viernes, 5 de junio de 2009

La falsa magia y la xenofobia en la liturgia cristiana


Estas reflexiones tienen su origen en una carta que llegó al Obispado al cual pertenezco, de parte de un colega que se hizo eco de un laico que se sintió a disgusto en una de mis misas.

Por el P. Leonardo Belderrain

La carta -que está transcripta- es muy rica y da pie para replantear la ética entre colegas sacerdotes y laicos. También permite pensar el tema de cómo recuperar el valor del misterio en culturas descristianizadas e introduce asimismo la discusión acerca de la inclusión o no de los lefebristas al interior de la iglesia, en razón de los abusos litúrgicos de los sacerdotes posconciliares o por su recelos con el pueblo judío.

Dice el denunciante:

Estimados del obispado de Quilmes:

Soy el párroco de Chubut y acudo a ustedes para notificar un posible caso de grave abuso litúrgico en la diócesis de Quilmes que me fue señalado por un médico de Dolavon que estuvo en Parque Pereyra el domingo del Buen Pastor.

Este médico volvió muy molesto y casi escandalizado por cómo se celebró la Misa en la capilla de ese parque.

Además de eliminar las otras lecturas para leer exclusivamente el Evangelio, el sacerdote consagró un gran pan común y, a la hora de la Comunión, lo partió en pedazos y los puso en un plato que luego hizo "correr" por los bancos para que cada uno sacara, inclusive dando instrucciones muy "dudosas" sobre quienes podían comulgar. Le pedí al médico que tratara de recordar esas instrucciones para enviárselas.

Destaco que ni ese médico ni quien escribe tenemos reminiscencias preconciliares, pero consideramos que un mínimo de respeto hacia la Misa y la Eucaristía es necesario tenerlo para que los fieles puedan "pescar" algo del misterio que en ellas se realiza.

Estoy escribiéndome con lefebvrianos que están en la zona de El Bolsón, para ver cómo sacarlos de su empecinamiento, pero siempre me contestan con posturas irrespetuosas como la de Parque Pereyra para justificar su postura. Me cansé de decirles que son abusos, que no es la norma litúrgica de la Iglesia, pero me vienen con siempre más ejemplos de abusos que vienen "tolerados" y nunca reprendidos.

Les pido que para el bien de la Iglesia vean lo que pasa y, de ser necesario, intervengan para que estas cosas no se repitan.

Sé que no es fácil intervenir en estas cosas, sobre todo en tiempos de falta de clero, que "aconsejan" tolerar y tener paciencia para que los sacerdotes no abandonen la diócesis, pero algo se puede mejorar...

Agradezco desde ya la atención que quieran brindar al presente mensaje.

Que el Señor los ilumina para que puedan obrar según su Espíritu.

P. S


Estimado Padre y hermanos del obispado de Chubut:

Tomo la carta de P.S como una corrección fraterna porque me imagino que este hermano sacerdote no encontró mi dirección y prefirió mandarla al obispado de Quilmes, sabiendo que allí somos todos hermanos y en virtud de ello, me iban a entregar su carta inmediatamente, como presumo hubiera sido su intención.

Como usted sabrá, padre, la ética evangélica es tan exigente como las normas litúrgicas y exige que si tenemos algo en contra de un hermano, lo veamos primeramente sólo, luego con dos o tres testigos, y recién entonces llevemos el problema a la comunidad entera.

Como su intención seguramente no ha sido "delatar" y "agredir", sino "corregir" y "ayudar" para que mis liturgias sean más vivas y más perfectas, es que le escribo en esta oportunidad.

Su amigo, el doctor seguramente participó de una misa del “Buen Pastor” para niños donde ellos mismos, con la ayuda de sus padres y catequistas, hacen los panes (que habitualmente elaboran las monjas capuchinas) con el objeto de que aprendan que su trabajo tiene valor y es tomado muy en serio por Dios

De esta manera intento sacralizar el trabajo de ellos en subculturas posmodernas que no pocas veces los ven como objeto de placer y víctimas de abusos. El pan se lo hace en un horno salamandra de la familia Pereyra Iraola. Siempre entendí que la sacralidad del pan compartido no se ve amenazada por el hecho de compartir un pan real. Divinizarnos con y por la Eucaristía en mi perspectiva implica tomar en serio el niño y lo que amasa con sus manos (sentido apolinio).

