: "¿Y quién es mi prójimo?"

Y Jesús cuenta ésta parábola: este hombre que en el camino lo asaltan, lo apalean, "lo dejan medio muerto" dice el Evangelio, y tirado al borde del camino...Y después esa historia tan lamentable al principio y tan feliz al final: pasa un sacerdote y no le da bolilla; pasa un abogado que parece que era porteño porque se dijo "no te metás" y siguió de largo; y finalmente pasa un hombre considerado muy pecador que se para, lo cura y lo atiende. Muchas veces Muchas veces yo les dije que en esta Ciudad pasan cosas muy raras. Hay gente a la que se la saca, se la descarta pero no sólo porque no se le da cabida sino porque se la explota de tal manera que se le quita la libertad: son esclavos.

¡En esta ciudad hay muchos esclavos! Esto lo dije el año pasado y el anteaño y lo vuelvo a decir éste. Y hay esclavos que los fabrican estos señores que tienen en sus manos el manejo de la trata de los talleres clandestinos, el manejo de la trata de las chicas en situación de prostitución, el manejo de la trata de los cartoneros... ¡Son verdaderas mafias! Que agarran a los sencillos, a los que no conocen la Ciudad, a los menores y los meten en esta picadora de carne...para muchos nuestra Ciudad es una picadora de carne que los hace bolsa porque destroza sus vidas y les quiebra su voluntad. Anteanoche una pobre chica sacada de un prostíbulo en el que se la obligaba a someterse, fue internada en terapia intensiva en uno de nuestros hospitales porque para quebrarle la voluntad la emborracharon y le dieron psicofármacos y entró en estado de coma...¨. ¡Eso pasa en esta -nuestra- Ciudad! ¡Esto hacen estas grandes mafias de señores muy elegantes! ¡Que quizá comen en restaurantes de Puerto Madero, pero su dinero está manchado con la sangre, con la carne del hermano! Son los esclavizadores!

Y cuando leemos las historias de civilizaciones antiguas que en cultos paganos se hacían sacrificios humanos, se mataba a la gente y a los chicos, nos horrorizamos...

En esta Ciudad se hacen sacrificios humanos, se mata la dignidad de estos hombres y mujeres, de estos chicos y chicas sometidos a la trata, a la esclavitud. No podemos quedarnos tranquilos. Esta Ciudad está llena de hombres y mujeres, de chicos y chicas apaleados al borde del camino, apaleados por esta organización u organizaciones que los van corrompiendo, quitando la voluntad, destrozando incluso con la droga, y después los dejan tirados al borde del camino.

Por eso digo que esta Ciudad es una fábrica de esclavos y picadora de carne; por eso digo que en esta Ciudad se ofrecen sacrificios humanos en honor del bienestar de pocos que nunca dan la cara y que siempre salvan el pellejo...quizá por esa receta tan porteña y tan nuestra que se llama la "coima."

A fin del año pasado califiqué a la Ciudad como "coimera" porque si no existiera ésta no se podrían encubrir estas mafias que sacrifican vidas humanas y que someten a la esclavitud, quitándoles la voluntad a sus hombres, sacrificando a sus hijos...
Hoy vinimos acá a pedir a Dios compasión de sus hijos y a pedir por nosotros para que no nos hagamos los distraídos. Somos campeones en mirar para otro lado y dar un rodeo cuando no nos conviene. ¡No te metás! No nos hagamos los distraídos y señalemos dónde están los focos de sometimiento, de esclavitud, de corrupción, donde están las picadoras de carne, los altares donde se ofrecen esos sacrificios humanos y se les quiebra la voluntad a las personas.

No demos rodeos como dice el Evangelios que dieron el abogado y el sacerdote. ¡No! Somos pecadores: ¡Yo el primero! Acerquémonos a tanto dolor y cada uno de nosotros haga lo que pueda pero por favor no nos lavemos las manos porque si no somos cómplices de esta esclavitud.

Vamos a pedirle al Señor por nuestra Ciudad para que llore por estos pecados de sometimiento, por esta Ciudad para que cambie su corazón de piedra por uno de carne, para que esta Ciudad tenga conciencia de estos esclavos que está generando y trabaje para liberarlos.

Que tu anhelo sea el de Jesús. (extraído de La liturgia cotidiana, Octubre 2010, Ciclo C Nº 134-Año XII, pàgs. 93 y 94 -los subrayados son del presente mail-

Misa en Constitución, lunes 12 de julio de 2010.

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1 comentario:

Anónimo dijo...

Gracias por lo bueno