miércoles, 15 de diciembre de 2010

Cuando la vida es un juguete

Hay asignaturas tan importantes, que las deberíamos llamar de otra manera. Por ejemplo, la ética. No quiero decir con esto que no se las deba estudiar. Afirmo solamente que, más que una materia, es un modo de vivir.


Por Oswaldo Pulgar Pérez

Escribe un estudiante: "No tenía idea de que la ética tiene que ver, y mucho, con el ser humano. ¿Quién soy? Es una pregunta de altísima gerencia. No vislumbraba un enfoque tan apasionante".

La ética no está al mismo nivel que las matemáticas. No es lo mismo aprender a ser honrado que aprender a calcular. La vida moderna con su innegable desarrollo, nos ha permitido entrar en el seno mismo del misterio. La tecnología actual nos permite manipular los genes, que son el abecedario de la vida. La expresión biológica de lo que somos.

Pero ese dominio es una bomba de tiempo. Porque los hombres podemos usar bien o mal ese poder. Decía Maxwell: "Una de las pruebas más difíciles para la mente científica es conocer los límites que tiene el método científico".

Otto Hann, autor de la fisión del átomo, escribió: "Acabo de advertir que mi vida en su conjunto no tiene sentido. He investigado por puro deseo de revelar la verdad de las cosas y el saber teórico acaba de convertirse en poder aniquilador".

Con la vida no se puede jugar. Las personas no son juguetes para entretener al científico, como sí lo es un juguete para el niño. Quiere conocerlo bien, lo desarma, lo vuelve a armar y lo vuelve a desarmar. Y muchas veces, por esa curiosidad, lo destroza.

Estaba un mecánico arreglando un motor y llega a su taller un médico con su automóvil. El mecánico, para hacerle amable la espera, le dice: -Mire, doctor. ¡Qué injusta es la vida! Su trabajo es como el mío: le saca las piezas a sus pacientes como yo se las saco a los automóviles y las arreglo para luego colocarlas de nuevo en su sitio. Sin embargo, Usted gana muchísimo más dinero que yo. ¿Cómo le parece? El médico le respondió: -Es verdad, pero lo que ocurre es que usted puede apagar el motor para intervenirlo; y yo lo tengo que arreglar en marcha. ¡No me puedo dar el lujo de apagarlo!

Hay científicos que ponen "las piezas del dominó a su favor". Un ejemplo es cómo se ha cambiado en el tiempo la terminología de las leyes que protegen la vida. El principio de que "la vida debe respetarse desde el momento de la concepción", se ha cambiado por: "la vida debe respetarse desde el mismo instante en que comienza". Con lo que se deja al arbitrio de cada uno señalar cuál es el momento exacto.

A esto se refiere Maxwell cuando dice que el método científico tiene un límite. No todo lo técnicamente posible, es éticamente admisible. Otra de esas manipulaciones de la terminología es el invento de la palabra pre-embrión. ¿Por qué no se llama pre-semilla al pequeño origen del árbol aún no desarrollado? Porque no existe tal pre-estado.

Cuando averiguamos los móviles de la terminología inventada, llegamos a la conclusión de que, al introducirla, abrimos la puerta al aborto, ya que se considera que el embrión "todavía no es persona".

Los verdaderos pre-embriones son el espermatozoide y el óvulo. Cuando se juntan, dan origen a un nuevo ser, distinto de los anteriores. El niño recién concebido solo necesita tiempo para desarrollarse, pues todo lo que va a ser está "comprimido" en él. Igual que el árbol está "comprimido" en la semilla. Por eso podemos afirmar sin temor a equivocarnos, que el aborto es un crimen, aunque el cadáver sea muy pequeño.

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