Disculpe la pretensión. Intento salvar a Dios de aproximaciones litúrgicas que no subrayan lo humano y en cambio divinizan al sacerdote. En ese último sentido, en una parroquia aledaña de otra diócesis, algunos hermanos sacerdotes (Milicristi) le dicen a los niños que ellos, los curas, no tienen padres carnales y que el padre de los sacerdotes es Dios. No es esa mi postura.

Mi evangelización va destinada a chicos muy ricos a veces pobres de los countries de la zona sur que consumen el pan de los canastos de los hipermercados y por familias de bolivianos muy pobres a veces ricos que no siempre tienen la harina para hacerlo. Ojalá en algún momento pudiera nuestra gente también fabricar el vino y tener más fiestas (sentido dionisiaco). La perspectiva pastoral de la capilla es artesanal y ecológica y en esa perspectiva nos manejamos frente a la deshumanización de la cultura postmoderna. Creemos que a través de la elaboración del pan contribuimos a que los niños no se vean tan absorbidos por la sociedad de consumo y sientan que su trabajo cotidiano tiene magia, si incluso lo viven desde el escenario de un bosque-templo que les permite ver la comunión real entre ricos y pobres. Así la capilla se vuelve auténticamente mágica y la Eucaristía se hace comprensiblemente principio y fin de toda la vida cristiana.

Tal vez usted no comparta esta postura y su preocupación actual sea que los lefebristas se sientan de nuevo incluidos en una iglesia coherente con su tradición. Es mi deseo que tenga éxito en su cometido, aunque algunos pastores dicen que los problemas de esas comunidades no son los litúrgicos sino que niegan el Holocausto y no sientan hoy en sus mesas a los judíos. Menos mal que usted no es preconciliar y lo aclara; seguramente sabrá ayudarlos a que no sean xenófobos y a que se informen fehacientemente de los hechos antes de tomar partido.

Por mi parte, es un gusto haberlo conocido; como dice usted, hay pocos sacerdotes, no está mal ser tolerantes pero hay que considerar, creo, que los problemas de comunión en las Iglesias cristianas los generan no tanto los intolerantes sino los que dicen que ven y no ven, y quieren hacer de la Iglesia una secta cuasi racial.

Lamento, eso sí, que su amigo el doctor no se haya acercado a mí después de la Misa con su comentario o aún en medio de ella. Una de las prácticas de tolerancia y respeto de nuestra comunidad es precisamente invitar a quienes visitan el parque y la capilla a que cuenten lo que aprendieron en el día de paseo. Quienes compartimos esos encuentros, siempre escuchamos con respeto los relatos y no pocas veces advertimos experiencia mística.

Quizá si usted hubiese estado en el lugar de su amigo, podríamos haber tenido un intercambio de ideas muy enriquecedor entre nosotros. Quién sabe, todavía sea posible si alguna vez usted está de paso por Buenos Aires.

Mi pertenencia a la Diócesis de Quilmes me enorgullece en razón de su tolerancia cero a los chusmeríos y el respeto a quienes como yo, por su inserción en sectores no comunes (desde countries hasta cárceles, pasando por barrios muy humildes) realizan estrategias pastorales poco convencionales.

Gracias por haber intentado la corrección fraterna, aunque por una vía poco ortodoxa. Feliz Pentecostés y que el Espíritu Santo descienda sobre nosotros para que podamos limpiar la liturgia de un falso sentido mágico poco cristiano, donde lo único sagrado que quedan son los clérigos.

Ojala que sus misas y las mías no estén peleadas con el misterio por ser deshumanizadas y envueltas de odio por nuestros hermanos judíos. Se acercarán así seguramente nuestros hermanos lefebristas que ya no quieran proyectar la discriminación que sufrieron y que hoy pueden sin quererlo prolongarlo con otros cuando se hace de espía.

Pbro. Dr. Leonardo Belderrain
Capilla Santa Elena, Parque Pereyra Iraola, Diócesis de Quilmes

Escríbanos a ed.dia7@gmail.com

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1 comentario:

Juan Carlos D. dijo...

Me parece vergonzoso la "defensa" que se realiza en la carta publicada. La liturgia no le pertenece al Sacerdote y no puede celebrarla a su antojo. Ampararse en la "corrección evangélica" es un dislate propio de quien se niega a reconocer que obra erróneamente. Los fieles tienen el derecho de que se les predique el Evangelio y se celebre la Liturgia tal y como lo manda la Iglesia. Recordemos de paso que el Obispo del lugar no es dueño y señor de la liturgia y debe obrar en comunión con el Santo Padre. Dejémonos de joder, muchachos...!!!!